viernes, 26 de septiembre de 2014

IMPRESIONES (1935): "En el Congreso actual el Canciller del Reich se ha identificado de nuevo enteramente con su Partido, del cual sancionó como Jefe de Estado las reivindicaciones más radicales, haciéndoles decisivas promesas para el porvenir."


SOBRE EL ACONTECIDO CONGRESO DE LA LIBERTAD

La impresión general que se desprende del VII Congreso Nacional-Socialista, llamado el “Congreso de la Libertad”, es que ante todo ha constituido una manifestación de Política Interior. A los que aún dudaban en sus convicciones, Adolf Hitler les ha mostrado la fuerza de su organización e hizo oír los gritos de entusiasmo de multitudes delirantes que lo aclamaban.

El de 1935 ha sido aún más que los de años precedentes, un Congreso para intimidar al adversario. El mismo Führer lo proclamó en su discurso inaugural, pronunciando un llamamiento final al espíritu de intransigencia que deben poseer sus partidarios. Los Jefes Nacional-Socialistas afirmaron en las resoluciones diarias del Congreso, que estaban dispuestos a hundir implacablemente todos los obstáculos que se opongan al triunfo de sus ideales.

El año próximo será, pues, un año de lucha. Si las dificultades materiales interiores provocasen un renacimiento comunista, la lucha anticomunista sería formidable. Además ahora el Reich acaba de crear un nuevo “ghetto” moral y político, con legislación propia para todos los judíos. Es probable que el antisemitismo continúe siendo uno de los grandes temas de la propaganda Nacional-Socialista.

Para muchos dirigentes Nacional-Socialistas, el Catolicismo Político continúa siendo el enemigo capital del régimen. Creen ellos que esta reacción se opone al resurgimiento Nacional-Socialista y lamentan un estado de cosas que no es favorable a ellos. Para proseguir esta lucha política, Adolf Hitler y el Estado Nacional-Socialista disponen de una potencia formidable. El Partido y las organizaciones NS dominan la vida interior alemana. La sola bandera roja con la cruz gamada, que Hitler ha decretado, expresa la unión indivisible del Estado y el Partido. En cierto sentido el Congreso, que acaba de terminarse podría ser muy bien una tentativa de liquidación de la crisis política que provocó la revuelta de Roehm. En junio de 1934, Hitler, dominado por una razón de Estado, se deshizo violentamente de algunos elementos radicales que le eran muy afines. Entonces subsistió la duda en muchos partidarios sobre la sinceridad de Hitler. Este año pasado, las dificultades materiales del Reich provocaron algunas veces fricciones entre el Estado y el Partido.

En el Congreso actual el Canciller del Reich se ha identificado de nuevo enteramente con su Partido, del cual sancionó como Jefe de Estado las reivindicaciones más radicales, haciéndoles decisivas promesas para el porvenir.

Las palabras pronunciadas por el Führer referente al Ejército, piden un examen atento. ¿Puede verse en las declaraciones de Hitler un eco de sus recientes conversaciones con los Jefes del Ejército, en el curso de un crucero por el Báltico y el deseo del Canciller de apagar ciertas susceptibilidades?

Es posible creerlo, porque Hitler ha exceptuado sin cesar al Ejército de las reivindicaciones totalitarias del Partido. El Ejército es una escuela que se ha cosido la cruz gamada en sus uniformes, pero guarda sus antiguas banderas. Mantiene su gran tradición histórica. El Führer se inclinó ante esta tradición y la propuso como verdadera escuela de la nación. El Ejército está ligado con Hitler por un juramento de fidelidad personal y guarda al Jefe del Estado un inmenso reconocimiento por haberle libertado de las cadenas de Versalles.

Pero no se ha convertido en el Ejército del Partido Nacional-Socialista. Es como proclamó el mismo Hitler, el Ejército del Pueblo alemán. Su posición privilegiada en el III Reich no puede desmentirse. Constituye un factor capital dentro de la evolución política alemana.


AgenciaHavas”; Nuremberg, 17 de septiembre de 1935.







No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡SE AGRADECE SU APORTACIÓN A ESPEJO DE ARCADIA!