sábado, 8 de febrero de 2014

MAGDA GOEBBELS 2 (color): "Son las madres las heroicas luchadoras por la libertad, el honor y la Patria. La mujer dio a sus hijos a la Patria. Mientras fuera los hombres mantenían la gigante lucha contra un mundo de enemigos, diariamente miles de cuchillos atravesaban el corazón materno. Llena de continuas preocupaciones y temores por el destino de su marido y sus hijos, encontraba tiempo y fuerzas para ayudarles en su desesperada lucha, con sacrificio y amor."


LA MADRE: FIDELIDAD EJEMPLAR

La alegría más pura, la felicidad sin sombra de la madre, la experimentará ella en sus nietos. Con ello sólo ya es feliz y es por este medio como la naturaleza paga su continua vida de sacrificios. Aquí podrá mimar sin obstáculos, aquí ella se podrá alegrar con toda el alma, sin estar cargada con duros deberes, y aquí los hijos casados deberían saber conceder sin límites esta felicidad para ella, bien merecida. Nunca podrá ser equiparado lo que pueda contribuir la abuela a una deficiente educación del nieto, con la enorme deuda de agradecimiento contraída con la madre, y aunque la abuela pueda dificultar la educación de los nietos, no puede ello ser comparado con la inmensa alegría que experimenta. Dejemos a nuestras madres este privilegio y no nos embarquemos en temerosas preocupaciones educativas. Las madres de nuestra actual generación, tienen más derecho que las anteriores a ver reconocida su laboriosa entrega y sacrificio:

Son las madres de los años de la guerra y la inflación, las que vivieron los años de esplendor y decadencia de Alemania. No sólo han vivido el duro destino de todas las madres, sino que además son las heroicas luchadoras por la libertad, el honor y la Patria. Los logros de la mujer en los años de guerra, no quedan de ninguna manera por detrás de la heroica lucha de los hombres en el campo de batalla. Dio sus hijos a la Patria. Mientras fuera los hombres mantenían la gigante lucha contra un mundo de enemigos, diariamente miles de cuchillos atravesaban el corazón materno en la Patria. Palabras nos bastan para describir el sinnúmero de sacrificios que diariamente se prestaron, y pese a todos los tormentos del alma, encontraron la fuerza para sustituir al padre ausente, para sustituir a la ausente fuerza de trabajo paterna. Llena de continuas preocupaciones y temores por el destino de su marido y sus hijos, iba al puesto por ellos dejado y aún encontraba tiempo y fuerzas para ayudarles en su desesperada lucha, con sacrificio y amor.

Pero no bastaba con esta carga espiritual que representaban los ausentes. Su corazón se rompía en pedazos a diario al ver el hambre de sus hijos en el hogar. Este supremo esfuerzo corporal y esta pesada carga espiritual, la tomaba sobre sí a gusto. Su vida era más que nunca una eterna preocupación y esfuerzo, lucha y objetivos alcanzados, y este tiempo enseñó al mundo todo lo que una madre es capaz de hacer. ¡Cuántos corazones maternos han sido heridos de una manera incurable! ¡Cuántas esperanzas maternas han sido enterradas, y cuántos heroicos corazones de mujer han sabido, cuando el temible destino les arrebató al padre de sus hijos y sustentador de la familia, echar sobre sí de forma decidida la lucha por la existencia, y han sido para sus hijos, padres y madres, educadores y profesores!

Lo que esto significa, lo sabemos nosotros de los años de postguerra. Hemos vivido en los años de la inflación cómo la propiedad y la riqueza se convertían en nada. Cómo la propiedad duramente conseguida, era aniquilada en un día y cómo pese a todo el trabajo y al máximo esfuerzo, la preocupación por el futuro era inútil. Los más sagrados valores del Pueblo alemán se derrumbaban. Moral, Honor, Amor a la Patria… debían ceder ante el poder destructor de un modo de pensar ruin y falto de piedad.

Así también, el valor de la madre fue degradado, y el absurdo de una época frívola la apartó violentamente de su puesto ancestral de portadora y defensora de la familia y la degradó a compañera del hombre, cuyo último fin era estar al nivel del hombre o sobrepasarlo, en los terrenos de la política y el trabajo. No fue ningún milagro que cuando un hombre surgió del Pueblo, portador de una nueva época y luchador por una nueva moral y un nuevo honor, la mujer, y sobre todo la madre, ya de forma instintiva se pusiera a su lado, y tras comprender sus altos fines morales y espirituales, se convirtiera en su más entusiasta seguidora y fanática militante. El sacrificio de las madres ha sido de nuevo incalculable durante esta lucha. El número de maridos e hijos que durante esta lucha por Alemania cayeron asesinados, es grande, pero el número de lágrimas que han derramado las mujeres alemanas es inconmensurable… Y si hoy Alemania sale de la miseria y la desesperación camino de nuevo hacia la fe y la esperanza, la madre alemana tiene en ello una participación considerable. Y esto no lo queremos olvidar, ni nosotros ni Alemania.



Del libro: “Unsere Zeit und Wir” (Das Buch der deutschen Frau). Editorial Heinrich A. Berg de Gauting, cerca de München 1935.







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