miércoles, 26 de marzo de 2014

LA AUTOBAHN (5): "Las vías de comunicación son las arterias por las que circula la sangre viva de las naciones, y son el secreto del vigor y de la riqueza en todos sentidos."


LAS NUEVAS AUTOPISTAS EN ALEMANIA

Una breve permanencia en Alemania, me ha permitido ver algunas de las obras, que en el actual momento febril de reconstrucción y renovación, se han emprendido en el Reich.

Cronológicamente debiera referir primero todo cuanto se está haciendo para asegurar una perfecta organización de los próximos Juegos Olímpicos, que con su espíritu de “fair play” y de convivencia internacional, reunirán en Garmisch y en Berlín a representantes de las juventudes de casi todas las naciones en el próximo año de 1936. Pero, por su valor de actualidad, vale la pena de dejar para otro artículo el detalle de aquella organización, para referir brevemente el acto de inauguración que se celebró el pasado domingo de la primera “autobahn” que una a Frankfurt am Main con Darmstadt, y que no es más que el primer eslabón de una larga cadena de rutas automóviles proyectadas en toda Alemania y que han de abrirse al público en breve plazo.

Desde hace dos años se ha trabajado intensamente para realizar el pensamiento manifestado por el “Führer” de construir una gigantesca red de pistas para automóviles que unan entre sí a las más importantes ciudades alemanas. Las vías de comunicación son las arterias por las que circula la sangre viva de las naciones, y son el secreto del vigor y de la riqueza en todos sentidos. Si acaso el mundo puede llegar a puntos de coincidencia que no a unificaciones forzadas, imposibles en la inmensa y discrepante variedad, será en virtud de un intercambio más rápido y seguro de productos y de ideas que aproximarán cada día más a los pueblos. De momento el intercambio internacional está un poco aletargado debido a causas distintas, y en el repliegue nacional a que obliga ese letargo se procura, en la obra de revisión y reconstrucción nacionales que se observa por doquier, con intensidad y procedimientos distintos, reforzar en lo que cabe todo cuanto pueda aumentar la compenetración de los habitantes de una misma nación o Estado y facilitar el tráfico y el desplazamiento entre los puntos más apartados del mismo.

Las grandes naciones se han preocupado, con los problemas de cultura, que hacen a los individuos permeables a todo conocimiento y comprensión, de los referentes a las vías de comunicación, que son índice de la indudable fuerza y vitalidad interna de las mismas. Los alemanes han estudiado también ampliamente el problema. Reciente está aún el éxito de una exposición celebrada en Munich, el pasado año, con motivo del VII Congreso Internacional de carreteras, en la cual se exponían documentos referentes desde las antiguas vías romanas hasta las modernas arterias de comunicación. Actualmente en Essen se exhibe otra gran exposición de los medios mecánicos de transporte en relación con las vías de comunicación y vigilancia de las mismas. Entre tantas empresas de gran envergadura como ocupan la atención de la Alemania actual - empresas de cultura, de deporte, de subsistencias, de ayuda a los parados, de reconstrucción y elevación nacionales, en fin - la de las vías de comunicación ha recibido un gran impulso. Por lo que se refiere a las terrestres, y con miras al porvenir es importante la de las “autobahnen” o pistas para automóviles de todas clases y únicamente para ellos, que al facilitar grandes velocidades con el mínimo riesgo facilitarán enormemente los transportes de una ciudad a otra. Y lo curioso es que con la motorización creciente de Alemania - en 1932, 48 mil vehículos a motor por 93 mil en 1933, cifra casi doblada en 1934 - los ferrocarriles no impiden la competencia, sino que la estimulan y aun la facilitan  y se alían con las nuevas empresas. Bien es verdad que siendo del Estado y siendo inspiradas o dirigidas por el Estado las grandes empresas de transporte, es más fácil el concierto de voluntades. La “Reichbahn” ha aportado a la nueva compañía hermana formada para la construcción de autopistas, la “Reichsautobahnen”, un capital inicial de 50 millones de marcos.

Al anunciar Hitler hace dos años, en el día de la Fiesta del Trabajo, la ejecución del nuevo plan de autopistas, con un total de 6500 kilómetros, afirmó que con el proyecto se proponía el Estado tanto facilitar trabajo a muchos desocupados como construir los caminos que correspondían a la nueva Alemania. Y el ingeniero Todt, director general de carreteras y colaborador principal de Hitler en la nueva empresa de las autopistas, ha dicho que siendo el paisaje el eterno fundamento de la esencia alemana, los modernos técnicos de caminos no pueden laborar con ideas abstractas en sus proyectos sino, que deben armonizar la perfección de la obra técnica con la forma y las leyes vitales del paisaje y con las formas espirituales de sus habitantes. Los romanos, maestros en el arte de construir carreteras, trazaban una línea a través de un territorio sin tener en cuenta, porque no eran precisas, otras consideraciones. Muchos de estos trazados aun quedan, pero en Alemania se quiere ver el problema de otra manera dando al habitante del campo, que vive al margen del camino, la misma importancia o más que la que tiene el que por él circula. La técnica completándose con la naturaleza; la obra del ingeniero armonizada con las bellezas naturales, tales son las normas de los nuevos constructores de autopistas alemanas. Quienes no tengan el sentido de la belleza del paisaje y trabajen en la abstracción de sus planos y sus medidas, no pueden construir nuevas pistas.

Este sentido de respeto al paisaje se ha logrado, en algunos trayectos maravillosamente, en el primer tramo Frankfurt-Darmstadt, inaugurado el pasado domingo. Primer tramo de 32 km. que se recorre con indecible placer ante el bello paisaje alemán, con sus exuberantes arboledas en las que el abeto, en sus variadas formas, es elemento decorativo de primera fuerza. Y cortando los grandes trechos de bosque, en el país de Hesse por el que corre la autopista, no faltan llanos, con el verde fino de los cultivos de cereales en contraste con el verde fuerte de alamedas y hayas.

La fiesta de la inauguración fue una fiesta nacional. Era el principio de la concreción en la realidad de un gran proyecto. Una movilización formidable de elementos hicieron del acto algo fantástico, sobre todo para quienes no estamos habituados a ello. A ambos lados de la pista hileras ininterrumpidas de camisas pardas que también estaban acordes con el paisaje, 32 kilómetros en doble formación, de pacientísimos “stürmers” que, más convencidos que nosotros del nuestro de la eficacia de su estoico sacrificio, aguantaron serios chaparrones y una furiosa granizada que cayó durante la mañana inaugural. Grupos compactos de público en todo el trayecto y en torno de la explanada en la que, ante el “Führer”, se pronunciaron los discursos de rigor. Un acto, en fin, grandioso en el que hubo entusiasmo a granel, muy legítimo ante una obra como la que se inauguraba, que supone una alta visión del porvenir, un esfuerzo considerable y una habilidad técnica nada común.

Ni qué decir tiene que los saludos hitlerianos se prodigaron en abundancia, y que los que tuvimos la suerte de asistir al acto y recorrer el bello circuito correspondimos, corteses y encantados, a esa efusión y entusiasmo legítimos de un Pueblo que trabaja por su grandeza con obras positivas como la de los “autobahnen”. Se calcula en 600 mil personas las que asistieron a la inauguración; de ellas unas 100 mil camisas negras y pardas. El cálculo no es exagerado porque trenes y autocares volcaron mucha gente en Frankfurt.
Y se calcula que el cortejo de autos oficiales y particulares, motos, camiones, autocares tenía una extensión de 20 kms.

Del discurso del Dr. Goebbels, que terminó el acto protocolario, son de subrayar los siguientes conceptos:

“Si echamos una mirada por el mundo podemos comprobar orgullosos que mientras en otras partes se habla, el trabajo alemán ha cogido el azadón y trabaja. Mientras los otros ponen en pie ejércitos armados, tenemos nosotros junto al ejército de las armas el ejército de las palas y del trabajo. No hemos venido al mundo para llorar y mendigar. Nos hemos arreglado nosotros mismos y sólo deseamos del mundo que nos deje en paz en nuestro trabajo”.

¿Y quién podrá negarse a esta última solicitud, e incluso a admirar la eficacia del trabajo cuando produce obras tan relevantes y meritorias como estas magníficas autopistas?

El proyecto total de las autopistas alemanas está concebido en grande. Serán en total o por lo menos suman los que se quiere construir, 6.500 km. De ellas están en construcción 1500 km en los siguientes trayectos:

Giessen-Frankfurt am Mein-Kalrsruhe (160 km), Stuttgart-Ulm (60 km), Munich- Frontera Austríaca (105 km), Munich-Berlín, trazado entre Leipzig y Nuremberg (180 km), Halle-Leipzig (35 km), Glauchan-Chemnitz-Dresde (60 km), Breslau-Liegnitz-Alta Silesia (90 km), Prusia Oriental (90 km), Berlín-Stettin (130 km), Berlín-Frankfurt y circular de Berlín (130 km), Berlín-Hannover (210 km), Brema-Hamburgo-Lubeck (125 km), Dortmund-Duisburgo-Düsseldorf-Colonia (80 km), Goettinga-Kassel (25 km) y en Kaiserslautern y Plauen (20 km).

Las autopistas están trazadas en línea recta o con ligerísimas curvas hasta 300 metros de radio, e inclinaciones hasta un 80 por ciento, acortando extraordinariamente las distancias tanto más cuanto que, como se comprende, en ellas serán posibles altas velocidades. Las pistas son dobles para las dos direcciones, de un ancho de 7,5 metros cada una, separadas por una vereda de césped y vegetación de 2 a 3 metros. El concreto armado es la materia principal de construcción, con empedrado y substancias bituminosas. Los cruces con las vías férreas o las carreteras ordinarias se han resuelto con pasos, de unas y otras, subterráneos o aéreos. Y en los ríos y en los grandes cortes de terrenos se han construido puentes, algunos de los cuales, entre ellos el que cruza el Main y el de Mungfall, que va de Munich a la frontera, son verdaderos alardes técnicos. A la inaugurada el pasado domingo, seguirá el próximo mes la inauguración del tramo Munich-Holzkirchen y en otoño está anunciada la apertura al público de otras diez más.

Alemania quiere tener la mejor red de vías de comunicación del mundo y no regatea sacrificios para tenerla. Quiere presentarlas - según ha dicho Hitler - “como el más poderoso documento de sus pacíficos progresos”. En este aspecto - que demuestra un empeño y una concepción muy meritorios - no nos queda más remedio que admirar y  aplaudir.

Son estos esfuerzos, hechos de oscuros y callados sacrificios, y estas ideas de unir la belleza a la técnica, las que a la postre se imponen y rinden al espectador imparcial y hacen la grandeza de una nación.



Oberón; 25 de mayo de 1935.







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