miércoles, 16 de julio de 2014

HERBERT VON KARAJAN 2 (color): "Su figura estuvo ligada a la Orquesta Filarmónica de Berlín, de la que fue nombrado director vitalicio, una fórmula realmente insólita pero muy propia de su temperamento absolutista. No dejó de tener problemas por su pasado estrechamente vinculado al Nazismo. En 1939, ya iniciada la guerra mundial fue nombrado director de la Ópera del Estado, en Berlín."



LA CAÍDA DEL IMPERIO VON KARAJAN

El famoso director de orquesta austriaco Herbert von Karajan falleció ayer en su casa de Arif, alrededores de Salzburgo. El maestro contaba 81 años y sufría una grave enfermedad de columna vertebral, lo que no le había impedido asumir su participación activa en el inminente Festival de Salzburgo. El próximo día 27, en la jornada inaugural del Festival, von Karajan debía dirigir la Orquesta Sinfónica de Viena en una producción especial de John Schlesinger sobre la ópera “Un baile de máscaras” de Verdi.

Sus métodos dominantes en la dirección del Festival de Salzburgo habían provocado últimamente una sucesión de ácidas polémicas, por lo que dimitió de su sillón de la gerencia ejecutiva en agosto del año pasado, aunque se reservó un puesto en la dirección, con derecho de veto sobre las producciones artísticas.

A pesar de su fama de conservador, Karajan era un devoto de la alta tecnología y le gustaba pilotar su propio avión reactor y los coches que integraban su extensa flota de súper deportivos. A los 75 años obtuvo su licencia de piloto de helicóptero: “Sentir el latido del motor -exclamaba- conduciendo a gran velocidad en una carretera de curvas es como vivir el ritmo de la música desde el puesto de director; todo esto es ritmo y todo esto es mi vida.”

Con su carácter despótico y sus genialidades, con su porte de “playboy”, Herbert von Karajan, ha sido el más importante director de orquesta de la segunda mitad del presente siglo y el vértice de un incomparable imperio musical de múltiples ramificaciones.

Desde 1955, su figura estuvo ligada a la Orquesta Filarmónica de Berlín, de la que fue nombrado director vitalicio, una fórmula realmente insólita pero muy propia de su temperamento absolutista. En la dirección de aquella orquesta sucedió a su amigo Wilhelm Fürtwaengler y bajo su mandato se moldeó una formación orquestal de fisonomía singularizada en su propia figura.

Al principio de su carrera, von Karajan no dejó de tener problemas por su pasado estrechamente vinculado al Nazismo. En 1939, ya iniciada la guerra mundial fue nombrado director de la Ópera del Estado, en Berlín, al frente de la cual actuó varias veces en el París ocupado. Esta colaboración con el régimen Nazi alemán (más el hecho de que en 1933 se había afiliado al Partido Nacional-Socialista austriaco) le granjeó en su país una serie de medidas restrictivas desde el fin de la guerra hasta finales de 1947, cuando fue rehabilitado. Esta sombra  política sobre su pasado no le impidió ganarse el aplauso de todas las instancias musicales europeas al entrar en el decenio de los años 50.

Faceta decisiva en su personalidad, aunque no fuera la que más directamente llegara al conocimiento del gran público, era en von Karajan la clara visión de los negocios musicales y la habilidad para rentabilizar lucrativamente sus producciones. Fue en 1967, en ocasión de una especie de “contra festival”, en Salzburgo, donde él no sólo dirigió una serie de óperas -la “Tetralogía” de Wagner entera, para empezar- sino que se ocupó de la producción y puesta en escena, actuando como empresario. Dado que el coste se elevó a regiones astronómicas, las entradas se pusieron a un precio insólitamente elevado y se vendieron todas. Pero además, von Karajan trató de buscar recursos adicionales y los encontró concertando una grabación discográfica, una producción especial para la televisión, que se vendió a varias cadenas, y una película para explotación comercial que realizó con cineastas de fama, como Clouzot y Reichenbach.

La consiguiente empresa Karajan tiene firmado un contrato con Sony desde que apareció el sistema video y, perfeccionista él -y maniático- no ha dudado Karajan en manejar la cámara él mismo cuando le ha parecido que no se seguían exactamente sus instrucciones para la filmación.
Al principio, el método Karajan para obtener dinero dejó con un palmo de narices a toda la humanidad de promotores, empresarios, directores de teatros, etcétera, pero pronto todos se aprestaron a seguir el ejemplo.

Otra de las empresas típicas de von Karajan es la Fundación que lleva su nombre, destinada a reclutar jóvenes directores de orquesta seguidores de su estilo personal y a formar instrumentistas del estilo que él ha diseñado en la Filarmónica de Berlín, es decir, para actuar en cada momento como si cada uno fuera un solista inspiradísimo y no un músico anónimo entre los ciento diez que forman la orquesta.

Herbert von Karajan nació -como Mozart- en Salzburgo el 05 de abril de 1908 en una familia de inmigrantes griegos llamados Karajanis, aficionados a la música, y aprendió el piano en el Mozarteum. Estudió en Viena la dirección de orquesta hasta 1929, que es cuando firmó su primer contrato de director en el teatro de Ulm, para convertirse en el director de orquesta titular más joven del mundo. Después de la guerra mundial y de sus vinculaciones con el Nazismo oficial, ya referidas, von Karajan inicia una carrera brillantísima corno director de orquesta y de ópera, registrándose temporadas memorables en la Scala de Milán, en el Festival de Bayreuth en su reapertura, en la fundación de la Orquesta Philharmonia, de Londres, etcétera.

Ya instalado en el podio de la  Filarmónica de Berlín desde 1955, Karajan toma también la dirección artística del Festival de verano de Salzburgo y ocupó las mismas funciones a partir de 1957 en la Ópera de Viena (puesto que dejó con escándalo en 1964, aunque volvió reiteradamente a partir de 1977, como “director invitado”). En Salzburgo creó también el Festival de Pascua en 1967.

Entre sus numerosos conflictos en la Orquesta de Berlín, a causa de su Totalitarismo, fue aireado en todo el mundo, a fines de 1982, la imposición de una joven clarinetista contra viento y marea, lo que le condujo hasta las puertas del divorcio de su tercera esposa, Eliette (una maniquí francesa) hasta que en otoño de 1984 todo terminó con una reconciliación general.

Karajan había dicho hace un año que en su lápida quería el siguiente epitafio: “Murió tras largas y graves dolencias”.


Albert Mallofré; 17 de julio de 1989.







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