martes, 23 de septiembre de 2014

ADOLF HITLER 70 (color): "La misión verdadera del arte, consiste en dar una expresión visible y viva a la esencia íntima, y, por consiguiente, eternamente sana de un Pueblo."


EL FÜHRER Y LA MISIÓN DEL ARTE

En el curso de la gran manifestación cultural que ha tenido lugar esta noche en la Ópera de Nuremberg, el Führer y Canciller del Reich señor Adolf Hitler ha pronunciado un gran discurso relativo a la Política Cultural de la Alemania Nacional-Socialista.

En el curso de su extensa peroración, el Canciller Hitler ha examinado principalmente la cuestión de si éste es precisamente el momento oportuno de ocuparse de los problemas culturales y artísticos, teniendo en cuenta que quedan por realizar todavía gigantescos trabajos urgentes en el terreno de la Política y de la Economía, y de si es justo erigir edificios monumentales en lugar de limitarse a satisfacer las necesidades materiales más urgentes del país, y finalmente, si es permisible hacer sacrificios para el arte, en una época en que existe todavía tanta pobreza, tanta miseria, tanta crisis y tantas lamentaciones.

A todas estas preguntas, el Canciller Hitler responde afirmativamente. A continuación afirma que el arte no es un fenómeno o una ocupación de la vida humana que, de acuerdo con las necesidades pueda ser cultivada o dejada enteramente de lado.

“La vitalidad profunda de un Pueblo está personificada siempre en las grandes manifestaciones artísticas que interesan a toda la humanidad. Nunca es superfluo conducir a un Pueblo hacia las fuentes de esta fuerza infinita resultante de su ser íntimo, que en los momentos en que las preocupaciones políticas o económicas podrían hacerle perder demasiado fácilmente la fe en su propio valor de esencia superior, y por consiguiente ser nocivas a su misión.

Cuanto más se desconocen las necesidades vitales naturales de una nación, tanto más importante es dar a esas necesidades vitales el carácter de un derecho superior por medio de documentos visibles que demuestren el alto valor de esa nación, ya que a través de los siglos darán testimonio no solamente de la grandeza de este Pueblo, sino también del derecho moral que posee.

Generalmente, la historia no juzga que un Pueblo es digno de permanecer en la memoria de los hombres más que en el caso en que este mismo Pueblo se haya elevado a sí mismo un monumento: el monumento de su propio valor cultural.

¿Qué sería de los egipcios sin sus pirámides y sus templos? ¿Qué serían los griegos sin Atenas y la Acrópolis? ¿Qué sería Roma sin sus edificios? ¿Qué serian ante la historia nuestros antiguos emperadores de Alemania, sin sus catedrales y sus palacios?

No existe ni un solo Pueblo que viva más que los documentos de su cultura. Estos, pues, son la vida de los pueblos a través de la historia. Es tanto más necesario ocuparse del arte y de sus creaciones cuanto la situación económica es más triste, pues nada como la situación económica recuerda mejor a un Pueblo que el sufrimiento humano, y la Política no es más que una aparición pasajera ante la energía eterna y creadora que hace la grandeza y la importancia de una nación.

El arte puede aportar a un Pueblo el más bello consuelo elevándolo por encima de la pequeñez del momento presente, como por encima de la malignidad de sus opresores.

El movimiento Nacional-Socialista, si quiere verdaderamente introducir cambios esenciales en el país, debe persuadir al Pueblo de su misión general y particular, demostrándole sus altas cualidades culturales y sus efectos visibles. Con ello no hará más que facilitar su propio trabajo y la lucha que tiene entablada, haciendo comprender mejor al Pueblo, mediante el efecto que han producido en todos los tiempos las grandes obras culturales y principalmente las obras de arquitectura, la grandiosidad de sus intenciones.

Si se quiere enseñar el orgullo de un Pueblo, es preciso darle una ocasión visible de ser orgulloso. La objeción que puede formularse ante este programa: la de que en un período de grave crisis material, sería mejor renunciar a todo trabajo en el dominio del arte, alegando que éste, en el fondo, no es más que un lujo, ha acompañado siempre a la creación artística, como la ha acompañado en verdad la miseria.

¿Es que existe alguien que crea seriamente que en una época cualquiera de alta creación artística no ha habido miseria? Cuanto menos produce un Pueblo en el terreno cultural, tanto más bajo es su nivel general de vida, tanto mayor la necesidad en que se hallan hundidos sus ciudadanos. El arte no es, en forma alguna, expresión de una tendencia capitalista. Lo cierto es que el Judaísmo, absolutamente infectado de un Capitalismo y obrando siempre de acuerdo con esta tendencia, no ha llegado a poseer jamás un arte propio y no lo tendrá nunca.

Con algunos años de régimen Nacional-Socialismo, Alemania obtendrá muchas más y mejores cosas en el aspecto de obras culturales, de lo que obtuvo en decenas de años, en el pretérito, bajo el régimen judío.

La misión verdadera del arte, consiste en dar una expresión visible y viva a la esencia íntima, y, por consiguiente, eternamente sana de un Pueblo.

Si un sedicente ‘artista’ sintiera en si la misión de representar la vida humana situándose en todos los casos en el punto de vista de los artistas que no tienen ningún valor, no podría hacerlo en una época que no comprendiera esta manera de pensar. Esta época ha pasado ya. Por ello ahora ya no es tiempo propicio para esta clase de artistas”.


AgenciaDNB”; Nuremberg, 11 de septiembre de 1935.







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