lunes, 8 de septiembre de 2014

EL ORIGEN DEL NS (2): "En las trincheras se estaba produciendo un cambio moral. Este presentimiento produjo el milagro de crear un sentimiento de comunidad. El NS aspira a transformar el alma del hombre. El dolor purifica, esto es una vieja verdad. El Hombre elegido por la Providencia se siente él mismo en su modesta sencillez, como instrumento de una potencia espiritual superior."


LAS TRINCHERAS: LA CUNA DEL NS

Hay dos explicaciones para el origen del Nacional-Socialismo. Una de ellas es que el Tratado de Versalles ha engendrado el Nacional-Socialismo. Esta explicación la han hecho suya incluso políticos destacados de la Entente. La otra explicación dice: "El Nacional-Socialismo ha nacido en las trincheras." Es ésta una frase de Hitler. Ambas explicaciones son exactas, con la diferencia de que la primera cita como causa hechos externos, mientras que la segunda se apoya sobre un acaecer interno.

En las trincheras alemanas ocurría durante los cuatro años de guerra algo que no tiene nada que ver con el Tratado de Versalles ni con toda la miseria con él relacionada. En las trincheras se estaba produciendo un cambio moral del alemán. Un proceso interno que destruyó el concepto que hasta entonces se tenía de toda la vida humana dejaba paso a otro completamente nuevo y distinto. Este proceso no fue el resultado de cavilaciones, ni tampoco de la desesperación o de la miseria. No fue obra de una conciencia superficial o de una voluntad orientada y organizada hacia fines determinados. Fue el producto de una sospecha latente en la subconciencia, cada vez más intensa y más imperativa, de que el mundo estaba mal organizado, y de una añoranza nacida en las más oscuras profundidades del alma, de una manera de vivir natural y sana, de una convivencia humana valiente, sincera y bondadosa. Fue producido por el convencimiento cada vez más claro de que se vivía dominado y reprimido por tradiciones y conceptos vetustos, por el presentimiento de que no sólo el Estado ni las personas, sino también sus ideas y su alma eran caducas. Este presentimiento produjo el milagro de crear un sentimiento de comunidad que no sólo unía a los individuos, sino que hizo surgir en ellos el ideal común: la Patria. Este sentimiento dio origen a una esperanza, una fe y una confianza que, en el momento dado consiguió fusionar al Pueblo en el empeño de salvarse de la crisis y de empezar una vida nueva.

En este sentido la afirmación de Hitler de que el Nacional-Socialismo ha nacido en las trincheras tiene un gran fondo de verdad. Por esto y sólo por ello el Movimiento Nacional-Socialista se transformó en una verdadera Revolución de carácter político, social y económico. Pero esto es sólo uno de sus aspectos y no el primitivo. Como dijo Hitler acertadamente: "su punto de partida radica, en el alma, en el espíritu." El Movimiento Nacional-Socialista no persigue como fin principal crear una nueva Política y una nueva Economía. Éstos son problemas secundarios y consecuencia lógica de la realización de su idea primaria, que aspira a transformar el alma del hombre. Ella ha hecho posible la victoria del Movimiento y garantiza la duración de sus conquistas. Ésta es la razón por la que los demás pueblos no lograron conocer y comprender el fondo y la esencia del Movimiento Nacional-Socialista.

Así surge de las penalidades de la guerra y de la postguerra, y de la experiencia de la vida pasada en las trincheras la revelación del Tercer Reich, como victoriosa realización del ensueño de una visión creadora. El dolor purifica, esto es una vieja verdad. Lo que sucede en Alemania desde 1933 demuestra que el dolor es también fructífero.

El Hombre elegido por la Providencia, para condensar el fructífero efecto de aquellos sufrimientos en una realidad palpable, en una realidad que adquiere la forma de un milagro y de una bendición, se siente él mismo en su modesta sencillez, como instrumento de una potencia espiritual superior. Ella le da la inquebrantable energía y decisión, el valor y el éxito, y sobre todo, la maravillosa y para muchos incomprensible influencia sobre el Pueblo. (*)

Junto a esta conciencia de su elevada misión y responsabilidad le invade, como se comprenderá, otro sentimiento humano, al que dio expresión el 30 de enero de 1937 con las siguientes palabras:

"He tenido en mi vida tres amigos poco corrientes: en mi juventud fue la miseria la que me acompañó durante muchos años. Cuando terminó la Gran Guerra fue el profundo pesar por la ruina de nuestra Pueblo el que me trazó mi camino. Desde este 30 de enero, hace cuatro años hoy, mi tercer amigo es la preocupación. La preocupación por el Pueblo y el Reich confiados a mi dirección. Esta preocupación no me ha abandonado desde entonces y probablemente me acompañará hasta el fin de mi vida."

(*) La Prensa extranjera se ve obligada a reconocer, aunque generalmente de mal grado, que Hitler disfruta entre el Pueblo alemán de una popularidad incomprensible para ella. Y, sin embargo, la palabra "popularidad", resulta débil en este caso. Los siguientes ejemplos, citados por Hadamovsky en su libro "Hitler lucha por la paz", revelan que se trata de un sentimiento mucho más fuerte y profundo:

"Cuando en marzo de 1936 se inauguraron los trabajos de construcción de la autopista de Francfort a Darmstadt, Hitler hechó con una pala la tierra traída en un vagón repleto hasta el borde, en el lugar en que la futura pista había de comunicar con el puente sobre el río Main. El dique elevado en dicho lugar apenas contiene ya aquella tierra, pues en los días, semanas y meses siguientes, se produjo un extraño espectáculo: cada vez que era relevada una cuadrilla de trabajadores, estos recogían un poco de la tierra que Hitler había echado allí ante sus propios ojos y se la llevaban en una cajita traída exprofeso, o en el pañuelo o en la tabaquera para conservarla en casa como si fuese un tesoro o una reliquia."

"En marzo de 1936 pronunció Hitler un discurso en la "Hanseatenhalle" de Hamburgo. Hacía tiempo que Hitler había abandonado el local cuando todavía se apiñaban miles de auditores tras de la mesa del orador. Uno tras otro colocaban sus manos sobre la mesa tras la cual había hablado Hitler. Todo lo que no iba bien sujeto desapareció aquella noche, y acabaron arrancando astillas de la mesa."


Johannes Öhquist; del libro "El Reich del Führer: Origen, Lucha, Cosmovisión y Estructura del Nacional-Socialismo".








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