viernes, 13 de septiembre de 2013

LIDDELL HART 1 (color): "Hitler estuvo muy lejos de ser un estratega estúpido. Más bien dicho, fue uno y muy brillante. Tenía un profundo y sutil sentido de la sorpresa, y era un maestro en el aspecto psicológico de la estrategia, el cual desarrolló grandemente."


INTUICIÓN Y EFICACIA BÉLICA

Basil Henry Liddell Hart, inglés, combatió en la Primera Guerra Mundial cuando tenía 20 años de edad. Fue herido en la sangrienta batalla del Somme y luego tuvo oportunidad de presenciar la aparición de la incipiente arma de tanques. Con innato sentido de estrategia concibió que regimientos de tanques podrían operar por sí mismos, adelantándose a la infantería. Pero ni en Inglaterra ni en Francia les pareció que eso fuera factible. Si esa idea también había surgido en el Ejército alemán, no se sabe con precisión, pero fue la base de la "Blitzkrieg" (guerra relámpago), impulsada por Hitler.

Entre la primera y la segunda guerra, el capitán Liddell Hart fue corresponsal del "Times" y luego siguió con gran interés el desarrollo de la Segunda Guerra. Al terminar ésta, se trasladó a Alemania, donde consultó archivos y entrevistó a numerosos generales. Es, pues, un historiador mundialmente reconocido. Liddell Hart, al igual que otros historiadores excepcionales, no se detiene en los "hechos"; busca los significados y llega a la conclusión de que: 

"Se han escrito más tonterías sobre la Segunda Guerra Mundial que sobre cualquier otra... Hitler estuvo muy lejos de ser un estratega estúpido. Más bien dicho, fue uno y muy brillante, y adoleció de las faltas naturales que siempre acompañan a la brillantez. Tenía un profundo y sutil sentido de la sorpresa, y era un maestro en el aspecto psicológico de la estrategia, el cual desarrolló grandemente. Mucho antes de la guerra había descrito a sus colaboradores cómo iba a ser ejecutada la captura de Noruega, y cómo podían ser maniobrados los franceses fuera de la Línea Maginot."

"La intuición estratégica de Hitler y el cálculo estratégico del Estado Mayor General pudieron haber sido una combinación que pudo haber conquistado todo. En su lugar produjeron un cisma suicida que vino a ser la salvación de sus enemigos." (O sea las potencias aliadas).

El recurrente desacuerdo del Estado Mayor General con Hitler fue funesto para Alemania. ¿A qué atribuirlo? Por una parte, el ejército tenía la tradición de ser apolítico. Cuando Hitler llegó al poder los altos mandos no participaban en el Nacionalsocialismo. No existía empatía entre ellos y su nuevo jefe. Por otra parte, el hecho de que Hitler hubiera sido soldado raso, y Cabo, en la Primera Guerra Mundial, fue una desventaja ante generales y mariscales con altos estudios académicos. Ellos no podían hallarse cómodos al verse, súbitamente, bajo las órdenes de aquel Cabo. Un Halder, un Von Leeb, un Brauchitsch, un Von Rundstedt conocían la disciplina, mas no podían evitar que en sus sentimientos operara el celo profesional.

Cuando las discusiones se volvieron más violentas con el general Halder, jefe del Estado Mayor General, Hitler lo destituyó. En su lugar nombró al general Kurt Zeitzler, de quien esperaba un cambio radical, que verdaderamente no iba a darse. Zeitzler decía que "las tradiciones del Estado Mayor General no pueden ser borradas de un plumazo, ni siquiera por un dictador absoluto." Por otro lado, Zeitzler comentaba que había encontrado gran desorden en el Estado Mayor, donde nadie confiaba en nadie, ni Hitler tampoco. Por cierto que Hitler llegó a decir que: "la irritante masonería formada por los oficiales de Estado Mayor debía perder su monopolio en el seno del Ejército". (No se sabe a ciencia cierta si era sólo una expresión en sentido figurado. David Irving no lo aclara).

Después de haber vivido la guerra desde su Patria, Inglaterra, y de investigarla del lado alemán (al terminar la contienda), entrevistando a los generales alemanes, el historiador Liddell Hart sacó varias conclusiones. Entre otras, las siguientes:

"Los antiguos líderes profesionales, entrenados bajo el sistema del Estado Mayor General tendían a demostrar una gran eficacia, pero les faltaba el genio, salvo en el sentido de 'una infinita capacidad para ser muy esmerados'. Su inmensa habilidad implicaba su propia limitación. La mayor parte de ellos también estaban limitados en el entendimiento de cualquier factor que estuviera fuera de la esfera militar."

"Hitler demostró más rapidez en ver el valor que tenían las nuevas ideas, las nuevas armas y los nuevos talentos. Reconoció la potencialidad de las fuerzas blindadas móviles más rápidamente que el Estado Mayor General, y la forma en que apoyaba a Guderian, el máximo exponente en Alemania de este nuevo instrumento, demostró ser el factor más decisivo durante las primeras victorias..."

"Los soldados jóvenes, a quienes escogía y ayudaba, tenían las mismas semejanzas con él; en estos respectos, especialmente Rommel, el militar 'advenedizo' más favorecido. Tales hombres tenían un instinto especial por lo inesperado y un sentido mucho mayor de su incalculable valor en el paralizamiento de sus oponentes. Trajeron nuevamente a la guerra, con una nueva apariencia, los clásicos ardides y estratagemas que los maestros militares del último medio siglo habían declarado como fuera de uso e imposibles de aplicar en las operaciones modernas."

Y el juicio básico de Liddell Hart se encierra en las siguientes palabras: "La intuición estratégica de Hitler, y el cálculo estratégico del Estado Mayor General pudieron haber sido una combinación que pudo haber conquistado todo. En su lugar produjeron un cisma suicida que vino a ser la salvación de sus enemigos."


Salvador Borrego; extractos de "Alemania Pudo Vencer."







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