lunes, 17 de marzo de 2014

LA INDUSTRIA DEL AUTOMÓVIL (1): "En abril de 1933, Hitler intentó una nueva experiencia; supresión total de impuestos y patentes para todos los coches nuevos de turismo. El resultado fue inmediato. El número de coches matriculados en 1932 había sido de 41 mil. En 1933, se elevó a 82 mil."


AUMENTAR INGRESOS, DISMINUYENDO IMPUESTOS

Aumentar los impuestos, - los directos, especialmente - es cosa sencillísima para un Ministro; ahora bien, aumentar en proporción los ingresos totales, ya es harina de otro costal. Ocurre en efecto a menudo, que al apretar la clavija se mata la gallina de los huevos de oro. El resultado entonces es negativo: “l'impót a crevé le plafond” dicen nuestros vecinos del otro lado del Pirineo.

La recíproca también es cierta. Ocurre a veces en efecto, que al anular o disminuir un impuesto se aumentan en definitiva los ingresos. Basta para ello que se ensanche, por el juego de incidencias, el volumen de la materia imponible. He aquí la pequeña historia que nos cuenta Intérim en el “Matin”:

“En Alemania, el año 1932 había sido muy ingrato para la industria del automóvil.  ¿Qué hacer para salir del marasmo? En abril de 1933, Hitler intentó una nueva experiencia; supresión total de impuestos y patentes para todos los coches nuevos de turismo. El resultado fue inmediato. El número de coches matriculados en 1932 había sido de 41 mil. En 1933, se elevó a 82 mil.

La industria alemana del automóvil estaba salvada. Y desde luego, todas las ramas derivadas del automovilismo se aprovecharon de la nueva actividad. Los vendedores de bencina y aceite, doblaron sus ventas. Todo el mundo estaba contento. Bien, pero... ¿y el Fisco?

El Fisco también estaba satisfecho. En efecto: en 1932, el impuesto sobre compra de automóviles le proporcionó 24 millones de marcos, pero por el sólo aumento en la venta de carburantes y lubricantes obtuvo 40 millones suplementarios en 1933, es decir un beneficio de 16 millones para la Hacienda Pública. Aumentar los ingresos, disminuir el paro, y activar multitud de industrias por el mero hecho de suprimir un impuesto directo, extraña paradoja que asombrará seguramente a más de un técnico de la fiscalidad, víctimas de una inevitable deformación profesional.

Pero ahí están las cifras oficiales, y reconozcan ustedes que si mi pequeña historieta carece de gracia, no deja por ello de tener cierto interés.”

Estas líneas aparecieron en el “Matin” hace ya algunos días. Entre tanto, tuvo lugar en Berlín la “Exposición del Automóvil”, y la exposición constituyó un gran éxito de público y de ventas. 410 mil personas recorrieron aquellos salones. La industria alemana del automóvil, está salvada. Las fábricas trabajan a tres, turnos seguidos, 24 horas diarias.

Tan rotundos han sido por lo visto los resultados, que Hitler determinó ampliar el sistema: ahora son los coches de segunda mano también, los que quedarán libres de ciertos impuestos.

Es más, para dar un impulso nuevo a la construcción y luchar al mismo tiempo contra el paro, se iniciaron ya las obras del formidable plan de autopistas.

Precisamente el día 19 a las doce en punto, empezó en todo el territorio del Reich la “Guerra del Trabajo”. Veintidós autopistas, veintiún puentes, nuevas construcciones navales, ferrocarriles, y desecación de terrenos... para empezar.


G. M. J.; Barcelona, 07 de abril de 1934.







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