martes, 11 de diciembre de 2012

ACUERDOS (2): "El mayor compromiso sería, pues, el que contrajese Alemania. Pero éste tendría una considerable contrapartida, a la cual apuntan los observadores al preguntarse: ¿Se negaría Alemania a firmar el pacto si se le concede en cambio el rearme?"

Sociedad de Naciones

EL ESPÍRITU DE LOCARNO

¿La crisis del Estado Hitleriano redundará en beneficio del problema del desarme?

No ha querido Inglaterra desaprovechar una circunstancia favorable al principio de seguridad, sobre todo no contrayendo particularmente nuevos compromisos. También Italia simpatiza con esos arreglos, contando con que, tampoco suponen compromisos nuevos para ella. Otra cosa será cuando se hable del pacto  Mediterráneo, del que también son promotoras Francia y Rusia. En el Locarno de Oriente hallarían consagración las fronteras actuales. Supone, pues, la renuncia a reclamaciones que el Nacional-Socialismo y aún la Democracia alemana nunca se mostraron dispuestas a abandonar.

El mayor compromiso sería, pues, el que contrajese Alemania. Pero éste tendría una considerable contrapartida, a la cual apuntan los observadores al  preguntarse: “¿Se negaría Alemania a firmar el pacto si se le concede en cambio el rearme?”

La detallada declaración de Barthou, en la Cámara de los Comunes, demostrando que el pacto propuesto, lejos de ser una alianza comprometedora permite dar nueva vida a la Conferencia del Desarme, está lleno de esa habilidad de gran abogado que le valió al Ministro su alta reputación. Pero veamos los hechos que persisten a través de tanta “acción verbal”:

Si el discurso de Rudolf Hess fue un balón de ensayo acerca del cambio de rumbo que en materia de armamentos está dispuesto a tomar Hitler, ¿Por qué el Canciller no se ha referido todavía a ello? La situación interior, sobre todo en el aspecto económico del Tercer Reich, exige del Gobierno Nazi concesiones importantes a las potencias para que éstas tiendan una mano indispensable para salvarse de la crisis de la vida y de la industria provocada por el boicoteo internacional.

El gran mérito de Barthou ha sido aprovechar este momento -previsto, al parecer, por la diplomacia francesa con gran clarividencia- para forzar a Alemania a aceptar un pacto de no agresión y mutua asistencia en el Oriente de Europa. Pero a su vez Francia tendrá que conceder por su parte, ya que el entrar en un acuerdo de esta índole con Alemania comporta el reconocimiento de una igualdad mínima, no sólo reconocida en teoría, sino Ilevada a la práctica. La supresión de las milicias era indispensable para entenderse con el Quai d'Orsay. Inglaterra, al aprobar “platónicamente” ese Locarno del Este, no piensa salir de su neutralidad, pero, desde luego, apoya el movimiento francés, siempre que no implique un cerco puesto a Alemania. Londres siempre defendió el derecho a la plena rehabilitación internacional de los alemanes.

Por parte de Francia parece que lo que está dispuesta a ofrecer al Gobierno Nazi es lo siguiente: reanudación amistosa de las conversaciones sobre desarme. Concesión de los 300 000 hombres para el Ejército regular o Reichswehr. La reciprocidad jurídica que compartirían todos los firmantes del Locarno oriental. Pero, ¿disminuiría Francia su Ejército en un solo hombre, desmontaría un solo cañón, aceptaría el principio de igualdad en el mar? Son, pues, muchas todavía las dificultades por vencer. Mas es alentador ver a Barthou tan seguro de vencerlas. Es tan segura la política de París, que parece tener las soluciones de antemano.

Las objeciones alemanas son considerables. “La Correspondencia Diplomática de Alemania” les ha dedicado un importante comentario. Pero lo más desconcertante es la conducta del Canciller Hitler. Se esperaba que aprovechase la sesión del Reichstag para hacer declaraciones sensacionales en preparación del retorno a la Sociedad de las Naciones. Sin embargo, el Reichstag se ha limitado a levantar la sesión, una vez aprobada la exposición del Führer sobre los trágicos sucesos recientes. Sería de desear que el desencanto que producirá sin duda este silencio de Hitler no sea indicio de hostilidad manifiesta al nuevo sistema de seguridad que alborea sobre Europa. De oponerse Alemania, todo se habría reducido a un repiqueteo prematuro.


Diario La Vanguardia; 14 de julio de 1934.







No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡SE AGRADECE SU APORTACIÓN A ESPEJO DE ARCADIA!