lunes, 9 de junio de 2014

ROBERTO FARINACCI (4): "Hasta las tres de la madrugada no cesé de pasear por mi habitación. La entrevista de ayer me preocupaba. Me parece que si Mussolini no se decide a entrar en acción, habrá que advertir a nuestros aliados."

Eugen Dollmann


LA ALIANZA CON ALEMANIA

28 de junio de 1943.- Hasta las tres de la madrugada no cesé de pasear por mi habitación. La entrevista de ayer me preocupaba. Me parece que si Mussolini no se decide a entrar en acción, habrá que advertir a nuestros aliados. En principio, soy contrario a la idea de ponerme al lado de los alemanes, para cualquier cosa. Ciertamente, son grandes soldados; pero como políticos producen risa. Nunca he comprendido por qué la opinión antifascista y las radios enemigas me llaman el “Gauleiter” de Hitler. 

Evidentemente, ignoran que si soy un germanófilo señalado es tan sólo por un propósito: como los alemanes van a ganar la guerra, nosotros debemos intentar ganarnos la confianza y el respeto de los alemanes, observar las normas de nuestra alianza, ser fieles a los ideales y estar dispuestos a sacrificarnos por la Patria, porque ellos - los alemanes - deben saber que si mañana no cumplen lo pactado, nosotros estamos dispuestos a morir por nuestras ideas y por nuestro país, luchando en los Alpes Orientales como hoy lo hacemos en todas las aguas europeas contra los ingleses.

Me siento más tranquilo porque he decidido darme un plazo de treinta y seis horas entre mi entrevista con el Duce y mi próxima conversación con Hans Georg von Mackensen (9).

Al mediodía llamo a Carlo Scorza (10), quien, naturalmente, se encuentra al corriente del asunto.

-¿Sabes algo? - le pregunto.

-Nada - me contesta.

Es bastante. Por el momento no se puede hacer más en el día de hoy. Hasta ahora, Mussolini no ha comunicado a nadie ninguna decisión. Tomo una resolución, y llamo a Eugen Dollmann para pedirle que me arregle una entrevista con el embajador alemán, mañana por la mañana.


Diario de Roberto Farinacci.


(9) Embajador de Alemania en Roma.

(10) Secretarlo del Partido Fascista. La República Social Italiana juzgó su conducta como antifascista y fue absuelto. Posteriormente fue detenido por el Gobierno de Roma, pero Scorza logró evadirse, sin que, hasta ahora, haya sido encontrada su pista.







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