lunes, 10 de junio de 2013

MI ENCUENTRO CON EL FÜHRER (3): "Ser madre es un honor y no un problema económico como antes. Si alguna máquina fallaba, siempre disponían de sus manos. ¿Ve usted? Era el trabajo y la capacidad lo determinante, no el Banco ni los prestamistas. Quien cumpla con su pena queda totalmente libre, su pasado se olvida y se les considera otra vez como ciudadano, con todos los derechos inherentes. ¿Y qué muestran esos paladines de la Democracia? ¿Acaso no llevan a la silla eléctrica o a las cámaras de gases cada semana a un par de gángsters? ¿Dónde están sus grandes reformas?"


ASÍ LLEGUÉ HASTA ADOLF HITLER (Parte 3)

-Pero, me interesa saber un poco de ustedes. Muchas veces son las mujeres las que interpretan el verdadero sentir de la Nación. Aunque parezca lo contrario, siempre son más rebeldes. Y desconfiadas. Es natural; para la mujer primero está la estabilidad de su hogar, el progreso de su hijos. No sabe usted lo difícil que fue en los primeros años que ingresaran a nuestras filas las mujeres. Los más decididos SA tenían en sus casas a los más enconados enemigos.

-Eso ha cambiado radicalmente, mi Führer.

-Por supuesto. Es que hemos cumplido. Hemos terminado con la pobreza, nuestras mujeres también pueden gozar de sus vacaciones, ser madre es un honor y no un problema económico como antes. Y todo se basa en algo tan sencillo como el de restablecer el viejo orden natural: el hombre a sus funciones, y la mujer a las suyas. Así lo practica en África el clan más primitivo, pero nuestro tan alabado mundo occidental, las doctrinas disolventes se encargan de hacer creer que debe de hacerse lo contrario. Si se empieza a considerar a la persona por su dinero o poder que tiene, en vez de sus dotes personales, entonces ponemos al mundo de cabeza, nadie puede asombrarse luego si el resultado es el caos. (Pensar que esto fue escrito hace más de 50 años y aún hoy tiene relevancia para nuestros conceptos de sociedad).

De cuando en cuando enfatizaba su pensamiento con rápidos movimientos de mano, sin apartar la vista de mí, como si esperara alguna reacción especial, quizás hasta una contradicción.

Quienes han afirmado que Adolf Hitler solía levantarse bruscamente, caminar a lo largo de la habitación y alzar la voz inusitadamente, mienten de forma deliberada o se refieren a una circunstancia especial, en que cualquiera puede alterarse por motivos normales.

Habíase inclinado hacia atrás y volvía a sonreír.

-Y bueno, aquí tenemos a una muchachita que se cuela sin más ni menos hasta mi oficina privada, simplemente porque desea verme de cerca. Atraviesa la guardia, desdeña a los graves señores que yo mismo estaba despidiendo en la puerta. Ja ja ja, verá los comentarios que hará a su presidente ese caballero de sombrero de copa. Me voy a permitir algo.

Cogió uno de los teléfonos y dijo:

-¡Fotógrafo de prensa!

Al instante se abrió una puerta lateral y a toda prisa, ingresó un fotógrafo uniformado, junto a mi amigo Lingmann.

Disparó el flash varias veces.

-Llévese inmediatamente a Hoffmann y al "Volkischer Beobachter". Lectura: "EL FÜHRER SE INFORMA PERSONALMENTE SOBRE LOS AVANCES E IDEAS SOBRE LA JUVENTUD FEMENINA".

-¡A su orden! -Contestó el fotógrafo.

Volvió entonces a sentarse tranquilamente, mientras yo ya no cabía en mí: eso significaba que al día siguiente figuraría en primera plana en los periódicos. Menudo asombro para todos mis amigos y camaradas.

-Prosigamos, hoy es un día espléndido. Solamente cosas rutinarias en el Ministerio de Agricultura y con los campesinos no tengo problema alguno. Los entiendo muy bien. La mayoría de mis primeros partidarios eran campesinos o veterinarios. No tenían represalias de los judíos, pues no necesitaban créditos ni préstamos. Si alguna máquina fallaba, siempre disponían de sus manos, si se enfermaba algún animal recurrían al veterinario más próximo. Al que pagaban bien. ¿Ve usted? Era el trabajo y la capacidad lo determinante, no el Banco ni los prestamistas. ¿Ha tenido usted experiencia campestre?

-Mucha, mi Führer.

Le conté acerca de Chile y luego de nuestra granja.

-Entonces usted habrá podido ver cómo procuraron arruinar toda nuestra economía, los bellacos. Crearon cesantía artificial para aumentar el número de proletarios en las ciudades, consiguiendo así unir millones de buenos alemanes al servicio del Bolchevismo. ¿Sabe usted que Thalmann, el jefe Comunista, tenía listo un lanzamiento y yo ya entonces figuraba como primero en la nómina de los que debían ser juzgados? Ahora está a buen recaudo en un campo. Goering se encargó de él. Me dice que debe ganarse honestamente el sustento.

Osé entonces interrumpirlo, aunque ya había escuchado que tal actitud le molestaba, pues le impedía llevar hasta el final su idea. Pero noté que no tuvo ninguna reacción de contrariedad, quizás algo de extrañeza.

-Mi Führer, la prensa extranjera y uno que otro ciudadano aquí mismo, comentan que los campos son horribles prisiones, y que se castiga duramente.

-Lo sé, desde luego que no se trata de una colonia de vacaciones, pero el trato es muy humanitario y el trabajo es pagado. Cada cierto tiempo dejamos en libertad a muchos, que bajo el régimen anterior se hubieran consumido en la cárcel. Acá nosotros no tenemos ahora calabozos con barrotes de piedra, sino que amplias barracas al estilo militar. Los internos, de acuerdo con su trabajo, reciben, como dije, un salario, de manera que puedan alimentar a sus familias. 

Fíjese: en tres años solamente siete individuos han reincidido en delitos comunes, del total de 10 000 que pusimos en libertad. Eso sí: hemos adoptado un sistema especial. Quien cumpla con su pena queda totalmente libre, su pasado se olvida y se les considera otra vez como ciudadano, con todos los derechos inherentes. ¿Y qué muestran esos paladines de la Democracia? ¿Acaso no llevan a la silla eléctrica o a las cámaras de gases cada semana a un par de gángsters? ¿Dónde están sus grandes reformas? Es cierto, en Munich se condenó a muerte hace dos meses a un individuo. Pero ahora pocos recuerdan que había asesinado a nueve personas y existía un real pánico. Con gente así no podemos ser blandos, por supuesto, el proceso fue corto y rápido. Únicamente, que si tal cosa se hace en Alemania, entonces llueven las críticas y deformaciones.

Durante unos instantes permaneció en silencio. Parecía sentirse herido, tocado injustamente; pero, bien pronto retornó su actitud alegre.


Juana Rosa Militz; tomado de la Revista "Elbruz Altus Vexilum". (Agradecimiento especial).








1 comentario:

  1. Durante la conversación sostenida el día 25 de enero de 1942, estando presentes Lammers, Himmler y el coronel Zeitzier, Hitler tomó la palabra para decir: "Cuando tengo la idea de que un judío cambie de sitio, nuestra burguesía se enternece: "¿Qué será de él?". ¡Decidme si esta misma burguesía se ha preocupado de lo que sucedía a los compatriotas nuestros que tenían que emigrar!". La verdad es que había años en que tenían que emigrar de doscientos a trescientos mil alemanes.

    Continúa Hitler: "Hay que actuar radicalmente. Cuando se arranca una muela, se hace de un solo
    golpe y el dolor no tarda en desaparecer. El judío debe salir de Europa, o no hay acuerdo posible entre los europeos. El judío es quien lo enreda todo. Cuando pienso en ello, me apercibo de que soy extraordinariamente humano. En otras épocas los judíos eran maltratados en Roma. Hasta 1830, se paseaba una vez al año, por las calles de Roma, a ocho judíos montados en asnos. YO ME LIMITO A DECIRLES QUE DEBEN MARCHARSE". ("De Hitler Todos Han Hecho Leña")

    Saludos!

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