viernes, 16 de mayo de 2014

JOSEPH GOEBBELS 53 (color): "Estos bravos muchachos sólo tienen una inspiración: que el Partido recobre su auténtica sustancia y carácter, pues sólo así existirá la posibilidad de dar otro rumbo a la guerra. Estos jóvenes están todos de mi parte y ven en mi a su portavoz que dice sin rodeos al Führer lo que hay que decir."


DEBEMOS SER COMO FEDERICO 'EL GRANDE'

Debemos ser como Federico 'el Grande' y conducirnos como él. El Führer se muestra totalmente de acuerdo conmigo cuando digo que ha de ser nuestro objetivo procurar que, si dentro de 150 años se produce en Alemania una crisis tan grande como la presente, nuestros nietos puedan invocar el ejemplo heroico de nuestra firmeza. También la actitud estoico-filosófico que hoy adopta el Führer ante las personas y los acontecimientos recuerda a Federico 'el Grande'. Me dice, por ejemplo, que es necesario trabajar para su Pueblo; pero que ésta no puede ser sino tarea de hombres, limitada. Que quién sabe si no volverá a producirse un cataclismo en el mundo que haga que todo el planeta estalle en llamas. Que, de todos modos, es nuestra misión cumplir nuestra obligación hasta el fin. En esto el Führer es todo un estoico, digno sucesor de Federico 'el Grande'. Lo emula consciente e inconscientemente. Esta actitud debe ser para todos nosotros un modelo y un ejemplo. Con cuánto afán deseamos nosotros imitar este modelo y este ejemplo. Es una lástima que algunos desentonen tanto del resto. No son Nacional-Socialistas, sino unos sibaritos, y no digamos sucesores de Federico 'el Grande'.

¡Qué figura tan imponente y elegante presenta Doenitz comparado con ellos! Éste es, según me dijo el Führer, el mejor hombre del Arma. Dice que bajo su mando, la Marina no ha conseguido más que éxitos. Que tambier Raeder tenía una gran talla; que siempre le tuvo una confianza ciega y que supo dotar el Arma de un espíritu que ha de permitir que la Kriegsmarina alemana salga incólume de la Guerra Mundial. Es una lástima que hombres semejantes no representen al Partido, sino que éste sea representado por alguien que tiene tanto en común con él como una vaca con los radiólogos. Pero, como decía, este problema tiene que ser resuelto ahora. No sirve de nada dar vuelta a las cosas, ni se hace un favor al Führer tratando de protegerlo con el silencio.

La conversación que sobre éste, a mi juicio, problema capital de nuestra estrategia, sostengo con el Führer, se desarrolla de modo dramático y tempestuoso. Pero el Führer me da la razón en todos los puntos. Me parece que le molesta que las cosas hayan llegado hasta este extremo; pero no que yo le hable con tanta brusquedad y franqueza. Por el contrario, me elogia por ello, me apoya sin reservas y se alegra de que por lo menos, le diga lo que pienso. Le digo que estos últimos días he leído el libro de Carlyle sobre Federico 'el Grande'. El Führer conoce este libro muy bien. Le cuento algunos capítulos que lo conmueven profundamente. Así tenemos que ser y así seremos. Y si alguno pierde el compás hay que llamarlo al orden. Los bufones condecorados y los petimetres perfumados no tienen nada que hacer en la estrategia militar. O cambian o son eliminados. No cejaré ni descansaré hasta que el Führer remedie esta situación. 

Estoy convencido que esta conversación con el Führer ha sido oportuna. Era necesaria y el momento absolutamente propicio. la charla se desarrolló en tono tan alto que los ayudantes pudieron oir, desde el otro lado de la puerta, todo lo que decíamos. Estos bravos muchachos sólo tienen una inspiración: que el Partido recobre su auténtica sustancia y carácter, pues sólo así existirá la posibilidad de dar otro rumbo a la guerra. Estos jóvenes están todos de mi parte y ven en mi a su portavoz que dice sin rodeos al Führer lo que hay que decir. Alrededor de la mesa de la Cancillería del Reich cena un grupo de cansados oficiales. Entro saludando apenas. Estos hombres me son extraños a más no poder.

En casa tengo un montón de trabajo que despachar, pero ahora lo acometo con rapidez y energía, pues acabo de quitarme un gran peso de encima. Por la noche tenemos sobre Berlín el obligado atacado de los "Mosquitos". La situación en el Oeste me preocupa. ¿Qué ocurrirá si el enemigo llega a romper nuestras líneas? Pero no nos pongamos aún en lo peor. Lo importante es que, por lo menos en la cuestión básica de nuestro gobierno, he conseguido despejar el camino. Durante la noche vuelven sobre Berlín los malditos ingleses con sus "Mosquitos" y le roban a uno las pocas horas de sueño que ahora necesita más que nunca.


Dr. Paul Josef Göbbels; extracto del "Diario de Goebbels", miércoles 28 de febrero de 1945.







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