miércoles, 13 de agosto de 2014

INTERCAMBIO JURISTA: "Se prevé el intercambio regular de conferenciantes, el envío de revistas, artículos y libros, y la organización de viajes de estudios, a fin de que los jóvenes jurisconsultos tengan ocasión de estudiar los métodos jurídicos de ambos países."


INTERCAMBIO ENTRE LOS JÓVENES JURISTAS DE ALEMANIA Y POLONIA

Acaba de ser ratificado el convenio entre la Federación Nacional de Jóvenes Juristas alemanes y la Federación de Jóvenes Juristas polacos.

Este convenio prevé el intercambio regular de conferenciantes entre ambos países, el envío de revistas, artículos y libros, y la organización de viajes de estudios entre Alemania y Polonia, a fin de que los jóvenes jurisconsultos tengan ocasión de estudiar los métodos jurídicos de ambos países.


AgenciaHavas”; Berlín, 13 de agosto de 1935.







1 comentario:

  1. Armando di Blasio,

    Siempre es bueno regresar a los pensamientos de Hitler recogidas en sus conversaciones privadas, nose para ustedes pero en verdad para mi eso es lo unico que le agradezco a Bormann, y solo por ello, me abstengo de criticarle. Para mi siempre es un referente ese libro, lo he leido y releido en varias ocasiones en momentos de lectura y vaya siempre salgo inspirado y enriquece mas aun mis conocimientos. Lean sus conversaciones, he aqui unos extractos de lo que dijo en referencia a los juristas y la descentralizacion, contenido compartido con el articulo publicado:

    Entre nosotros, el concepto del Estado unitario lleva consigo la consecuencia de que en él todo debe ser dirigido desde el centro. La lógica extrema de tal punto de vista es que el más modesto de los funcionarios acaba por tener más importancia que el alcalde de Essen. Los ingleses hacen exactamente lo contrario en la India. Ciento cuarenta y cinco mil hombres gobiernan allí a ciento cincuenta millones. A nosotros nos harían falta millones de funcionarios.

    Los franceses no tienen ninguna autonomía administrativa. Son para nosotros el peor ejemplo, ¡aunque se trate del Estado ideal para nuestros juristas y abogados!

    Hay que reorganizar nuestra administración de modo que los hombres eficaces hagan su labor allí donde se encuentran, sin moverlos. Es el único medio de allanar las dificultades con las que tropieza el Estado de los juristas. En esta organización, será condición primera echar a los juristas de los ministerios. Ya les encontraremos empleos subalternos.

    Es igualmente algo sin sentido querer decidir desde Berlín todos los gastos de una provincia. Lo que está bien es poder controlar los gastos autorizados por el poder central. Cuando un funcionario de segunda clase debe pasar a primera, que esto se decida sobre el terreno ¡y no en Berlín por el ministerio del Interior, previo acuerdo con el ministro de Hacienda! Lo mismo que si el teatro de Weimar quiere renovar su guardarropa, que no tenga que dirigirse a Berlín. Eso es un problema local.

    Actuar de otro modo significa sumir en el olvido el sentido de las responsabilidades y contribuir al desarrollo de un espíritu de satrapía. Nuestros funcionarios están amaestrados para no tomar ninguna iniciativa: dan cuenta de todo y se hacen cubrir en todo por un superior jerárquico. Para Berlín, ¡he ahí el ideal del funcionario!

    Hay que hacer reformas radicales. Podrían suprimirse fácilmente las dos terceras partes.

    Consideremos al jurista como un consejero, y no le reconozcamos el poder de mandar. ¿Cómo es posible que un hombre que ha pasado su vida absorto entre expedientes pueda comprender algo de los problemas vivos? No sabe nada de ellos. No dejo perder la ocasión de enjuiciar a los juristas. Aliento la esperanza de que se desalienten así los muchachos que tengan intención de escoger esa carrera. Hay que poner a un nivel tan bajo esa profesión, que sólo los que no sientan más ideal que los papelotes puedan tener de hoy en adelante el deseo de consagrarse a ella.

    ¿Qué valen los escrúpulos jurídicos cuando algo se impone en interés de la nación? Si el pueblo alemán vive todavía, no es gracias a los juristas, sino a pesar de ellos.No soy el primero que ve en los abogados unos dañinos microbios. Federico el Grande no pensaba de otra forma.

    Les saluda,

    Armando di Blasio

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