martes, 28 de enero de 2014

JOACHIM PEIPER 1 (color): "Pero ¿qué ha ocurrido en Travers? Un habitante del pueblo ha dicho que la noche del 13 al 14 de los corrientes vio pasar una ambulancia seguida de tres coches y que al cabo de un rato oyó unos disparos. Todo lo que se sabe es que unos individuos se presentaron en el chalet de Peiper; que la casa fue incendiada, y que entre los escombros de ésta se ha encontrado el cuerpo calcinado de un hombre no identificado, que se supone es “el alemán”. Eso es todo."


EL ASESINATO DE “EL ALEMÁN”

El presente artículo es posterior a los sucesos de la Segunda Guerra Mundial, evidentemente. Como hemos sido testigos al indagar en la opinión periodística - tanto previa como posterior a esta conflagración -, nos hemos percatado que su cambio es “mágicamente” radical. Antes de terminada la guerra, la prensa internacional no era tan discrepante o ajena al III Reich, no al menos como actualmente leemos y vemos en los diversos medios de comunicación oficiales.

El suceso habría sido considerado como un “fait divers” más o menos banal y merecido unas cuantas líneas en la prensa diaria, si “el alemán” asesinado en su chalet situado en las afueras de Travers, no hubiera tenido un pasado al que milIones de franceses no pueden ser indiferentes. El alemán de Travers se llamaba Joachim Peiper y cuando en la última guerra había sido Obersturmbannführer de las SS, la milicia Nazi responsable de innumerables crímenes a lo largo y ancho de Europa. Al frente de sus tanques, el Coronel Peiper se había distinguido en varios frentes de guerra, especialmente en el de Rusia, donde según parece capturó a tres generales soviéticos. El Führer le concedió la Cruz de Hierro con Hojas de Roble.

Peiper era un oficial educado en las mejores tradiciones Nazis, y nunca tuvo demasiado respeto por la vida de sus prisioneros. En una ocasión hizo fusilar a setenta y dos de ellos. Las ejecuciones eran pala él simples hechos de guerra. Nada extraordinario. Terminada la contienda, un tribunal aliado lo condenó a muerte; sin embargo, la sentencia fue conmutada por veinte años de cárcel. Joachim Peiper fue puesto en libertad tras diez años de reclusión.

Un día compareció en Travers, en la Haute-Saone; se compró un terreno no lejos del pueblo, lindante al río, y se hizo construir un chalet. Poco después se instaló en él en compañía de su esposa e hijos. Peiper llevaba una vida retirada. Muy de vez en cuando se asomaba al pueblo, al que acompañaba a su mujer cuando ésta iba de compras. Apenas hablaba con nadie, pero todo el mundo conocía su pasado. Cuando la muerte del albañil que le construyó la casa, se presentó en el pueblo y asistió al entierro del trabajador. “Estaba allí, en el cementerio en posición de firmes. Faltaba sólo el uniforme, pero el oficial alemán estaba allí”, ha dicho el cura del pueblo.

Peiper decía que había cumplido su condena y que no tenía miedo. Pero su casa estaba guardada por dos grandes dogos, a los que él llamaba sus leones. El mismo solía ir armado. Era un hombre alto, bien proporcionado, de cabello blanco y ojos claros. Se dedicaba a la traducción de obras militares para una editorial de Hannover, relacionada con antiguos miembros de la SS.

Desde hace unos meses comenzó a ser amenazado de muerte si no abandonaba el país. El antiguo Coronel no hizo demasiado caso de los anónimos comunicantes y continuó su vida de siempre. Peiper no había cometido ningún delito en Francia y estaba en regla con la justcia de la República Federal. Las autoridades francesas le habían concedido el permiso de residencia en virtud del acuerdo de libre circulación de personas procedentes de la Comunidad Económica Europea.

Al menudear las amenazas, el prefecto de la Haute-Saone hizo saber a las asociaciones de resistentes y deportados del lugar, que Peiper y su esposa deberían abandonar el país a finales del año, al término de su permiso de estancia en Francia. Pero las amenazas continuaron. El asesinato acaba de ser reivindicado por una misteriosa organización llamada “Comité de Acción Resistencia y Deportación”, ocho de cuyos representantes dieron hace poco más de un año una fantástica conferencia de prensa en el Grand Hotel de esta capital. Seis informadores franceses, ingleses y alemanes fueron convocados a la reunión y se encontraron ante ocho hombres enmascarados, algunos de los cuales les mostraron sus antebrazos tatuados por los Nazis en los campos de concentración.

El portavoz de los enmascarados les hizo saber que el acuerdo adoptado por el Bundestag para juzgar a los criminales de guerra era una pura comedia, que ellos no estaban dispuestos a olvidar y que pronto comenzarían a hacer justicia en serio. Pero la policía francesa se pregunta ahora si “los vengadores” que amenazaban a Peiper forman parte del misterioso comité que el año pasado dio la sorprendente conferencia de prensa. Pero ¿qué ha ocurrido en Travers? Un habitante del pueblo ha dicho que la noche del 13 al 14 de los corrientes vio pasar una ambulancia seguida de tres coches y que al cabo de un rato oyó unos disparos. Todo lo que se sabe es que unos individuos se presentaron en el chalet de Peiper; que la casa fue incendiada, y que entre los escombros de ésta se ha encontrado el cuerpo calcinado de un hombre no identificado, que se supone es “el alemán”. Eso es todo.

En Travers se tiene la convicción de que el antiguo Coronel de las SS ha sido muerto por antiguos resistentes o deportados. “Tenía que suceder”, dicen algunos vecinos. Y nadie se arriesga a más. Pero esa explicación fatalista no acaba de convencer a la policía. Según una reconstrucción primera de los hechos, los ladridos de sus perros advirtieron a Peiper de que alguien rondaba la casa. El Coronel, cuya esposa e hijas habían abandonado Francia el día anterior, salió a la terraza y comprobó que estaba cercado. En seguida entró en el chalet, cogió una escopeta de caza y abrió fuego contra los asaltantes. La lucha fue breve: “el alemán” fue alcanzado por una bala y cayó muerto. Sus adversarios arrojaron unos cocteles molotov y la casa ardió. Alguien ha dicho que vio levantarse las llamas en la noche tranquila y sin aire. Al día siguiente - ayer - no quedaba nada del chalet. Pero es posible que los hechos no hayan sucedido de esta manera. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que Joachim Peiper había sido advertido por sus agresores que la noche del 13 al 14 sería muerto, y es de suponer que el antiguo Obersturmbannführer no se dejara matar como un indefenso conejillo.

Es probable que Peiper hiciera algo. ¿Qué? Por ejemplo, marcharse de la casa y vigilar la llegada de sus enemigos desde un lugar oculto. Pudo disparar y matar al intruso que primero se acercó al chalet. Luego, cuando los asaltantes se retiraron tras haber arrojado varios explosivos, pudo volver a la casa, metido en ella el cadáver que se hallaba junto a ella, incendiar el edificio y escapar por el bosque. “Maigret” o cualquiera de los policías ocupados en la encuesta del caso les expondrían a ustedes a una buena docena de otras posibilidades. Los resultados de la autopsia de cuerpo calcinado encontrado en la casa de “el alemán” serán conocidos mañana. Hasta entonces cada cual es libre de imaginar lo que quiera acerca de lo sucedido en el pequeño chalet de Travers, donde Joachim Peiper, antiguo Coronel de las SS, fue a olvidar sus recuerdos de guerra o a revivirlos tranquilamente hasta el fin de sus días. Nadie sabrá nunca lo que “el alemán” pensaba de sí mismo.



Tristán La Rosa; París, 15 de julio de 1976.







3 comentarios:

  1. Uno de los mejores carristas de los Panzer alemanes y de las SS dentro de la 1ª División Leibstandarte SS Adolf Hitler.

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    1. Gracias por la visita, estimado Trueno. Sin duda, Peiper es una de las tantas figuras emblemáticas de la poderosa ofensiva alemana. Un cordial saludo.

      Ana V.

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  2. Este hombre anciano ya,fue asesinado por el odio que promueven los judíos desde el cine y la tv. Pero hoy sabemos gracias a los revisionistas,que todo es una gran mentira.
    Descanse en paz este hombre que murió por haber defendido su país de la agresión y humillación tras la 1g.m

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