lunes, 25 de marzo de 2013

BUSCAR LA VERDAD: "Nos volvimos tristes, pesimistas, al ver todo el engaño que existe en nuestra época moderna, y por ello en muchas oportunidades nos llamaron fatalistas. Nuestro destino era ser honestos con nosotros y con la humanidad. En todo momento tuvimos presente que el camino a seguir era siempre en línea recta, nada debía distraernos: ésta es la fórmula de nuestra felicidad. Ella aguardaba al final de la batalla."



EL MODERNISMO DECADENTE

Mirémonos de frente. Somos hiperbóreos, y sabemos bastante bien cuán aparte vivimos de todo. “Ni por tierra ni por mar encontrarás el camino que conduce a los hiperbóreos.” Píndaro ya sabía esto de nosotros. Más allá del norte, de los hielos, de la muerte, se encuentra nuestra vida, nuestra felicidad... Nosotros hemos descubierto la felicidad, conocemos el camino, hallamos la salida de muchos milenios de laberinto. ¿Quién más la encontró? ¿Acaso el hombre moderno?

“Yo no sé ni salir ni entrar; yo soy todo lo que no sabe ni salir ni entrar”, así suspira el hombre moderno... 

Estábamos enfermos de esta incierta modernidad, de esta falsa paz, de este compromiso perezoso, de toda la virtuosidad impura del sí y del no modernos, falto de credibilidad. Semejante tolerancia y amplitud de corazón, que lo perdona todo porque lo comprende todo, es para nosotros viento del desierto que lo asfixia todo. Vale más vivir entre los hielos que entre las virtudes modernas y otros vientos meridionales... Fuimos bastante valerosos: no tuvimos clemencia ni para nosotros ni para los demás; pero por largo tiempo no sabíamos dónde nos conduciría nuestra valentía. 

Nos volvimos tristes, pesimistas, al ver todo el engaño que existe en nuestra época moderna, y por ello en muchas oportunidades nos llamaron fatalistas. Nuestro destino era ser honestos con nosotros y con la humanidad; teníamos encima la tensión, la hipertrofia de enfrentarnos con la mentira y una fuerza desmesurada que nos impulsaba a seguir siempre adelante.

Teníamos sed de rayos y de hechos; estábamos muy lejos de la felicidad de los débiles, y conformarnos con la mentira que nos han contado; jamás se nos ocurrió entregarnos a la resignación. En nuestra atmósfera soplaba un huracán; nuestra naturaleza se oscurecía porque no hallábamos ninguna vía. En todo momento tuvimos presente que el camino a seguir era siempre en línea recta, nada debía distraernos: ésta es la fórmula de nuestra felicidad. Ella aguardaba al final de la batalla.


Friedrich Nietzsche.







No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡SE AGRADECE SU APORTACIÓN A ESPEJO DE ARCADIA!