martes, 15 de octubre de 2013

EL FÜHRER: "Cientos y millares le forman escolta por calles y sendas, y corren y saltan hacia su coche. Niños, adultos, hombres y mujeres, llenos de pasión y gozo; las caras radiantes, contemplan todos a su Führer, le tienden y estrechan la mano. Dios ha bendecido a este hombre y sigue su camino porque por él debe ir. La fe de Adolf Hitler y la fe en Adolf Hitler. El Tercer Reich está dominado por la potencia de la Personalidad."


LA PERSONALIDAD

El Tercer Reich, es una realidad. Existe en sus cimientos. Se apoya en los valores imperecederos de la raza germánica y en las profundidades del alma alemana. Dócil sobre las raíces naturales del sentido y del ser germanos. Delimitado y contenido en las fuerzas vitales de la personalidad, que nacieron y acompañaron a nuestro pueblo como encarnación de su espíritu y voluntad. La generación que emprendió tamaña empresa tiene por obra trazar sus líneas y directrices fundamentales y las generaciones venideras son las llamadas a tener por misión, proseguirla y llevarla a su fin.

Las ideas determinan la historia y el destino de los pueblos. Pero en la personalidad es en donde reside la creación y el contenido. Idea y Personalidad, son también las dos directrices que determinan la creación de la nueva Alemania, y que cooperan desde un principio a su nuevo ser. Jamás, hasta el presente, estos elementos formativos y la expresión del ser de un pueblo se han encontrado con esa nitidez y pureza, como ha sucedido para el movimiento Nacional-Socialista en su gigantesca cruzada para la reconstrucción de la nación alemana.

Así como toda gran verdad se encierra en una gran sencillez, así también el pensamiento del Estado Nacional-Socialista es una de aquellas verdades, de aquellas magnitudes, ideas llenas de realidad y de estupenda sencillez, que forman la historia mundial, porque reintroducen las leyes de la vida en la conciencia de los pueblos y con ello dan el máximo impulso creador a través de los caminos naturales.

Junto a la cuna del Tercer Reich, se halló la potencia de la personalidad incorporada en Adolf Hitler. Su espíritu es el único que ha fijado y ha responsabilizado esta lucha gigantesca y quien lo ha conducido, en cada fase de la contienda, hacia el éxito final. Llamamos a Adolf Hitler, el Führer, el Conductor, el Caudillo, porque lo es. Estado y Pueblo, gracias a él, han sido uno en Alemania. Este Estado popular alemán, lleno de realidad, no descansa sobre apariencias ni sobre puntas de bayonetas, sino que radica en lo más profundo del corazón del pueblo alemán. 

La personalidad de su creador es para el pueblo esencia y contenido del nuevo Imperio. Hitler es Alemania, y Alemania es Hitler. En Adolf Hitler está hoy incorporado el pueblo alemán, porque el pueblo se reconoce a sí mismo en su personalidad. Hay que haber sentido y vivido, día tras día, al lado del Führer las olas de amor y de aplausos que hoy fluyen y refluyen de entre todos los ámbitos del pueblo a través de Adolf Hitler, para reconocer, que él, en su vida de hombre de Estado, de realidad tan rara, no es una elucubración ausente de la realidad, sino que es la muestra exacta de un fenómeno real.

Cientos y millares le forman escolta por calles y sendas, y corren y saltan hacia su coche. Niños, adultos, hombres y mujeres, llenos de pasión y gozo; las caras radiantes, contemplan todos a su Führer, le tienden y estrechan la mano; de él quieren oír consejos, y luego tocarle, verle, oírle... su nombre, sus actos, invaden todas sus conversaciones. ¡Dónde ha existido jamás un señor, una cabeza coronada, que haya obtenido una adhesión tan fuerte y sincera, unas explosiones de júbilo como Adolf Hitler!

La forma puede variar lo accesorio, la mayor o menor viveza de expansión; pero el hecho tiene siempre la misma esencia, igual carácter y dirección. El pueblo pende del Führer. Le ama y confía en él, sin reserva alguna y sin límites. Y esta relación extraordinaria y viva con el pueblo es para Adolf Hitler, según él mismo confesaba, “el goce mayor y lo más bello de su destino”. Me lo repite siempre y en todas formas. De ello se nutre el espíritu del Führer, allí es donde reside una fuente inagotable de su poder, de su fuerza.

A menudo he meditado por dónde ha de buscarse el mayor y más hondo fundamento de su efecto personal sobre el pueblo, sobre las masas. En Adolf Hitler no es el orador el que actúa, sino el hombre el que produce esa acción insospechada con los que tan sólo se pongan en contacto con su persona. El verdadero porqué de la personalidad de Adolf Hitler, incluso para nosotros los que diariamente admiramos su real ser genial, quedará para siempre en el misterio. 

Quien pudiera creer en un milagro, en un suceso de lo alto que guía y dirige estas rutas del pueblo alemán, en la posibilidad de fuerzas sobrenaturales, sólo ése podría conocer la acción secreta de la personalidad de Adolf Hitler. Dios ha bendecido a este hombre y sigue su camino porque por él debe ir. Aquí sí que podemos decir, que la Fe transporta los montes. La fe de Adolf Hitler y la fe en Adolf Hitler.

Explíquese como se quiera este misterio de la personalidad de Adolf Hitler, la fe en él, su hasta inconcebible popularidad, es hoy en Alemania un poder de fuerza irresistible. Potencia desconocida y sin ejemplo, en el dominio de los pueblos. Sobre esta nueva Alemania de la disciplina y de la autoridad, no reina Emperador o Rey alguno, tampoco déspota o tirano: el Tercer Reich está dominado por la potencia de la Personalidad.


Otto Dietrich; de "Hitler Caudillo".







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