viernes, 26 de septiembre de 2014

ADOLF HITLER 73 (color): "La gran nación está obligada a asistir constantemente a estos espectáculos: los hermanos de la misma sangre son atacados en plena paz y arrancados del Reich, siendo tratados peor que criminales en un Estado. Y su sólo crimen consiste en esto: son alemanes y quieren continuar siendo alemanes."


EL FÜHRER ANTE EL REICHSTAG

He aquí el texto del discurso pronunciado por el Führer-Canciller, señor Hitler, en la sesión del Reichstag de ayer:

“Diputados y hombres del Reichstag alemán: En nombre del Gobierno del Reich alemán he rogado al Presidente del Reichstag, Señor Hermann Goering, que convocara para hoy en Nuremberg al Reichstag alemán. Hemos escogido este lugar porque el movimiento Nacional-Socialista se une estrechamente con las leyes que tenemos que someternos hoy. Hemos escogido esta hora, porque la mayoría de los diputados se encuentran todavía en Nuremberg en calidad de miembros del Partido.

A propósito de estas leyes que les son sometidas, bajo forma de moción, debo hacerles algunas sucintas observaciones. La primera parte del Congreso del Partido en Nuremberg, ha terminado. La jornada del Ejército la terminará mañana de un modo definitivo. El espectáculo que ofrece esta fiesta del Partido, refuerza la impresión del año pasado. El Pueblo alemán encontró el camino de una unión, de una disciplina del que todavía no se tenía ningún ejemplo en la historia.

Esta expresión de firmeza del Partido es al mismo tiempo la expresión de fuerza del régimen actual. Lo que la nación alemana deseó vanamente durante siglos, ya lo posee hoy. Pueblo unido de hermanos, libre de prejuicios recíprocos y de dificultades como en los tiempos pasados. El espectáculo que nos ofrecerá mañana el Ejército reflejará bien esta fuerza interior; no será una demostración de masas, sino solamente un cuadro del valor interno de nuestro nuevo Ejército.

El Pueblo alemán puede considerarse feliz y consciente de esta fuerza que recobra después de unos sufrimientos tan espantosos y de un tan largo período de impotencia. Y esto, particularmente, en una época que parece expuesta a una grave crisis, pero en que Alemania se demuestra sana en el interior y en el exterior, manteniendo en perfecto orden sus instituciones. La responsabilidad de los dirigentes del Reich, en tiempos tan graves, es todavía considerable. Para nuestra actitud sólo puede haber una sola directiva, que es nuestro grande e inquebrantable amor a la paz. Me parece necesario hoy hacer esta profesión de fe.

Desgraciadamente cierta Prensa internacional se esfuerza constantemente en ligar a Alemania en el dominio de sus combinaciones. Tan pronto se presenta a Alemania como actuando contra Francia, como se lanza la hipótesis que se vuelve contra Austria, después se señalan temores de que ataque a Rusia, no sé por dónde.

Lo más frecuentemente es que estos ataques, se presentan como un argumento en favor de la necesidad de coaliciones que, según las necesidades, se quieren más o menos variadas. De una manera tan magnánima esta Prensa trata la amistad alemana como si fuera un objeto a disposición inmediata de cualquier hombre de Estado que sienta la necesidad de tender su mano hacia ella.

¡Mis diputados, hombres del Reichstag! No tengo necesidad de asegurarles que las decisiones del Gobierno alemán no son nunca dictadas por un espíritu de hostilidad hacia nadie, sino que resultan de un sentimiento de responsabilidad del Gobierno para con Alemania misma.

Pero el fin de nuestra tarea no consiste en lanzarse a aventuras emprendidas a la ligera y, por consiguiente, insensatas. El objeto de la reorganización del Ejército alemán no fue de amenaza, ni de quitar la libertad a ningún Estado de Europa, sino únicamente el de asegurar al Pueblo alemán su libertad.

Este punto de vista determina esencialmente la actitud del Gobierno del Reich en Política Extranjera. Por esto no adoptamos ninguna posición con relación a los acontecimientos que no afectan a Alemania, ni deseamos vernos complicados en ellos, aunque el Pueblo alemán sigue precisamente con tanta mayor inquietud acontecimientos como los de Lituania.

En plena paz, y años después de la conclusión de ésta, fue robado el territorio de Memel a Alemania. Esta expoliación legalizada por la Sociedad de Naciones fue acondicionada con la observancia de una autonomía para los germanos de Memel, autonomía que ha sido determinada por los Tratados. Pues bien, después de los años transcurridos el elemento alemán de este territorio es maltratado y atormentado contrariamente a las leyes y a los Tratados.

La gran nación está obligada a asistir constantemente a estos espectáculos: los hermanos de la misma sangre son atacados en plena paz y arrancados del Reich, siendo tratados peor que criminales en un Estado. Y su sólo crimen consiste en esto: son alemanes y quieren continuar siendo alemanes.

Hasta ahora los representantes en Kaunas de las potencias responsables, se han mantenido en el límite de puras formalidades exteriores que no han tenido ningún valor, ni ninguna consecuencia interior.

El Gobierno alemán considera esta situación con atención y amargura. Sería para la Sociedad de Naciones una tarea loable que se interesara por la autonomía del territorio de Memel, dándole a su interés formas prácticas y eficaces antes que los acontecimientos no tomen un giro que algún día podrían ser deplorados por todas las partes. La preparación de las elecciones que actualmente tiene efecto en el territorio de Memel constituye una burla al derecho y a los compromisos contraídos.

Alemania no formula ninguna reivindicación injustificada al pedir que Lituania sea invitada por medios convenientes a respetar los tratados firmados. Una nación de 65 millones de hombres tiene el derecho de pedir que se le respete, al menos tanto como un Pueblo de dos millones de habitantes que comete arbitrariedades.

Desgraciadamente comprobamos que mientras que una inteligencia entre naciones sería más necesaria que nunca, la Internacional Bolchevique se entrega de nuevo, desde Moscú, y de una manera abierta y sistemática, a la agitación revolucionaria, o sea a la agitación internacional. El espectáculo del Congreso del Komintern, en Moscú, pone de relieve eficazmente la sinceridad política de no injerencia que reclama aquella potencia. Nuestra experiencia, como también la de otros Estados, nos enseña lo que debemos esperar de las protestas y de las representaciones de Moscú. Es por ello que estamos decididos a responder a la excitación revolucionaria Bolchevique en Alemania por las armas eficaces de los argumentos Nacional-Socialistas. El Congreso no debiera dejar ninguna sobre el hecho que el Nacional-Socialismo se opondrá, de la forma más radical, a toda tentativa del Bolchevismo de Moscú para penetrar en Alemania o excitar al país a la revolución.

Estamos obligados, además, a comprobar que aquí, como casi por todas partes, son casi exclusivamente elementos judíos quienes excitan a los pueblos los unos contra los otros. El insulto hecho al pabellón alemán, insulto que fue solventado de la manera más leal por la declaración del Gobierno americano, ilustra la forma con el que el Judaísmo se comporta con respecto a Alemania, incluso cuando se trata de funcionarios judíos. Éste insulto justifica plenamente nuestras leyes que tienden primeramente a prevenir semejantes hechos en nuestro Gobierno y la jurisprudencia alemana no puede permitir que se produzcan en ningún caso. Si precisaba todavía subrayar la justicia de nuestra concepción, la nueva excitación al ‘boicot’ que los elementos judíos ponen de nuevo en acción contra Alemania, le daría todavía un gran margen de justificación.

El malestar internacional, del que el mundo es víctima, parece desgraciadamente haber despertado entre los judíos de Alemania la opinión de que tal vez había llegado el momento de oponer visiblemente los intereses judíos a los intereses nacionales del Reich. En numerosas localidades se quejan en forma violentísima de la actitud provocadora que ha adoptado el Pueblo judío. Un número impresionante de quejas permite deducir que existe un cierto método en sus maniobras. Esta conducta ha llegado hasta las demostraciones ocurridas en un cinematógrafo berlinés contra una película extranjera que, en el fondo es inofensiva, pero que los centros judíos se creyeron atacados.

Se quiere que esta conducta no provoque acciones de defensa decidida por parte de la población indignada, y que es imposible controlar de una manera aislada. Así, pues, no queda más que la solución legal del problema. El Gobierno del Reich está dominado por el pensamiento de poder crear por una solución secular, basada en que permitirá al Pueblo alemán el no tener que soportar relaciones con el Pueblo Judío. Si esta esperanza no se realizara, si la excitación judía alemana y la excitación judía internacional continúan, procederemos a examinar de nuevo la situación para obrar en consecuencia.

Por todo ello propongo al Reichstag las leyes, a las que su Presidente, Señor Hermann Goering, dará lectura. La primera y segunda leyes cancelan la deuda por el reconocimiento al movimiento bajo el símbolo del cual Alemania ha recobrado su libertad. De esta manera se encuentra realizado el punto importante del programa Nacional-Socialista. La tercera ley es la tentativa para cancelar legalmente el problema que, en caso de un fracaso renovado debiera someterse para una solución definitiva al Partido Nacional-Socialista.

El Partido Nacional-Socialista y detrás de él, la Nación alemana, aprueban estas tres leyes. Les ruego que las adopten.”


AgenciaHavas”; Berlín, 16 de septiembre de 1935.







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