miércoles, 18 de junio de 2014

KNUT HAMSUN 1 (color): "El gesto de Hamsun valía más que la pompa estilizada en esas ceremonias y lo vale hoy aún más ante el cúmulo de calumnias y mentiras vertidas sobre ambos. Pocos hombres lo conocieron realmente, uno de ellos sin duda fue Hamsun. El mártir noruego lo volvió a manifestar en la hora de la vergüenza e ignominia, cuando sus verdugos le interrogaron sobre el hombre que tanto antes como ahora es pintado con rasgos dantescos. Le bastaron tres palabras para definirlo: 'Era tan fino'."


EL ENCUENTRO DE DOS INTELECTUALES

El momento culminante en el trato de Goebbels con autores famosos fue sin duda su encuentro con Knut Hamsun, el 19 de mayo de 1943. Estaba todavía totalmente absorto en la impresión que le había causado aquella visita cuando yo me presenté ante él, a fines de ese mes para iniciar mi nueva tarea. En sus diarios menciona a menudo el honor que le había hecho el anciano premio Nobel de 84 años en visitarlo acompañado de su esposa, Marie Andersen, actriz y autora de preciosos cuentos infantiles, y miembro activa del Partido Nasjonal Samling, liderado por Quisling.

El mismo hablaba poco, pero lo que decía "delataba la sabiduría de la vejez". Goebbels lo confesó en sus diarios y me lo contó también a mi, agregando que se había sentido fascinado por "esa hermosa cabeza." Quizás pensaba también en aquellas otras no menos admirables de Gundolf, George y Goethe. Goebbels se interesaba sobremanera por los relatos de Hamsun, sobre su larga estadía en los Estados Unidos. Sin exagerar y en forma breve el ilustre visitante le explicaba a su anfitrión la falta de cultura existente en aquel poderoso país, descontando raras excepciones. No ocultaba su aversión hacia los ingleses, sentimiento que tenía desde su más temprana juventud, pero alimentada considerablemente por la tentativa de Churchill de invadir a Noruega, que Hitler pudo evitar horas antes. Poseía una inquebrantable confianza en que Alemania triunfaría en esta guerra que a su juicio los anglosajones habían impuesto al Reich. 

Pocos años después, cuando Noruega detuvo a uno de sus siete premio Nobel, poniéndolo tras rejas y sentenciándolo a una multa sideral luego de un escandaloso juicio, aquel señor de la Literatura le contestó al periodista noruego Christian Gierlöff respondiendo a la pregunta de éste sobre su visita al Ministro de Propaganda "Nazi": "Goebbels era un hombre distinguido, tenía tan hermosos y alegres hijos." Las mismas palabras repetía el 20 de octubre de 1945 frente al psiquiatra profesor Gabriel Langfeld, y quien le preguntó a Hamsun sobre su visita a Alemania en mayo de 1943. "Goebbels era toda una personalidad", le contestó sin titubeo, "era tan distinguido".

Hamsun resumía en estas tres palabras lo que sus íntimos colaboradores, quienes tuvimos la suerte de acompañarlo durante difíciles y trágicos años, y quienes pudimos ver lo que ocurría detrás de las bambalinas, también sentíamos. La caracterización de Hamsun era válida tanto para su esmerado aspecto exterior - el impecable vestir, el cuidado de sus manos, el prolijo peinado de su tupido cabello oscuro - como para su culto comportamiento social, sobre el cual uno de sus ayudantes, el Príncipe Schaumburg, educado él mismo en la alta escuela de la nobleza, afirmaba que [Goebbels] "era sencillamente perfecto".

Cuando Hamsun regresó a su casa del encuentro con Goebbels le preocupaba la forma de retribuir las atenciones recibidas por el Ministro alemán, en quien había conocido a un interlocutor de un elevado nivel intelectual. Era difícil regalarle algo a ese hombre que lo tenía todo. Además le recordaba mucho a su propia vida. Igual que Goebbels tampoco él había tenido éxito con sus primeras obras. El anciano Hamsun debe haber meditado mucho sobre el regalo más adecuado que le podría hacer al joven Ministro que tanto le hacía recordar su propia vida llena de reveces y desprecios. Lo que finalmente le hizo llegar a Goebbels de todas maneras, traduce un profundo afecto y respeto que van mucho más allá de la simple cortesía: era la medalla de oro que el Rey de Noruega le había concedido ceremoniosamente en el año de 1920, cuando Hamsun fue honrado con el Premio Nobel de Literatura.

El gesto de Hamsun valía más que la pompa estilizada en esas ceremonias y lo vale hoy aún más ante el cúmulo de calumnias y mentiras vertidas sobre ambos. Goebbels nunca usó aquel premio para sus métodos propagandísticos, por más que el tema se prestaba excelentemente. Ni siquiera lo mencionaba en rueda íntima. Muchas veces le oí hablar emocionadamente sobre el encuentro con Hamsun, pero sobre la medalla jamás.

Pocos hombres lo conocieron realmente, uno de ellos sin duda fue Hamsun. El mártir noruego lo volvió a manifestar en la hora de la vergüenza e ignominia, cuando sus verdugos le interrogaron sobre el hombre que tanto antes como ahora es pintado con rasgos dantescos. A Hamsun le bastaron tres palabras para definirlo: "Era tan fino." Sí, ciertamente lo era.


Wilfred von Oven; del libro "¿Quién era Goebbels?"







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