lunes, 17 de diciembre de 2012

ELECCIONES DE 1936 (1): "El 99% de votantes acude a las urnas, y de este, el 99% a su vez declara que aprueba la política de Adolf Hitler. Se presenta en la palestra internacional con el nuevo vigor que le ha dado esa votación, que ha hecho de él el señor de más voluntades que nunca haya conocido la Historia."



EL TRIUNFO DE HITLER EN LAS URNAS

Con el triunfo más insólito ha terminado una elección, la más ingente también que se haya registrado, por su aparato. El 99% de votantes acude a las urnas, y de este, el 99% a su vez declara que aprueba la política de Adolf Hitler.

Ha habido pueblos de unanimidad absoluta y comarcas, como el Sarre, en que ha llegado al 99,9%; y todo en perfecto orden y en secreto. Secreto bastante para que los electores de Weding, el barrio rojo de Berlín, o de comarcas, como la de Turingia, Burgo-Marxista de la República de Weimar, hubieran sentido el heroísmo de rebelarse con las papeletas contra una política que el extranjero cree que les oprime, y ellos se empeñan en demostrar en todos los plebiscitos que la ven complacidos. Porque no hay que engañarse sobre el valor de este plebiscito. No puede decirse que se ha votado la soberanía o el honor o la igualdad de derechos sólo, porque todo esto se había vinculado al nombre de Hitler, y lo que se aprobaba era la política seguida por Hitler para conseguir otras cosas. Se presenta el plebiscito como plebiscito de la paz, y, en efecto, lo es; pero es, antes que nada, plebiscito pro Hitler.

Adolf Hitler se presenta en la palestra internacional con el nuevo vigor que le ha dado esa votación, que ha hecho de él el señor de más voluntades que nunca haya conocido la Historia. Se cree que esto fortalecerá la posición de Alemania. El hecho es que la posición de Alemania era tan fuerte o tan débil antes como ahora.

Antes del plebiscito se sabía que ningún Gobierno podía decir, como Hitler, que hablaba en nombre del Pueblo. Es un problema de confianza el que se ventila. Ese es el discurso de Flandin pronunciado como repulsa a los de la campaña de Hitler; y esa confianza es confianza en un hombre, pues el Pueblo ha hecho dejación de su voluntad en él; y si Francia se empeña en no creerlo, ¿qué más da, para los efectos de la conformación de la paz, que es de lo que se trata, que hayan votado o hayan hecho confesión de fe, una nación de 67 millones de almas o que estuvieran detrás de la política de Hitler antes de votar, antes de dar ese ejemplo de unidad maravillosa?

Se espera, -dicen los corresponsales del extranjero- las proposiciones que haga mañana Hitler, y se teme que la fuerza de la votación las haga más inflexibles de lo que hubieran sido antes. Por otra parte, se espera que esta adhesión absoluta del Pueblo le permita hacer el gesto que se está pidiendo de él. Ahora, para preparar a la opinión en este sentido, ya habla la Prensa de la noche de lo que no puede hacer Hitler, que es todo lo que ha venido diciendo en su campaña electoral. Es decir, lo que no puede hacer Hitler es sencillamente hacerle a Francia fácil el camino inevitable de las conversaciones y de la inteligencia, ya que la guerra, con plebiscito o sin él, nadie la quiere.


García Díaz; Berlín, 30 de marzo de 1936.







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