domingo, 22 de junio de 2014

DOCTOR ATL (3): "'Verá usted, querido Coningsby, que el mundo está gobernado por personas completamente distintas de lo que imaginan aquellos que ignoran la vida entre bastidores.' El pueblo Elegido había instalado en París una 'Kehilla' cuyo poder se sentía en todas partes. Esto último causó cierta extrañeza en los círculos políticos americanos, pero la prudencia impuso silencio."

Paul Warburg


LAS INFLUENCIAS ISRAELITAS EN LAS CONFERENCIAS DE PAZ (Parte 1)

"Verá usted, querido Coningsby, que el mundo está gobernado por personas completamente distintas de lo que imaginan aquellos que ignoran la vida entre bastidores." (Sidonia, en la novela "Coningsby" de Disrraeli)

El personaje de la novela de este ilustre estadista hebreo hace la reflexión que sirve de epígrafe a este capítulo, después de constatar durante un viaje por Europa en los años de 1840, que junto, o detrás de cada gobernante, o de cada político, o de cada financiero hay siempre un judío.

Los judíos mil codos arriba del mar agitado de la política y de los intereses locales o nacionales, con un dominio absoluto sobre el ambiente caldeado por las pasiones, dominaron en París durante las Conferencias de Paz todas las discusiones y los trámites burocráticos y se establecieron en el seno de las grandes y pequeñas comisiones y detrás de cada uno de los dictadores que formaron el Gran Consejo. Una fuerza operante, apoyada en principios fría y largamente meditados y dirigidos a obtener resultados completamente diferentes de los que se esperaban los representantes de las naciones congregados para obtener los frutos de la victoria y organizar la paz.

Sobre la voluntad de los vencedores y de los vencidos se impuso el espíritu de Israel, operante desde Washington en el ánimo del Presidente Wilson a través de dos eminentes judíos: Bernard S. Baruch y el rabino Weiss. Al llegar a París el Presidente Wilson traía ya en su cartera los documentos del Covenant y los famosos Catorce Puntos que fueron impuestos sin discusión. 

Los que estuvimos en París durante el curso de las fantásticas conferencias pacifistas pudimos darnos cuenta de la enorme cantidad de judíos que pululaban en todos los centros políticos, informativos y militares de la Conferencia. En todas las comisiones encargadas de dilucidar los asuntos relacionados con la victoria y la organización de la paz, los judíos ocuparon sistemáticamente, es decir, en forma perfectamente organizada, los puestos más importantes, visibles y ocultos, desde las más altas esferas hasta los cargos de inocentes fotógrafos encargados de hacer grupos de grandes personajes.

El pueblo Elegido había instalado en París una "Kehilla" (*) cuyo poder se sentía en todas partes. Lawrence, portavoz de Wilson, Sir Philip Sasson, el consejero íntimo y de mayor influencia cerca de Lloyd George; el hombre todopoderoso cerca de Clemenceau, su secretario particular, Chandel y el premier de Italia, Sonino, todos eran judíos.

Dos hombres eminentes ejercieron una influencia extraordinaria, no sólo sobre el Presidente Wilson, sino en diversos círculos de las Conferencias de Paz: Bernard S. Baruch y Paul Warburg.

Paul nació en Frankfort, Alemania en 1868. Después de algunos viajes hechos en su juventud y de trabajar como socio de la casa bancaria de sus antepasados en Frankfort, se estableció en Nueva York en 1902 como socio de la casa Kuhn-Loeb & Co., a la cual perteneció muchos años sin haber adoptado la nacionalidad americana. Tres semanas después de su llegada a Nueva York, descubrió que todo el sistema bancario de los Estados Unidos era absurdo y publicó un estudio sobre este asunto, que llamó mucho la atención. El Sr. Albrich, otro judío muy inteligente, consejero de la Casa Blanca, ayudó a Paul a realizar su reforma y entre ambos hicieron aceptar el "Plan Warburg", que consistía en establecer un Banco Federal de Reservas, el cual funciona hasta nuestros días.

Paul fue primeramente republicano, después dio todo su apoyo a Wilson, pagando en compañía del Sr. Jacob Schiff, los gastos de la campaña electoral del Partido Demócrata, cuya victoria proporcionó a Warburg una influencia decisiva cerca del Presidente Wilson, quien lo nombró pocos días después de estallada la guerra, Presidente del Banco Central de la Unión, institución completamente oficial, lo cual no le impidió continuar con su carácter de socio de la casa Kuhn, en Nueva York y de la casa Warburg en Frankfort, dirigida por su hermano Maxim. Esto último causó cierta extrañeza en los círculos políticos americanos, pero la prudencia impuso silencio.

Los dos hermanos Warburg y sus asociados estaban a la cabeza del mundo financiero durante la guerra, unos en Alemania y otros en Estados Unidos. Ambos lograron realizar una serie de operaciones sobre valores y materias primas, que causaron un gran escándalo... tres años después.

Y aquí viene el final: Paul Warburg, extranjero no nacionalizado y socio de la casa bancaria de Frankfort representó oficialmente a los Estados Unidos en las Conferencias de Paz, y Maxim, su hermano, al Gobierno alemán. (Cualquier comentario quitaría interés a la exposición de estos hechos).


Gerardo Murillo (Dr. Atl); del libro "Ante la Carroña de Ginebra: la presencia judía en el Tratado de Versalles."


(*) "Kahal": comunidad judía en un determinado lugar. Antigua estructura de organización teocrática israelita.








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