domingo, 4 de mayo de 2014

HERBERT VON KARAJAN 1 (color): "Integrada por 105 músicos, la orquesta seguía activa en 1945. Ante la emoción y los sollozos del auditorio ejecutó la Marcha Fúnebre de Sigfrido. Esa página sublime fue majestuosa. Casi al día siguiente... Berlín había empezado a morir."

Herbert von Karajan

EL FINAL DEL TERCER REICH: ÚLTIMO CONCIERTO DE BERLÍN

Más de una vez se puso como ejemplo, en circunstancias diversas y en forma un poco difusa, que en 1945 se llevó a cabo en Berlín un concierto en el que se habría ejecutado a Beethoven “entre las ruinas humeantes”. Revelación de un espíritu social y de un carácter, de un sentimiento artístico sublimado por la tragedia (Nietzsche, Wagner), ese episodio patético aconteció realmente y es probable que no haya quedado demasiado esclarecido históricamente hasta hoy, justamente porque aparece envuelto en la leyenda de los días postreros del Tercer Reich, nueva caída de un régimen que, como el de los Hohenslaufen, aspiraba a la hegemonía universal y terminó sepultado por los tártaros, los mongoles y los cosacos.

Se cumplen ahora 41 años de ese singular evento musical, oportunidad que resulta apropiada para brindar algunas precisiones al respecto. El 16 de abril de 1945, conviene recordarlo, comenzó el asalto soviético final a la capital alemana, y muy poco después, al cabo de una lucha terriblemente encarnizada en las calles y casas de Berlín, se produjo la capitulación (el 07 de mayo).

La orquesta filarmónica de esa ciudad (uno de los pocos grandes conjuntos sinfónicos del mundo que nunca visitó la Argentina) daba habitualmente sus conciertos en la Bernburger Strasse, un ámbito que fue arruinado por la guerra, y se había trasladado por ello a la Beethovensaal, recinto de estilo rococó, decorado en rojo y dorado, ubicado en la Koethener Strasse, que casi milagrosamente no había resultado dañado. La Ópera Municipal de Charlottenburg (influida por Goebbels), destruida totalmente por los bombardeos aéreos aliados en 1944, no estaba por cierto en condiciones de cumplir ninguna actividad y otro tanto ocurría con la Ópera del Estado, de la Unter den Linden, en la que pesaba con más fuerza la opinión de Hermann Goering.

El Ministro de Armamento y Provisiones del Reich, Albert Speer (fallecido en 1981), ejercía a su vez una suerte de patronazgo de hecho sobre la Filarmónica de Berlín, agrupación siempre de alto prestigio, que una década después en 1955, a la muerte de Furtwaengler, dirigiría largamente otro ex afiliado nazi: el salzburgués Herbert von Karajan.

Integrada por 105 músicos, la orquesta seguía activa en 1945, sobre todo por decisióndel Ministerio de Propaganda, en cuya órbita se encontraba. La velada en que Gerhard Toschner interpretó el concierto para Berlín en “re mayor” (opus 61), de Beethoven, tuvo lugar en la última semana de marzo, en medio de las sirenas, las alarmas contra incendios e incursiones aéreas y otros rumores de la contienda que llegaban del exterior.

Ese no fue, sin embargo, el último concierto de la Filarmónica, cuyos miembros se hallaban expresamente exceptuados de prestar servicio militar. En el curso del mes de abril (la fecha exacta se pierde un tanto en la confusión del holocausto final), la orquesta se presentó una vez más, también - al parecer - bajo la conducción del maestro alsaciano Robert Heger (1886-1978).

Son contradictorias las versiones acerca de las características de esa sesión. Pero si estamos a la relación del representante de la agrupación, Doctor Gerhart von Westermann, lo concreto es que ningún músico había optado todavía por abandonar la capital del Reich, y que en dicha ocasión, por sugerencia del propio Speer, quien estaba presente, ante la emoción y los sollozos contenidos del auditorio, la orquesta ejecutó como número final la Marcha Fúnebre de Sigfrido, de “El Ocaso de los Dioses”, de Wagner.

La traducción de esa página sublime, según se ha dicho, fue majestuosa. No había calefacción y hacía mucho frío en el interior de la sala, cuya única iluminación parecía ser sólo la mínima, de los atriles. Casi al día siguiente, los tanques del mariscal Iván Koniev cruzaban el Spree. Berlín había empezado a morir.


G. Maldé.









1 comentario:

  1. Gracias. Imagino que ese momento fue sumamente nostálgico. Y vaya mi humilde reconocimiento para el Volkssturm, que defendió hasta el final Berlín y su patria. Un abrazo!

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