sábado, 29 de marzo de 2014

NACIONALISMO: "Éste es el amor y la entrega ilimitados, es permanente disposición para el sacrificio. Esto debe ser para ti sagrado legado y sagrada ley, ley que no está escrita en el papel sino que está hondamente grabada en tu corazón y por ello forma parte de tu corazón. Trabaja en tu perfeccionamiento. ¡Hállate siempre dispuesto a morir para servir al porvenir y a la eternidad!"


NACIONALISMO E INTERNACIONALISMO

Ser internacionalista significa pensar al margen de la nación, significa hermanar a los pueblos sin consideración por las fronteras y las diferencias raciales, significa promover esta unión aunque el propio pueblo sucumba por ello. Ser internacionalista entraña renegar de la propia sangre y nacionalidad, rechazar el concepto de patria y las obligaciones y nexos que de él derivan. El Internacionalismo se remite a la época de la Revolución Francesa de 1789. Entonces surgió el eslogan de libertad, igualdad y fraternidad que también llegó a ser consigna para la revuelta de noviembre de 1918. Libertad es aquella libertad que tenía en mente el capital bursátil y financiero Judeo-Internacional, y que en realidad no se quería que fuera otra cosa que una carta blanca para la desenfrenada explotación y lenta esclavización de todos los pueblos.

Libertad era también aquella concepción que veía su meta en un vivir desenfrenado. Igualdad: ¡una idea desvariada! No existen en la naturaleza dos seres vivientes, dos flores u hojas que sean exactamente iguales. Ni dos seres humanos ni dos pueblos pueden ser iguales. Observa un bosque: todos los árboles han sido plantados en el mismo momento. Pero los unos son débiles y bajos, los otros altos, fuertes y orgullosos. Si quisieras volverlos iguales, podrías o bien tratar de hacer crecer los árboles débiles y enclenques, cosa imposible, o bien deberías quitar la copa a los grandes, fuertes y orgullosos, para rebajarlos a la medida de los pequeños, igualmente algo imposible.

¡Fraternidad! Hermanos han de ser todos los hombres. Mientras no haya ángeles sobre la Tierra, sino seres humanos malos y buenos, fuertes y débiles, la fraternidad es una frase tan hueca y vacía como la de igualdad, concebida para que los pueblos caigan presa de sueños imposibles, logrando de esta manera tanto más fácilmente, que se transformen en dóciles instrumentos del Judaísmo Internacional. El desvarío internacionalista es representado actualmente, sobre todo por el Marxismo. Esta es la culpa más grave de esta doctrina desvariada, que alienó al trabajador alemán de la nación, del pueblo, denigrándolo a proletario, lo incitó a la cruenta lucha de clases y lo arrojó a los brazos del delirio de ‘proletarios de todos los países: uníos’. Y todo esto durante el más amargo tiempo de penuria del pueblo alemán que hubiera exigido el empeño de todas las últimas fuerzas.

Esta es la grave culpa del Marxismo, que quebró la voluntad de defensa y con ello asestó una puñalada al frente dirigido contra el enemigo, que mintió al pueblo con seductoras imágenes del futuro y en realidad lo llevó a la más profunda miseria, al oprobio, al escarnio y al deshonor. El espía francés Desgranges pudo constatar triunfalmente en su obra ‘En misión secreta en territorio enemigo’, que con la ayuda de gigantescas sumas de dinero que Francia donó durante la guerra a la socialdemocracia alemana la revuelta estalló en el momento indicado. Mientras, más tarde, los propulsores generalmente judíos del Marxismo gozaban de la existencia, espléndida y alegremente, en puestos seguros con sueldos pecaminosamente altos, millones de alemanes apenas podían vivir miserablemente como desocupados.

Trabajo y pan se les había prometido, y como receptores de limosnas se los entregaba a la miseria más amarga. Ningún pueblo de la Tierra se movió para ayudar a Alemania en el muy ponderado sentimiento de solidaridad. El trabajador alemán se vio traicionado y vendido.

La mentalidad internacionalista es un crimen cometido contra el pueblo, un pecado mortal contra la patria. El que piensa internacionalmente no ama a Alemania. El hombre SA empero debe amar a su patria con todo el fervor de su corazón. Tú eres hombre SA y con ello te profesas por la nación, el pueblo y la patria. ¿Tienes completamente clara conciencia de lo que esto significa? Tu militancia no debe tener nada en común con ese patriotismo de bebedores de cerveza, de una burguesía cobarde, perezosa, de ingrato recuerdo, que siempre encontraba su triste expresión en la mesa reservada de los parroquianos habituales en los himnos ‘Heil dir im Siegerkranz’ y ‘Deutschland über Alles’.

Semejante patriotismo fracasa en el momento en que la exigencia del sacrificio se aproxima a sus portadores. Fracasó en 1918 al dejar sin resistencia la calle a la revuelta de noviembre, escondiéndose cobarde y miserablemente detrás de los postigos de las ventanas y prefiriendo la propia comodidad y seguridad al destino incierto del combatiente. 

¡Nacionalismo! Éste es el amor y la entrega ilimitados, es permanente disposición para el sacrificio. El Nacionalismo no se acredita en los días de la dicha y del esplendor, en los que es fácil y no ofrece peligro hacer alarde de nacionalista. El Nacionalismo se prueba cuando tu pueblo y tu país son acosados por feroces enemigos, cuando sobre tu patria se extienden, bajas, las negras nubes de la desdicha, y cuando es perseguido y proscrito aquél que mantiene su lealtad para con ella.

¡Nacionalismo! Esto significa, camarada, que debes estar dispuesto a actuar por Alemania en todas partes y a toda hora, y dejarte despedazar si con ello rindes algún provecho. Por ella has de poder hacer todo y dejar todo. Nada debe serte demasiado difícil y nada demasiado duro cuando se trata del servicio por Alemania. ‘Alemania debe vivir aun cuando tengamos que morir’, esto debe ser para ti sagrado legado y sagrada ley, ley que no está escrita en el papel sino que está hondamente grabada en tu corazón y por ello forma parte de tu corazón.

El hombre del frente, aunque la llama del primer entusiasmo impetuoso hacía tiempo que se había extinguido, se mantuvo firme en la guerra de trincheras y su infernal fuego graneado durante largos años no cesó nunca, a pesar de que tenía la convicción de que el momento y la patria lo habían traicionado y volvían a traicionarlo a diario. Él se mantuvo firme y murió, a pesar de que sabía que hacía mucho que los gobernantes en casa no sólo malinterpretaban el sentido de la gran pugna, sino hasta lo falseaban; permaneció inflexible y murió con la fe en la Alemania del mañana, que ante su ojo visionario crecía de los sepulcros de los caídos y de las trincheras de los sobrevivientes. Se sentía como la simiente viva de este nuevo Reich. 

¡Camarada SA! Tú eres el nacionalista elegido. Todo servicio no es fin en sí mismo, toda la preparación física e ideológica tiene como meta final la creación de hombres capaces y dispuestos a ser protectores y defensores del Reich. ‘En el servicio por la patria se consumen mis fuerzas, esta antigua norma, directriz y lema vital prusiano ¡es una dura e inexorable exhortación a ti, camarada! Trabaja en tu perfeccionamiento y vive tu vida por Alemania, ¡pero hállate siempre también dispuesto a morir para servir al porvenir y a la eternidad alemana cuando el Führer te llama!


Hans Sponholz; del libro “Breviario político Nacional-Socialista”.







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