jueves, 30 de agosto de 2012

HERMANN GOERING 2 (color): "Hitler hablaba mucho sobre ello... Esa gente, los aislacionistas, no evitarían que los Estados Unidos entraran en la guerra. Justo antes habíamos encontrado en Polonia el diario del Conde Potofsky, que indicaba claramente que Roosevelt se estaba preparando para la guerra. La guerra ya existía de hecho, era sólo cosa de tiempo de que fuera una cuestión formal."

 

 

GÖRING HABLA DE LA II GUERRA MUNDIAL (PARTE 1)


Hermann Wilhelm Goering fue un héroe de guerra condecorado con la Cruz Pour le Merite durante la I Guerra Mundial, y una figura de alto respeto en el Tercer Reich. El 8 de mayo de 1945, vistiendo su uniforme de mariscal de la Luftwaffe, el sr. Göring se rindió a los norteamericanos, siendo  encerrado en el Campo de Prisioneros 32, conocido por los reclusos como "El Cubo de Basura". Fue allí cuando, el 25 de Julio de 1945, fue entrevistado por el mayor Kenneth W. Hechler, de la División de Historia Europea del Ejército USA, haciendo las tareas de traductor el capitán Herbert R. Sensenig:
 
Hechler: ¿Cuál era la estimación por parte de Alemania del potencial de guerra americano? ¿Esperaba Alemania haber terminado sus campañas en Europa antes de que los Estados Unidos fueran lo suficientemente fuertes como para intervenir en la guerra?
Goering: Ya que parecía que el problema debería decidirse mediante la guerra le dije a Hitler: "considero imprescindible impedir que América nos declare la guerra". Yo estaba seguro de que el potencial económico y técnico de los Estados Unidos era inusualmente grande, particularmente en sus fuerzas aéreas. Aunque por aquel entonces los avances tecnológicos en ese sentido no habían podido implementarse tanto como se había esperado, y la producción de aviones era importante pero no demasiado alta. Siempre le dije a Hitler que sería comparativamente modificar las fábricas para apoyar la industria de la guerra, particularmente la potente industria del automóvil. Pero Hitler era de la opinión de que América no intervendría debido a su amarga experiencia durante la I Guerra Mundial.
Hechler: ¿Qué experiencia? ¿La pérdida de vidas?
Goering: Hitler creía que los Estados Unidos ayudaron a todo el mundo, pero no recibieron nada a cambio, por lo tanto, era de suponer que las cosas no habían salido como los Estados Unidos habían planeado. Los 14 Puntos de Wilson no habían sido tenidos en cuenta. Hitler también pensaba que era muy difícil enviar un ejército a Europa y mantenerlo aprovisionado.

Hechler: ¿Qué opinión tenía usted sobre nuestro potencial?
Goering: Aunque, personalmente, mi opinión era que los Estados Unidos podían poner en marcha una fuerza aérea más rápido que un ejército, constantemente solía avisar sobre estas posibilidades de los Estados Unidos, debido a sus avances tecnológicos y recursos económicos.

Hechler: Si creía que los Estados Unidos podían volverse tan poderosos, ¿cómo encajaba eso con sus planes para continuar la guerra?
Goering: El factor decisivo en 1938 era la teoría de que le llevaría varios años a los Estados Unidos el estar preparados para la guerra. Su capacidad de transporte marítimo por aquel entonces no era demasiado grande. Yo quería que Hitler terminara la guerra en Europa tan rápido como fuera posible, y que evitara enfrentarse a Rusia. Sin embargo había opiniones divididas respecto de qué tan rápido podía prepararse América para una guerra a gran escala.

Hechler: ¿Cuáles eran esas opiniones? ¿Qué pensaban los demás?
Goering: Desconozco los puntos de vista de otras personas influyentes. No puedo decir que otros aconsejaran algo diferente.
Hechler: ¿Cual era la opinión del OKW y del OKH?
Goering: No sé la opinión del OKW o el OKH. Yo solía decirle a Hitler que todo dependía de que no permitiéramos a los Estados Unidos volver de nuevo a suelo europeo. Durante la Campaña de Polonia dije que debíamos evitar esa posibilidad. En 1941 el asunto se convirtió en una realidad, y la opinión general fue que era mejor soportar incidentes desgraciados con los Estados Unidos y esforzarse por mantenerlos fuera del conflicto, que permitir un deterioro en las relaciones mutuas. Ése era nuestro esfuerzo constante.
Hechler: ¿Exactamente qué fue lo que le convenció a usted de que Roosevelt se estaba preparando para la guerra?
Goering: ¡Un gran número de detalles! Todo se había publicado en un Libro Blanco (una valoración de inteligencia). No sé si se publicó el texto entero o eran sólo extractos, pero produjo una profunda impresión.
Hechler: ¿Esperaba Alemania terminar su campaña en Europa victoriosamente antes de que nosotros hubiéramos podido incrementar lo suficiente nuestro potencial como para poder intervenir?

Goering: Hitler creyó que podría resolver la situación hasta un punto de que fuese una gran dificultad para los Estados Unidos el considerar la invasión o la intervención.

Hechler: En Diciembre de 1941 ¿Cuál era la estimación de Alemania sobre nuestra capacidad de construcción naval? ¿Habríamos podido influir en la campaña en Europa?

Goering: Nuestra opinión era que su capacidad era de una gran magnitud. Roosevelt habló de "puentes de barcos" sobre el Atlántico y de un "constante tráfico de aviones". Le creíamos totalmente y estábamos convencidos de que era cierto y esta opinión también se basaba en observadores en los Estados Unidos. Estábamos seguros de su potencial. Por otra parte, la tasa de producción de sus astilleros, por ejemplo, del programa de Henry Kaiser, nos sorprendió y preocupó. Minimizamos en exceso los aparentes éxitos de los que se alardeaban. Los llamábamos “ataúdes flotantes”, Kaisersarge, que podían hundirse con un solo torpedo. Aunque tomábamos en serio sus cifras de producción, creíamos por otro lado que estaban exageradas. Sin embargo los Estados Unidos disponían de toda la materia prima necesaria, excepto del caucho, técnicos expertos, por lo que nuestros ingenieros podían estimar su producción de forma muy cercana a la real. En un principio no podíamos creer la velocidad a la que su Marina Mercante estaba creciendo. Las cifras de 8 a 10 días para tener listo un barco nos parecían fantasías. Incluso cuando nos dimos cuenta de que se referían al ensamblaje de piezas pre-fabricadas, seguimos pensando que 10 días era algo impensable. Nuestros astilleros tenían experiencia y el trabajo era meticuloso, pero muy lento, preocupantemente lento en comparación. Nos costaba 9 meses construir un buque del tipo "Danube".
Hechler: ¿Por qué declaró Alemania la guerra a los Estados Unidos?
Goering: Me quedé asombrado cuando sucedió eso. Habríamos preferido soportar incidentes aislados. Estaba claro que si Roosevelt era reelegido, los Estados Unidos irían inevitablemente a la guerra contra nosotros. Esta opinión era fuertemente defendida principalmente por Hitler. Después de Pearl Harbor, aunque nuestro tratado con Japón no nos obligaba a ir en su ayuda ya que habían sido ellos los agresores, Hitler dijo que nos encontrábamos de hecho en guerra, con barcos que habían sido hundidos y atacados, y que debíamos aliviar a Japón. Por este motivo se dio un paso del que siempre nos arrepentiríamos. Era innecesario para nosotros aceptar la responsabilidad del primer ataque. Por ese mismo motivo habíamos sido el blanco de toda la propaganda cuando en 1914 atacamos cuando sabíamos que en 48 horas Rusia nos atacaría. Creo que Hitler estaba convencido de que, como consecuencia del ataque de Japón, los Estados Unidos desplazarían todo su potencial al Extremo Oriente, y no constituiría un peligro para Alemania. Aunque nunca lo dijo con palabras, fue quizás frustrante para él que la fuerza principal de los Estados Unidos se volviera contra Europa.
Hechler: ¿Qué opinaba Hitler en 1939-41, cuando la campaña antibelicista en los Estados Unidos era tan fuerte?
Goering: Hitler hablaba mucho sobre ello. Esa gente, los aislacionistas, pensaba, tenían una gran influencia, pero sus impresiones venían de la prensa de América y algunos observadores, que calificaban a Roosevelt de militarista. Después de las elecciones de 1940 nos dimos cuenta de que los aislacionistas no evitarían que los Estados Unidos entraran en la guerra.
Hechler: Pero el rival de Roosevelt, Wendell Willkie, no era un aislacionista.
Goering: Cuando leímos los discursos de Willkie antes de las elecciones estaba claro que si hubiera sido elegido, el curso de los acontecimientos habría sido el mismo. Después de las elecciones fue cuando atribuimos poca importancia a los aislacionistas en los Estados Unidos. Hitler decía que no eran lo suficientemente fuertes. Roosevelt declaró antes de las elecciones que las tropas americanas no abandonarían el país, y sólo serían usadas para repeler una posible invasión. Estábamos seguros de que era más para atraerse a la gente de sentimiento antibelicista que para dar a entender un decisivo cambio de actitud. Cuando Sumner Welles visitó Europa en 1940, creíamos que los Estados Unidos querían todavía permanecer fuera de la guerra y que la visita de Welles podría ser un intento de preservar la paz. Justo antes habíamos encontrado en Polonia el diario del Conde Potofsky, que indicaba claramente que Roosevelt se estaba preparando para la guerra. El viaje de Welles podría haber sido un posible signo de que los Estados Unidos se inclinaban por una resolución pacífica de los problemas.
Hechler: A pesar de una correcta estimación de nuestro potencial, ¿de qué manera pensaban salir victoriosos de una guerra contra nosotros?
Goering: Habíamos estimado muy bien la capacidad de su Fuerza Aérea. Los mejores motores se producían en los Estados Unidos. Solíamos estudiarlos y trabajar en ellos, y comprábamos todos los que podíamos, de todo tipo. Desde el final de la última guerra, Alemania había perdido terreno en el aire, mientras que la aviación comercial en su país se encontraba muy por delante de nosotros. Pero al principio no habíamos valorado lo suficiente la posibilidad de bombardeos diurnos, nuestros cazas no podían arreglárselas con eso. Cuando fuéramos capaces de defendernos se produciría una leve pausa, y entonces ustedes enviarían cazas de escolta. La Fortaleza Volante, por ejemplo, era mucho mejor de lo que podíamos haber anticipado. Nuestra estimación fue incorrecta. 
Hechler: Con más motivo… Sigo sin entender por qué querían ir a la guerra contra nosotros.

Goering: La guerra ya existía de hecho, era sólo cosa de tiempo de que fuera una cuestión formal. Nuestra declaración de guerra fue realizada tan sólo en términos de propaganda. Habríamos sido capaces de las mayores concesiones con tal de evitarla, ya que un conflicto como ese sería para nosotros una carga imposible de mantener. Pero estábamos convencidos de que no había forma de evitar la guerra. Incluso aunque ustedes hubieran transportado montañas de material a Inglaterra no habríamos declarado la guerra, ya que Inglaterra por si sola era incapaz de poner en marcha una invasión de Europa, no sin la participación activa de los Estados Unidos.

Hechler: Sobre nuestra propaganda de un segundo frente en 1943. ¿Esperaba realmente el Alto Mando Alemán que invadiríamos Europa en 1942-43?
Goering: En términos generales nadie lo creía. Por el contrario, esperábamos que antes los rusos estarían descontentos con ustedes y firmarían una paz de compromiso con Alemania. Los rusos se quejaban continuamente de que el segundo frente no había sido abierto según lo esperado. Conocíamos con precisión qué cantidad de fuerzas se hallaban en Inglaterra; sabíamos de todas y cada una de las unidades americanas allí y podíamos estimar con exactitud sus fuerzas, y sabíamos que no eran suficientes para una invasión.
 
 
Continúa...
 
 
 
 
Gilberto Villahermosa; de la revista "World War II".
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

3 comentarios:

  1. Armando di Blasio –

    Ha publicado gran cantidad de maravillosos artículos, que al principio no tuve idea de cual de todos comentar, y bueno decidí este, pues es uno que da espacio y flexibilidad en su información. Hare mención de un diario cuya autora es de nacionalidad alemana durante la guerra: “Ninguna culpa tenemos los pobres alemanes de no contar con un país tan rico como los Estados Unidos. Tampoco tenemos la clase de carácter que se necesita para explotar de tan ruin manera a pueblos pequeños y desamparados. Aquí los norteamericanos no han avanzado ni un paso a pesar de sus incesantes bombardeos. Solo podemos sacudir una y otra vez la cabeza, mientras decimos: "Evidentemente, no hay mejor soldado que el alemán". La cobardía de los norteamericanos es sencillamente indescriptible.” Extracto del “Diario una muchacha nazi”.

    Hitler subestimo demasiado al Tío Sam, dándole mucha credibilidad a los desorganizados y debilitados aislacionistas, no tomando en cuenta que el camino ya había sido previamente pavimentado por el judío Edward Bernay’s y sus ideas que constaban de envenenar la opinión publica usando el subconsciente, un verdadero terrorismo psicológico. El concepto que se tiene sobre el libre albedrio se simplifica en el “Yo” que es el colosal emblema de la “democracia”, un ser supuestamente “libre” que sin embargo a escala de masas es totalmente controlable.

    Estados Unidos tiene un historial de opresión y despotismo inigualable en su corta etapa de existencia. Se entromete en asuntos que no le incumben en lo mas absoluto, típica característica de aquel pueblo. Aunque en la entrevista no se hizo mención del asunto italiano, Goring le reprocha: -No tienes ni idea ", le decía al General de EE.UU. Carl F. Spaatz el 10 de mayo de 1945, "Lo que es un mal momento que tuvimos en Italia. Si hubieran sido sólo nuestros enemigos en lugar de nuestros aliados, podríamos haber ganado la guerra.” A pesar de que la entrada de los norteamericanos fuese un inminente peligro para los alemanes, más doloroso fue tener a Italia como aliada.

    Finalizo con estos párrafos que me parecieron buenos para compartir con ustedes sobre la valiente historia de María Bierganz (Es una joven de diecisiete años, ardiente nacionalsocialista que vive en Monschau, Alemania. Su diario, dado la publicidad por el contraespionaje norteamericano, se compone de una serie de cartas escritas a su novio que servía en las SS.)
    Creo que ya no habrá en la vida pena que me conmueva después de haber visto entrar aquí a los norteamericanos. Si pudiese saber siquiera dónde estás, Pedro, creo que me sentiría mejor. Ayer supe que nuestra amada Colonia ha vuelto a ser víctima de los cobardes y despiadados ataques aéreos. Sí, mi querido Pedro poco a poco me voy dando cuenta de que esta guerra por nuestro sagrado derecho a la vida no es una contienda leal del valor contra el valor, sino una dispareja y abominable guerra de materiales.

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  2. Pedro, la vileza de mis queridas vecinas de pueblo y antiguas compañeras raya en lo indecible. Uno de los fieles oyó ayer, por casualidad, que dos muchachas de la directiva de un club, que viven ahora en Monschau estuvieron bailando con norteamericanos. Es una bajeza que no tiene nombre. Hoy fue un día espantoso. Las ametralladoras tableteaban por todas partes. Parecía una lluvia de chispas acompañada por los agudos silbidos de las halas. Todavía no hemos salido de lo peor Pedro. Por nuestros bosques vagan dispersas las tropas de defensa. Escuadrillas de bombarderos norteamericanos cruzan constantemente; y ahora vuelan muy bajo. Esta noche hemos comentado en el club el discurso del doctor Goebbels.
    Nunca le perdonare haber dicho que los habitantes del territorio ocupado por el enemigo hemos dejado de ser alemanes y que, al permanecer aquí nos hemos entregado a los norteamericanos. En el club todos estábamos furiosos. ¿A donde podíamos ir? ¿Acaso al Rin, exponiéndonos al terrorífico bombardeo enemigo? Pedro, ahora me doy perfecta cuenta de la gran dicha que supone poderse llamar alemán. Ser alemán equivale a luchar, Nuestro club ha quedado reducido a tres personas: dos compañeros y yo. Acabo de saber que los norteamericanos presentaron a los defensores de Aquisgrán un ultimátum: si a las diez no se han rendido, la ciudad será destrozada por bombardeo aéreo y fuego de artillería.
    ¿Se rendirán las tropas de defensa?. Todavía sigo creyendo que no. Es verdaderamente horrible que Goebbels nos llame traidores, solo porque queremos seguir siendo alemanes.

    También esta parte me sorprendió:
    8 de noviembre de 1944
    Ya no puedo sufrir más a la familia. Anoche tuve una pelea en la mesa, sólo por haber dicho que "seguía con hambre" "Deberías ver al medico", contestó mi hermano. La abuela dijo algunas cosas sarcásticas. "Ahora clama por tu Hitler y su pandilla, pero de nada te servirá, porque ya está llegándoles la hora". No pude aguantar más y salí del comedor. Hoy hemos tenido aquí un tiroteo bastante grande. ¿Crees que el Führer hablará esta noche? ,Si lo hace, espero que no apaguen la radio de la casa porque tengo muchos deseos de oírlo. Quisiera ser hombre para pelear por mis ideas.

    Les Saluda:

    Armando di Blasio

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  3. Armando di Blasio -

    Nota: La fuente de estos parrafos es "Diario de una Muchacha Nazi"

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¡SE AGRADECE SU APORTACIÓN A ESPEJO DE ARCADIA!