viernes, 26 de septiembre de 2014

ADOLF HITLER 74 (color): "La posteridad constatará un día que en una época en que reinaba la infidelidad y la traición, se formó una asociación basada sobre la fidelidad. Un día todos nos encontraremos juntos, en el panteón de la Historia, tal como hemos estado en la época en que hemos luchado juntos. Millares y millares van a partir ahora, después de terminado el Congreso, llevándose el alma embargada por la emoción."



CLAUSURA DEL CONGRESO NACIONAL-SOCIALISTA

El señor Hitler ha pronunciado el discurso de clausura del Congreso del Partido Nacional-Socialista.

El recinto de Luitpold estaba abarrotado de público, en número de varios millares de personas. Indudablemente, éste habrá sido el acto más emocionante de todos los que han tenido lugar en el transcurso de todo el Congreso. Evidentemente, todo el Pueblo alemán, presente en Nuremberg, mediante nutridas delegaciones de todas partes del Reich, ha oído el discurso del Canciller, y ha renovado una vez más ante él su adhesión al régimen y su firme entusiasmo por el Canciller.

Este ha sido ovacionadísimo a su entrada al recinto de Luitpold y en el momento de subir a la tribuna para dirigir la palabra al Pueblo, varios centenares de banderas de las organizaciones Nacional-Socialistas de toda Alemania estaban situadas alrededor de la presidencia del acto.

El Canciller Hitler ha empezado su discurso diciendo:

“Estoy más emocionado que en ningún otro acto de los que ha celebrado el Congreso del Partido, y eso es debido a que veo entre el público a representantes de toda Alemania, lo cual me da la inequívoca sensación de encontrarme delante de toda la nación.

El Pueblo alemán ha venido a Nuremberg precisamente para demostrar toda su fuerza vital, que nadie ni nada puede debilitar. ¿Cómo es posible que ese Pueblo, tan entusiasta, haya perdido tan a menudo, en el curso de su historia, el recto camino? Ninguna nación ha aportado tantos sacrificios al altar de la Patria como la nación alemana y, sin embargo, ya hemos visto nosotros mismos cómo esta abundancia de sacrificios en comparación con otros Pueblos, no ha dado el resultado que a través de todas las pruebas esperaba el Pueblo alemán: la realización de un mejor destino”.

El Canciller hace a continuación un breve resumen retrospectivo de la historia de la formación de los Estados germánicos, del establecimiento de los Estados alemanes, para llegar seguidamente a extensas consideraciones sobre la época de la Democracia. Afirma que el régimen democrático alemán debía hundirse a consecuencia de la falta de cohesión interior, agravada por los ataques que a la unidad del espíritu alemán realizaban el Judaísmo y el Bolchevismo.

“La Monarquía fracasó en su labor en Alemania, así como la Democracia Parlamentaria. Todos los alemanes deben ser Nacional-Socialistas. Los mejores Nacional-Socialistas serán los miembros del Partido, y los mejores miembros del Partido tomarán la dirección del Estado. La finalidad principal que perseguimos deberá ser, pues poner en el futuro a la cabeza del Estado y del Pueblo, solamente elementos perfectamente compenetrados en la verdad de la convicción Nacional-Socialista. El Nacional-Socialismo es forzosamente intolerante. No se trata de saber si la intolerancia es extraña al Pueblo alemán, sino de saber si esta intolerancia será beneficiosa al Pueblo alemán.

El Pueblo alemán debe mucho a la organización militar del Partido Nacional-Socialista. Muchas naciones estarían bien contentas si poseyeran una organización tan autoritaria y política, como la que posee la nueva Alemania. Una organización tal necesita una dirección decidida y en caso necesario que sea incluso ruda y agresiva, para que la masa llegue a reconocer ciegamente su autoridad. Ello es de interés nacional de todo el Pueblo alemán.

De la misma forma que el Partido reclama la sumisión del Pueblo a la voluntad del Partido, también la dirección del Partido debe reclamar la sumisión de cada miembro del Partido a su voluntad.

Tengo que refutar la frase pronunciada por ciertos elementos húngaros, que dice: ‘Estamos de acuerdo con el Führer, pero el Partido es otra cosa’.

¡Ah, no, señores! El Führer es el Partido mismo y el Partido es el Führer. No sé cuando cerraré los ojos; lo que sé es que el Partido continuará viviendo con Führers fuertes o débiles. El Partido, pues, es la garantía del porvenir del Pueblo alemán. Tengo fe en el Partido, y sé que será esa garantía de que les hablo. Estoy, pues, profundamente convencido de que ello será una realidad.

Sobre esta firme base se establecerá la nueva Constitución del Reich alemán. El Partido tendrá la misión de dar al Reich un Führer. El Ejército deberá ponerse a la disposición del Führer que el Partido haya dado a la nación. La fuerza obediente y organizada del Reich, obedecerá una vez más y demostrará la disciplina de todo el Pueblo.

Después de la proclamación de un Führer, éste quedará elevado a la categoría de Jefe del Partido, Jefe Supremo del Reich y Comandante en Jefe del Ejército.

Si se organiza la base del Estado en esta forma, Alemania podrá hacer frente a todas las tempestades que pudieran sobrevenir. El Partido y el Ejército, las dos bases fundamentales del Reich, deberán considerar que no podrán cumplir en ningún momento con su deber de otra forma que con una íntima colaboración. El Partido da al Pueblo la dirección que él reclama; el Pueblo da al Ejército los soldados de que tiene necesidad. Y los dos dan al Reich la paz interior, y con ello la fuerza suficiente para conservar la paz con el extranjero.

Vendrán y desaparecerán Führers. Cuando la muerte se los lleve, Alemania debe vivir, y sólo el movimiento Nacional-Socialista es capaz de conducir a Alemania por el camino de la vida. La posteridad constatará un día que en una época en que reinaba la infidelidad y la traición general en Alemania, se formó una asociación basada sobre la fidelidad. Llegará un día en que se dedicará una página en la historia del mundo, a los hombres que construyeron mediante el Partido Nacional-Socialista y el Ejército, el Imperio alemán. Ellos han asegurado la existencia de ese Imperio. Un día llegará en que todos nos encontraremos juntos, en el panteón de la Historia, en una fidelidad indisoluble, tal como hemos estado en la época en que hemos luchado juntos, y juntos hemos llegado a las grandes realizaciones.

Durante muchos siglos, Alemania era una familia, y no un Pueblo. Las diferentes ramas de alemanes eran tan diferentes en sus costumbres y en su idioma, que su unión era un sueño. Durante muchos siglos, esas divisiones impidieron la formación de una nación unida, de las diferentes ramas germánicas, y fue finalmente el Cristianismo, el que contribuyó a la formación de la nación alemana.

Sin el ejemplo de los pueblos de la antigüedad y sin el Cristianismo, la formación del Estado germánico habría sido inconcebible en esa época. La suerte de Europa y del resto del mundo, por lo menos por lo que se refiere a la raza blanca, habría sido también muy incierta. El Cristianismo fue el que permitió nacer el primer sentimiento de comunidad, a pesar de los contrastes existentes entre las diferentes ramas germánicas.

A propósito de la Revolución francesa, es peligroso dejar que el Internacionalismo y los principios democráticos se desencadenen sobre el mundo, y me refiero a los males que el Internacionalismo ha causado al Cristianismo. El Comunismo ha traicionado a Alemania.

No fueron los jefes de la economía, los profesores, los sabios, los soldados, los artistas ni los poetas y filósofos quienes sacaron al Pueblo alemán del abismo en que se encontraba, sino exclusivamente los soldados políticos del Partido Nacional-Socialista.

Millares y millares de partidarios nuestros van a partir ahora, después de terminado el Congreso, para sus respectivos hogares, llevándose a ellos el alma embargada por la emoción y animada de un nuevo entusiasmo. Es con este espíritu que saludamos al Ejército y a nuestro Pueblo alemán: ¡Viva el Ejército!”.

El discurso del Canciller, que había sido repetidamente interrumpido por clamorosas ovaciones en numerosos párrafos, ha sido saludado al final con una indescriptible ovación, y con un ‘Heil’ repetido tres veces en honor del Partido Nacional-Socialista, del Pueblo alemán y del Ejército.


AgenciaDNB”; Nuremberg, 16 de septiembre de 1935.







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