jueves, 5 de junio de 2014

MIGUEL SERRANO (2): "Los caballeros se han acabado, el respeto, el sentido del honor, de la lealtad. Sobre todo, la amistad. Ni capitalistas ni marxistas se han levantado jamás contra la esclavitud del interés del capital. Sólo un sistema lo hizo, sólo una nación: el Socialismo-Nacional de la Alemania Hitlerista. Más de ciento veinte naciones se movilizaron contra la Alemania de Hitler. Chile mismo fue obligado a romper relaciones y yo debí romper los lazos con mi tío, enrostrándole haberse prestado para poner su firma en ese documento."



¿POR QUÉ SOY NS? (Parte 1)

¡Cómo cambian las cosas! Por más de cuarenta años fui un regular colaborador de El Mercurio. En 1947 fui a la Antártida, en la segunda expedición chilena, representando a este diario. Desde la India, por casi diez años, desde Yugoeslavia y Austria, seguí siempre enviando mis trabajos y artículos. Y, ahora, en 1986, este mismo diario dedica toda una página a ridiculizarme y atacarme. En 1947 y en 1951, fecha de mi primera visita a Europa, el Director de El Mercurio, el inolvidable amigo y escritor Rafael Maluenda, publica mis crónicas sobre Hitler y Berchtesgaden, respetando mis ideales, que siempre fueron los mismos, que nunca han cambiado. ¿Qué es lo que ha cambiado, entonces, en nuestro país, que ahora nadie respeta a nadie, no se reconocen los valores, ni los servicios prestados, ni la labor desarrollada, ni mucho menos que un hombre mantenga sus ideales, o que tenga ideales? Algo muy profundo se ha modificado, se ha destruido para siempre. Los caballeros se han acabado, el respeto, el sentido del honor, de la lealtad. Sobre todo, la amistad. Eso que hacía que los hombres fueran amigos aun cuando pensaran diferente; porque eran chilenos, porque eran caballeros. Sin embargo, es cierto que hay algo en nuestro país que tira hacia abajo y que habría sido heredado de la España no visigoda, de esa España con sangres diversas y opuestas: la envidia, el deseo de destruir todo lo que sobresalga, lo bello, lo creador, lo imaginativo. Aquello que hacía decir a Gabriela Mistral, de un modo muy criollo: "No me voy a vivir a Chile, porque allá me van a llamar 'la Gabi' y me van a tomar para 'el fideo'". Y que tal vez haya llevado a Claudio Arrau a cambiar su nacionalidad por la norteamericana. 

Escribo en esta ocasión sólo para exponer esos ideales, que en esta página se ha pretendido ridiculizar, haciendo mofa de ellos; porque creo tener el derecho a defenderlos, siendo mi persona lo menos importante para el caso. 

Un poco de historia

Desde la masacre de los nazistas chilenos, en el año 1938, yo soy un nacionalsocialista. Antes no lo era, sin haber pertenecido jamás a un partido político y habiendo sido un joven escritor. En esos años mis simpatías se hallaban con la izquierda, a causa de la muerte de mi amigo de la juventud, el escritor Héctor Barreto, quien se había hecho socialista. Éramos muy jóvenes y justamente reaccionábamos emocionalmente. En todo caso, por ser un aristócrata de verdad, de las antiguas cepas de Chile y de España, jamás fui ni podría haber pertenecido a la derecha plutocrática y económica de este país, ni de ningún otro, al igual que aconteciera con mi tío Joaquín Fernández y Fernández, con mi abuelo, Joaquín Fernández Blanco, con mi bisabuelo Pedro y su hermano Domingo Fernández Concha, y mi tío el poeta Vicente Huidobro Fernández. Nuestras tendencias estaban hacia la izquierda; digamos mejor, hacia los desposeídos, hacia los humildes, hacia "los nobles de abajo", los auténticos, los que no tienen nada, pero tienen honor y lealtad. Esto me lo enseñó mi padre, diciéndome, cuando era muy niño: "La nobleza se encuentra siempre en los extremos, en el verdadero aristócrata y en el hombre del pueblo; lo peor es el 'siútico' y el plutócrata". Ésta es la historia breve, mi historia también y la Historia de Chile, de unos años ya olvidados, de unas décadas ya oscuras, que se ha pretendido borrar, pero que guardan ocultas sus raíces, que son las de los acontecimientos posteriores de nuestra historia política y social, como lo explico en detalle en mi libro Adolf Hitler, el Último Avatara.

Nacionalsocialismo

Abracé el Nacionalsocialismo porque éste era un Socialismo; pero un Socialismo-Nacional, no el de mi amigo Héctor Barreto, que era un socialismo internacional, y marxista, por consecuencia lógica. 

Y nunca más he cambiado, siendo por ello que hoy, por ejemplo, no puedo estar con el sistema económico que se ha implantado en Chile, de un supercapitalismo monetarista, donde la usura se aplica al interior, en los intereses y los préstamos, y desde el exterior, en los intereses y préstamos de pesadilla de la Banca Internacional. Es ésta la esclavitud al interés del capital, aceptada también y aplicada por el marxismo y la Rusia Soviética, en sus préstamos a los países satélites de su órbita y pagados con sangre, como en Cuba, cuando no hay suficiente dinero para ello. Por eso es irrisorio escuchar a Fidel Castro protestar por los préstamos usureros de la banca americana, cuando él paga aún más caro al amo ruso, con dinero y con la sangre de sus soldados enviados al África. 

Ni capitalistas ni marxistas se han levantado jamás contra la esclavitud del interés del capital. Sólo un sistema lo hizo, sólo una nación: el Nacionalsocialismo (el Socialismo-Nacional) de la Alemania Hitlerista. Su sistema abolió la usura, no aceptó el pago de esos intereses, abolió el "padrón oro" e instauró el "padrón trabajo". 

Si el Nacionalsocialismo se hubiera impuesto en el mundo, hoy no habría pobres, ni miseria, ni corrupción, ni explotación capitalista, ni esclavitud totalitaria marxista. Habría lo que realmente fue la Alemania de Hitler, lo más cercano a la justicia social y al paraíso sobre la tierra, que el hombre pueda pretender en este mundo y en este tiempo. 

Los enemigos

¿Quiénes fueron y son aún los enemigos del Nacionalsocialismo? Sin duda aquellos que eran y son afectados por este sistema que abolía por una parte la usura, la esclavitud del interés del capital, y, por la otra, el infierno y la miseria total, totalitaria, del marxismo bolchevique. Ambos se vieron entre la espada y la pared, amenazados en su misma existencia. Ésta fue la razón de que se unieran para hacer la guerra y destruir a ese peligro mortal.

Era difícil para un joven chileno de aquellos años llegar a entender ese odio mancomunado y esa unión férrea de capitalistas y marxistas en contra de la Alemania nazista y de la Italia fascista. ¿Por qué?, nos preguntábamos. Entonces, Hitler comenzó a explicárnoslo, en su libro genial, Mi Lucha. Tanto en la Rusia marxista como en el mundo de las democracias capitalistas, la mano que controlaba todo era la misma. La prueba de ello se encontraba en que ambos mundos, aparentemente opuestos, respetaban como sacrosanto el interés del capital. Y, ¿quién era el dueño del dinero en el mundo y del control secreto detrás de los soviets? Era el judío internacional. 

Ahora bien, si ello pudo despertar algunas dudas en los jóvenes chilenos, sin experiencia del mundo, ello pasó a ser confirmado por la experiencia del diplomático, en más de veinte años de deambular por muchos países, teniendo acceso a documentos e informaciones para otros vedados. Sin embargo, y mientras fui Embajador de Chile, nunca manifesté mis opiniones en público, para no dañar más a mi país. 

Más de ciento veinte naciones se movilizaron contra la Alemania de Hitler. Chile mismo fue obligado a romper relaciones con ese país, al que tanto le debemos. El gran Presidente que fuera Juan Antonio Ríos, lo hizo con la muerte en el alma. Lo sé, porque su Ministro de Relaciones Exteriores era mi tío Joaquín Fernández. Él debió romper lazos con Alemania, y yo debí romper los lazos con mi tío, enrostrándole haberse prestado para poner su firma en ese documento.


Miguel Serrano Fernández; de "Mi respuesta por qué soy Nacionalsocialista", El Mercurio (Santiago), 14 septiembre 1986.







1 comentario:

¡SE AGRADECE SU APORTACIÓN A ESPEJO DE ARCADIA!