sábado, 9 de noviembre de 2013

EL VALOR DEL SACRIFICIO: "El hombre es el depositario, la urna inmutable en la que reposa y se perfecciona todo lo que se ha cumplido, pensado y sentido antes que él. Es, igualmente, el heredero de los deseos irresistibles que han torturado a sus antecesores."


DEL SACRIFICIO NACE LA FELICIDAD

Las grandes batallas revisten una majestad eterna que domina la trama ininterrumpida de la historia. Se ciernen sobre miles de acontecimientos que constituyen esta historia; se cubren instantáneamente de un rostro impasible, mostrando así que el hombre en relación con ellas es únicamente el instrumento de una Voluntad Superior. Nada quedó de las elevaciones del alma durante las construcciones de las pirámides. De los innumerables sufrimientos soportados entones, de tantas dichas aniquiladas, de las esperanzas de los Estados y de los Reyes, nada subsiste hoy. Pero siempre nos emocionaremos ante el espectáculo de esos monumentos que constituyen la Historia y desde donde llega a nosotros la voz poderosa y solemne de una voluntad libre de todo sentimentalismo.

¿Hasta cuando deberemos esperar que acontecimientos tan magníficos como la gran batalla de la primavera de 1918, o la batalla naval de Skagerrak se erijan por encima de los tiempos como monumentos que el hombre no puede tocar? Cuando hayan muerto los hijos de aquellos que cayeron a nuestro lado, o cuando hayan sucumbido en una nueva guerra; cuando aparezca radiante nuestro destino tan grandioso e indiferente a las preocupaciones cotidianas; cuando el tiempo haya enterrado todas las trivialidades de este mundo; cuando el fuego de las pasiones se haya apagado, entonces, el recuerdo del pasado iluminará el porvenir. Y, ante todo, cuando se hayan derrumbado los Estados cuya suerte se decidiera en unos minutos, en unas horas, no quedará del pasado verdaderamente nada sino la visión retrospectiva y emocionante de una ola impetuosa de Vida, de la Vida que había entonces revelado su verdadero aspecto: un juego magnífico y sangriento que regocija a los dioses. Entonces, todos los sufrimientos y todas las torturas de una generación no tendrán quizás ya sentido, como no lo tiene ahora la lanza de un soldado arrancada de su ardorosa herida durante la batalla de Iso.

Nosotros somos aquellos que han sufrido, aquellos que han soportado el dolor de las heridas, pero más allá de esos sufrimientos todavía podemos reivindicar para nuestra gloria esa profunda emoción que nos embargara en la batalla, y que es la recompensa de las proezas heroicas conscientemente realizadas. ¡Dichoso el hombre que ha podido sentir esa sublime emoción, tan diferente de la resignación esclava frente al sufrimiento, y que engendra, por el contrario, una reacción poderosa ante la adversidad! Ése no solamente ha experimentado el poder de la materia, ha conocido lo que esconde, verdaderamente ha vivido una Vida Interior.

El hombre es el depositario, la urna inmutable en la que reposa y se perfecciona todo lo que se ha cumplido, pensado y sentido antes que él. Es, igualmente, el heredero de los deseos irresistibles que han torturado a sus antecesores.

Los hombres de hoy también se esfuerzan, al precio de su sangre, de sus dolores y de sus deseos, por construir una Torre de Felicidad de una altura inconmensurable, superponiendo su propia generación a todas las que le han precedido.

Reconozcamos que sus esfuerzos no han sido en vanos, que esa torre se eleva más y más rápidamente, que su elevación nos acerca cada día más al triunfo supremo y que ofrece a las miradas ávidas, paisajes todavía más vastos y más ricos. Pero el ritmo de esa edificación es irregular, febril. La obra a menudo se encuentra amenazada y sus bases frecuentemente se han estremecido por insensatos embargados de desánimo o desesperación. Las reacciones inevitables del destino se deben tanto a situaciones que se creían desde hace largo tiempo estabilizadas, como a la erupción de fuerzas elementales, seculares e imperecederas, que rugen y bullen bajo el delgado barniz de la civilización.


Ernst Jünger; de "La Guerra Nuestra Madre."









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