martes, 4 de septiembre de 2012

ARNO BREKER 1 (color): "Su visita a París tenía como meta hacerse una idea de las nuevas construcciones porque quería transformar completamente Berlín. Me senté muy extrañado de que conociese París a fondo, el Führer conocía París mejor que yo... 'Breker, quisiera disculparme ante Ud. porque durante varios años, hasta el momento, no le he visto con buenos ojos debido a la falsa información que tenía de su persona. Ahora sé quién es usted.'"



BREKER Y HITLER EN PARÍS, FRANCIA (PARTE 1)

El escultor Arno Breker constituye, hoy por hoy, una de las más flagrantes muestras de la represión a ultranza que un régimen auto titulado democrático puede llegar a ejercer sobre un artista. Su obra, una de las más gigantescas que hayan sido levantadas en nuestro siglo -también una de las más perseguidas-, ha debido sufrir los más violentos ataques por parte de las fuerzas 'democráticas' de ocupación en Alemania.

Escultor sumamente prolífico, nacido en 1900 cerca de Dusseldorf se trasladó hacia 1927 a París, donde trabó, amistad con destacados estatuarios y artistas del momento, mereciendo destacar las muestras de simpatía y admiración recibidas hacia su persona y hacia su obra -jamás disimuladas ni contradichas luego- por parte de Charles Despiau, Arístide Maillol, Jean Cocteau, o los pintores Vlamínck, Derain, etc, Breker se hizo a pulso un nombre en Paris, y su exposición en l'Orangerie en 1942 no fue sino la culminación de un largo proceso artístico, a cuyo éxito contribuyó, no poco, el libro que Despiau le dedicara a él y a su obra.
Alemán de nacimiento cuando su patria resurgía del caos democrático y nada en ella un sentido unitario de Pueblo, volvió a su país: Desde 1934, Breker abandonó París y Roma para residir en Berlín. Aunque difíciles los primeros tiempos, pudo luego trabajar ampliamente y desarrollar unos proyectos tan asombrosos como pocos europeos podían siquiera imaginar. Autor de esculturas de dimensiones colosales, de relieves gigantescos, de concepciones geniales, entre sus obras de estos momentos cabria destacar:
"Prometeo": realizado para el Ministerio de Cultura.
"La Fuerza": para el Zeppelinfeld de Nuremberg.
“El Partido” y "El Ejército”: para la Nueva Cancillería de Berlín.
“La gran Fuente del Nuevo Eje de Berlín” y “Los Relieves” de 22 metros de altura (más de 7 pisos) para el monumental “Arco del Triunfo”.
Así como un sinfín de esculturas de fuerza y belleza sorprendentes en nuestro siglo. Su apoyo a los artistas franceses durante la ocupación sería decidido: gracias a él, Derain o Maillol recibieron encargos oficiales de Alemania. Su interés por la amistad y la colaboración entre Francia y Alemania sería siempre manifiesto. Como en tantos otros casos, la derrota de 1945 supuso para Breker el comienzo de una larga etapa oscura de represión terrible. Su taller fue asaltado -pocos meses después de acabada la guerra- por tropas norteamericanas, y sus esculturas y enormes instalaciones (que estaban intactas) junto a la ingente cantidad de obras almacenadas o en periodo de construcción, fueron apiladas en grandes montones fuera del taller y totalmente destruidas. Años y años de trabajos en el arte, de contribución activa a la cultura europea, al arte contemporáneo, eran así destrozados por unos bárbaros llegados -cual las primitivas tribus- del exterior, sólo que esta vez los modernos bárbaros procedían de países democráticos y su finalidad era acabar con todo rastro de cultura creado por doce años de auténtico Socialismo Europeo.
Arno Breker
Desde entonces han pasado 35 años... 35 años durante los que el boicot a Breker ha sido total, durante los que el Estado alemán ha impedido cualquier encargo que se le pudiera hacer, durante los que ha recibido ataques de prensa y TV y durante los que el silencio sobre su obra ha sido interrumpido. Aunque en aparente libertad, Breker es -como aquella otra sombra que aún yace encarcelada, y que se llama Rudolf Hess- un vestigio de la represión a ultranza que las fuerzas de la barbarie han desencadenado y mantenido contra la Cultura Europea.
Cuando las generaciones venidera descubran y reconozcan en él y en su obra, al gran genio de la escultura contemporánea, cuando su ya ingente galería de retratos de personajes ilustres de nuestro siglo sea valorada en su trascendente importancia, el nombre de Breker ocupará el lugar de honor que le corresponde, aunque para entonces el artista habrá muerto ya, y su vida no habrá sido más que una muestra clara de la hipocresía de unos regímenes que se auto titulan democráticos pero que no son más que terriblemente tiránicos.
En exclusiva para nuestros lectores, hemos realizado una breve entrevista al escultor perseguido para que nos explique directamente sus impresiones de la visita efectuada a París en compañía de Adolf Hitler y Albert Speer, en 1942, única vez que el Führer quiso pisar suelo parisino. El Canciller alemán escogió a Breker como guía y acompañante en aquella breve visita, y ese acompañante, con la sencillez y la sinceridad que le han caracterizado siempre y con el respeto a la verdad histórica que cultiva, ha contestado así a nuestras preguntas:

-¿Sostuvo Ud. contactos con Adolf Hitler?

-Sí, le conocí personalmente.

-¿Por qué había decidido visitar París con usted?

-Me explicó la razón: “Quiero visitar París con Ud., porque es el único, entre los que me rodean, que ha vivido varios años en París”. Su visita a París tenía como meta, principalmente, hacerse una idea de las nuevas construcciones y de todo su urbanismo, porque quería transformar completamente Berlín.

-¿Es verdad que sentía profunda admiración por la arquitectura francesa?

-Seguro, escuche: Yo no tenía idea alguna de sus opiniones acerca del arte porque nuestras relaciones personales no habían sido muy estrechas, y el debía pensar en la guerra y en toda clase de dificultades políticas. Pero, después de su visita a París, e incluso durante esta visita, me senté -detrás suyo- muy extrañado de que conociese París a fondo. Gracias a los libros y a los mapas, el Führer conocía París mejor que yo. Me equivoqué una vez y me dijo: "Escuche, se equivoca..."; "Yo soy parisino, no puedo equivocarme” -le dije-. Y nos paramos ante un edificio que tenía inscrito en la parte de arriba: Cámara de Comercio. Como él había dicho que se trataba de la Cúpula de la Cámara de Comercio, ante este título me indicó: “Lea esto''.

-¿Cuál fue su impresión sobre el urbanismo de la gran ciudad de París?

-Se emocionó bastante ante la belleza de la arquitectura parisina y el urbanismo de los Campos Elíseos, el Arco del Triunfo, la Torre Eiffel, etc.- Dos horas más tarde, París se despertaba; nos disponíamos a atravesar Les Halles, cuando nos vieron las primeras personas. El primer hombre que vimos fue un vendedor de periódicos. Los llevaba bajo el brazo y gritaba dirigiéndose a nuestro coche: ¡Le Matin! ¡Le Matin! Cuando reconoció a Hitler al lado del chofer, fue presa del pánico: tiró todos los periódicos al suelo y se escondió en una casa. Instantes después vimos tres mujeres que hablaban juntas y, mientras el coche pasaba muy lentamente, se volvieron hacia nosotros exclamando: “Oh! ¡Mira! ¡Es él! El padre Adolf". Siempre ocurría lo mismo: Cierta parte de la población mostraba gran admiración. Mientras que la otra mostraba pánico ante él. El pueblo francés se hallaba dividido en dos clanes.

La última visita fue subir al Sacre Coeur, para contemplar bien el panorama. Tras esa visita volvimos al avión y él volvió a su trabajo. Por la tarde, antes de cenar, salió de su refugio, de su búnker. Todos los generales se hallaban allí, pero él me vio entre todos ellos. Me hizo una señal. Fui hacia él y nos dirigimos juntos hacia un bosque vecino. Cuando nos encontramos suficientemente lejos de los otros, se paró, cogió mi mano derecha con las suyas, diciéndome: "Breker, quisiera disculparme ante Ud. porque durante varios años, hasta el momento, no le he visto con buenos ojos debido a la falsa información que tenía de su persona. Ahora sé quién es usted”.



Javier Nicolás; de la revista "CEDADE" n° 92 de diciembre de 1980.


3 comentarios:

  1. Aprovecho este espacio para saludarlos y de una manera muy especial a JMC, que en un comentario suyo me sugirió el tema en cuestión. Coincidentemente tenía preparado esta entrevista realizada al escultor Arno Breker, por lo que esta primera parte de la entrevista es dedicada a mi estimado JMC. Espero disfruten todos tanto como lo he hecho yo.
    Un saludo sincero.

    Ana V.

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  2. Saludos querida Ana.
    No sabes lo mucho que te agradezco que publicases este maravilloso articulo sobre Arno Breker. Sus monumentales esculturas y estatuas reflejan para mi el ideal del hombre ario. Uno mira y no puede mas que deslumbrarse ante la fuerza y el poderio de sus estatuas.
    Es una pena que las mal llamadas democracias sean tan crueles como para haber dado de lado a este gran hombre.

    Te doy las gracias nuevamente y saludo a los camaradas Armando y Panzer.

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  3. Hola JMC:
    No tienes nada que agradecer, es maravilloso poder recaudar información de todo tipo y me alegra mucho el haber podido contar con esta información que a muchos les ha impresionado y que por supuesto, nos ayuda a recopilar datos de muchas personalidades. Te doy mi humilde punto de opinión: a mí también me gusta admirar las esculturas no solo del gran Breker, sino todas aquellas que preservan el estilo clásico.

    El cuerpo humano es admirable y recrearlo en el arte es sin duda un trabajo grandioso y profesional. Además de que se debe contar con un don innato.

    La cultura clásica de Europa me gusta mucho y mi deseo es poder seguir indagando en el arte del Viejo Mundo.

    Gracias a todos los lectores, un gran saludo desde México.

    Ana V.

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