martes, 15 de abril de 2014

EL DESARME (2): "Por fuerte que sea nuestro deseo de paz, no se debe pedir histéricamente la paz a cualquier precio. ¿La guerra de mañana será una guerra con todas las armas, en identificación con el plano de operaciones del Führer? Sí. ¿Una guerra de la materia contra el espíritu? No. Jamás. El espíritu es inmortal”.


EL COMPROMISO DE SEGURIDAD

¿Se llegará, por fin, a un convenio general de desarme? Ya hemos observado en otras ocasiones que la palabra desarme se ha desvirtuado, en tal forma, que nadie cree en su sortilegio. A lo sumo, se ha reducido su sentido a “limitación”. Y si después de tantos tumbos la Conferencia del Desarme hiciera culminar sus trabajos en un convenio de limitación de armamentos, podríamos darnos por muy afortunados. Hoy puede hablarse así, porque nadie sabe quién podría gozar de los privilegios de la neutralidad en una guerra futura.

Todo depende de que entre Francia e Inglaterra se llegue a un punto de coincidencia sobre las garantías de ejecución del convenio. Francia está luchando heroicamente en el terreno diplomático, y de confirmarse las últimas impresiones de Londres, hay que confiar en que las demandas francesas hallarán eco en la opinión británica. Pero se comprende que Inglaterra se ande con pies de plomo antes de ofrecer a su vieja aliada un compromiso que equivaldría a una nueva alianza militar. Lo cierto es que si Inglaterra no cede algo en esto, si no puede ofrecer a Francia un grado de seguridad suficiente, la Conferencia del Desarme será un fracaso. Alejando este peligro, ya se habla de volver a aplazar la próxima reunión de la Mesa, que debe presidir Henderson.

En todas partes se nota una efervescencia, una desazón extraña. Barthou, en Bruselas; los Estados mayores de la Pequeña Entente, en Bucarest; el anunciado viaje del ministro de la Guerra griego a Turquía, la irritabilidad de las minorías, son otros tantos movimientos que coinciden con el crítico punto a que ha llegado el problema de las armas, que es el problema de la seguridad de las naciones.

Creer que va a seguir controlándose el cumplimiento de la prohibición de armas en la Europa central una vez reconocido el derecho de igual, es soñar.

“Por fuerte que sea nuestro deseo de paz - escribe un comentarista alemán -, no se debe pedir histéricamente la paz a cualquier precio. ¿La guerra de mañana será una guerra con todas las armas, en identificación con el plano de operaciones del Führer? Sí. ¿Una guerra de la materia contra el espíritu? No. Jamás. El espíritu es inmortal”.

Esta es una muestra del estado psicológico de los países vencidos. Y si en Londres no se tiene en cuenta este factor, esta fiebre explicable, todos los argumentos jurídicos y toda la previsión política pecarán de irrealidad. Por eso lo que resulte de las conversaciones de estos días puede tener carácter histórico para Europa.


La Vanguardia, 28 de marzo de 1934.







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