sábado, 31 de mayo de 2014

ROBERTO FARINACCI (3): "Sé las innumerables preocupaciones que abruman al Jefe y, al verle tan calmoso, vuelve a arrebatarme el viejo entusiasmo. El General habla de pruebas de la conspiración. Mussolini escuchó. Tuve la esperanza de que esta vez se encargaría del asunto con su habitual energía. El fin del Fascismo significaría el fin de Europa y de su independencia."

Dino Grandi

GRANDI, BADOGLIO Y AMBROSIO: JEFES DE LOS CONJURADOS

27 de junio de 1943.-  Cesare Mori me llamó muy temprano esta mañana. Según me dijo, tenía asuntos urgentes que comunicarme personalmente. En realidad, siempre está despierto antes de las ocho de la mañana. En esta ocasión no estaba solo. Un General del Cuerpo del Ejército, muy capacitado, que ocupaba un importante cargo en los Balcanes, se encontraba con él. Mori estaba excitado. El General había recibido informaciones de otra conspiración para desalojar al Fascismo, con el pretexto de restablecer el prestigio de la Monarquía. Pregunto los nombres de los conjurados. Mori duda. Yo insisto. Entonces menciona los nombres de Dino Grandi (8), Pietro Badoglio, Pietro Acquarone y Vittorio Ambrosio. Le creo ciegamente. Los tres primeros son, realmente, unos personajes sombríos. El cuarto, un ambicioso sin escrúpulos. Pido un automóvil y, mientras llega, llamo al Palacio de Venecia.

El Duce nos recibe y nos saluda, al General y a mí, con una sonrisa y con las palabras: “¿qué hay de nuevo?”

Sé las innumerables preocupaciones que abruman al Jefe y, al verle tan calmoso, vuelve a arrebatarme el viejo entusiasmo. Le hago un relato de los hechos. Él escucha en silencio. El General habla de pruebas de la conspiración. Afirma que Ambrosio, por ejemplo, aprovechándose de la enfermedad del Duce durante el pasado noviembre, había celebrado varias entrevistas con ese loco decrépito de Ivanoe Bonomi, con el Príncipe Humberto y con Badoglio, entrevistas en las que se discutió un plan elaborado por el mismo Ambrosio: la revocación de Mussolini, la abdicación del Rey, la coronación del Príncipe, la entrega del Gobierno a Badoglio o a Bonomi y una separación gradual del Nacional-Socialismo, con el consiguiente desalojamiento del Fascismo de Italia.

Mussolini escuchó también este informe. Parecía muy pensativo. Creí que estaba preocupado, y tuve la esperanza de que esta vez se encargaría del asunto con su habitual energía. Le repetí mi advertencia de que debíamos prevenir una traición a la Patria. El fin del Fascismo ahora, en estos críticos momentos, significaría el fin de Europa y de su independencia.

De pronto, el Duce nos dijo:

-Muy bien, muchas gracias. Pensaré sobre todo lo que me han dicho. Sinceramente, no podía sospechar que ni un solo italiano me fallase en el momento crucial que está acercándose. ¿Cómo puede abandonarme el Pueblo italiano, al que he hecho tan grande, en el mismo momento en que por sus acciones, puede perder su vida y su libertad como Nación? Sin embargo, se lo agradezco mucho, y ya tendrán ustedes noticias mías.

Cuando el General y yo abandonamos la estancia, Mori nos preguntó. Yo permanecí en silencio. El General miró hacia el monumento de Víctor Manuel y al del Soldado Desconocido, y dijo:

-Para defender eso me marcho mañana a Croacia, mientras Su Excelencia debe permanecer aquí. Luche, se lo suplicó; luche por todos nosotros... ¡Quién sabe si volveremos a vernos otra vez!


Diario de Roberto Farinacci.

(8) Grandi desempeñó con el Fascismo los más altos cargos: embajador en Londres, Ministro de Justicia, Presidente de la Cámara de las Corporaciones. Después de la iniciación de la guerra se mantuvo en una prudente actitud anti-Eje, que se puso de manifiesto en la presentación de la moción de censura a Mussolini ante el Gran Consejo Fascista, que determinó la caída del Duce.







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