martes, 27 de agosto de 2013

JESSE OWENS: "Cuando pasé frente al Canciller, se incorporó, me saludó con la mano y yo le devolví el saludo en la misma forma. Creo que los periodistas mostraron mal gusto en criticar al hombre del momento en Alemania."



ÍDOLO DE LAS MULTITUDES EN EL III REICH

Uno de los aspectos que más se han usado en contra de los Juegos Olímpicos de Berlín y en especial contra el Führer Adolf Hitler en aquel evento, fue el caso del atleta norteamericano Jesse Owens, cuyas cualidades físicas excepcionales, se habían dado a conocer en 1928 sobre la pista de la Fairmont Junior High School en Cleveland, Ohio.

Dadas las condiciones de este deportista, todos los círculos deportivos de Alemania, sabían indiscutiblemente de la calidad y el prestigio del joven de color Jesse Owens, lo que fue demosrado en las competencias olímpicas al ser ganador de cuatro medallas de oro, en Carrera de Velocidad en 100 y 200 metros, Salto de Longitud y Carrera de Relevos, en la que rompió récord mundial y olímpico.

Se ha dicho y ha repetido hasta el hartazgo que el Führer Adolf Hitler se enfureció con los triunfos de Owens y abandonó el Estadio Olímpico, para no saludarle.

Los hechos son totalmente distintos, según lo refiere John Toland en su obra "Adolf Hitler": "Al iniciarse las Olimpiadas, Hitler felicitó personalmente al alemán Hans Wölke por batir el récord de Tiro Olímpico. También elogió a los tres atletas finlandeses que batieron la marca de los 10.000 metros y a las alemanas que quedaron primera y segunda en el Lanzamiento de Jabalina. Cuando los alemanes participantes en el Salto de Altura fueron eliminados, ya estaba oscuro y él no se hallaba ahí para estrechar la mano a los tres ganadores norteamericanos, dos de los cuales eran negros."

"Esto impulsó al Presidente del Comité Olímpico Internacional a informar al Führer que, como invitado de honor en adelante debería saludar a todos los vencedores o ninguno. Hitler decidió por lo segundo, y, en consecuencia no felicitó a Jesse Owens quien ganó cuatro medallas de oro."

El propio Jesse Owens desmintió que el Führer le hubiera vuelto públicamente la espalda: el atleta de color dijo que en realidad, Hitler le había rendido un homenaje:

"Cuando pasé frente al Canciller, se incorporó, me saludó con la mano y yo le devolví el saludo en la misma forma. Creo que los periodistas mostraron mal gusto en criticar al hombre del momento en Alemania."

Paul Van Tienen, al referirse al mismo hecho, declaró: "Al estrechar Hitler la mano a los finlandeses, el Conde Baillothatour le conminó a que, como Jefe del Estado Alemán, e invitado de honor, se limitase a felicitar a sus compatriotas, los alemanes. Hitler estaba pues, advertido y aún en el caso de que le hubiese deseado, no hubiera podido estrechar la mano de Owens, limitándose a saludarlo desde la tribuna, tras sus victorias."

Por lo demás, el nombre del atleta de color, fue esculpido en un lugar de honor sobre los muros de piedra del Estadio Olímpico de Berlín que construyeron los Nacional-Socialistas, además el nombre del atleta le fue puesto a una calle de la capital alemana, aparte de ser el deportista que profusamente fue filmado para la película "Olympia" realizada por la actriz y camarógrafa; directora de esta película: Leni Riefenstahl.

Respecto a la superioridad atlética de los germanos, y en general de los europeos, se demostró en los resultados globales de la Olimpiada, aunque en el caso de Owens es de reconocerse su particular calidad como atleta, lo que originó que el público alemán lo reconociera con muestras entusiastas de cariño, tal es el caso de la permanencia de Owens en Alemania después de los Juegos Olímpicos, seguido siempre por multitudes de jóvenes alemanes que le solicitaban un autógrafo. Hay que destacar que con el atleta alemán Lutz Long, a quien Jesse Owens ganó en el Salto de Longitud, estableciendo un récord al lograr 8.06 metros en la prueba olímpica, nació una gran amistad, que perduró a pesar de la muerte de Lutz Long en la Segunda Guerra Mundial, pues Owens viajó en 1960 a Alemania para asistir como testigo de la boda de Karl Long, el hijo de Lutz.

Owens regresó a los Estados Unidos como Campeón Olímpico y no mereció un saludo de manos del Presidente norteamericano, y tuvo que volverse a sentar en los lugares traseros de los autobuses, reservados a los negros. Sus extraordinarios triunfos no le sirvieron de nada, sólo fueron utilizados por la conjura internacional contra el Tercer Reich y la Olimpiada de 1936. Un año más tarde, en 1937 se le prohibió volver a competir, cuando apenas tenía 24 años y tuvo que trabajar en un circo compitiendo en carreras contra caballos.

Sólo la Alemania Nacional-Socialista, por su gran aprecio por el deporte y el atletismo, impulsado en esa época por el régimen hitleriano, pudo reconocer en él al gran atleta.


Del libro: "Del Ordensburgo a la Guerra Nuestra Madre".







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