domingo, 28 de septiembre de 2014

LA ECONOMÍA NUEVA (2): "La Nacionalización es izquierdista, en donde el gobierno obtiene la primacía sobre lo privado y puede ser sujeto a un desperdicio total del bien del que se apropia. Filantropía Social, elemento esencial del NS. Un Bien Comunitario. Los individuos mantendrían sus títulos, tenencia y posesión segura. La Naturaleza no es de ninguno, porque nadie la ha creado, solamente Dios. Sería insensato pensar como los liberales, al creer que la tierra es de quien la labra. Sólo es suyo los frutos de dicha labranza, la tierra en sí misma no lo es."



EL POR QUÉ EL NACIONALSOCIALISMO EN SU VERTIENTE ECONÓMICA, REPRESENTA UNA TERCERA VÍA EN LA DICOTOMÍA MUNDIAL (Segunda Parte) 

Hitler: "La salvación de un Pueblo no es un problema de hacienda, sino exclusivamente un problema del empleo y de la utilización de su mano de obra, por un lado, y por otro, de la explotación de la tierra y del subsuelo... Porque la comunidad popular no vive del valor ficticio del dinero sino de la producción real que es lo que da valor al dinero."

A consecuencia de este principio, se admite, al menos parcialmente y de una manera tácita, que el persistente problema económico no subyace en la propia naturaleza de lo que damos en llamar la propiedad privada, sino que es exclusivamente un asunto de la utilización de dos de los mayores activos que una Nación detenta en sus manos, lo cual aduce al Trabajador, ya sea que emplee sus energías creativas bajo la forma de desgaste físico en una planta manufacturera o haga uso de la mente para ocuparse de otra naturaleza de satisfactores, e igualmente hace alusión al factor de producción "tierra". Ustedes quizás, por no hallarse familiarizados con el debate económico que estuvo apantallando los grandes periódicos de principios del siglo 20, probablemente no consigan captar la esencia de la tierra como factor de producción y tampoco perciban con claridad la esencia de las palabras dichas por el Führer, pero es de una importancia de la que no se imaginan.

Cuando Hitler dice que la salvación real de un pueblo no está en Hacienda (ojo, importantísimo) sino que recae en la "explotación de la tierra y del subsuelo", esto lo mencionaba porque reconocía en la tierra un Bien Común (Ojo, común y no privado). Por qué les menciono que la tierra ya no se le reconoce como un factor terciario de producción? Porque sencillamente todo nuestro mundo torna alrededor del concepto de que la tierra es un factor de Capital y no un factor por sí mismo. Es decir, cuando se traslada a ser un factor de capital en el mundo práctico, este simple cambio de definición, produce que la tierra se vea como una Comodidad, que es comprable y vendible en el mercado al mejor postor y deja de servir a fines productivos, cosa que por demás es determinantemente errónea. La tierra es un Bien Comunitario que no debe ser sujeto a Propiedad Exclusiva de los particulares, sino debe ser propiedad de toda la Nación. Ahora, esto no indica, en modo alguno, la Nacionalización de la tierra, cosa que resquebrajaría todo el sistema agrícola y en última instancia, toda la economía como tal.

La Nacionalización es un concepto izquierdista, en donde el gobierno obtiene la primacía sobre lo privado y puede ser sujeto a un desperdicio total del bien del que se apropia, y pondría un repentino ALTO a todo el progreso económico agrícola e industrial. Esto no es lo que lo que se quiere e intenta con el concepto de Propiedad Común de la Tierra. Es como dijera Milton Friedman: "Si pones al gobierno a cargo del Desierto del Sáhara, en cinco años habría escasez de arena". O en el caso tan apabullante de la situación lamentable de los bosques que permanecen como reservorios del gobierno para su "protección" y que lo que en verdad están haciendo es incrementar la rapidez de su destrucción, tal como más tarde les explicaré.

Siempre tendemos a explicar todo nuestro mundo en torno a dicotomías y relegamos el factor terciario o alternativo a algo inexistente. Sin embargo, como podemos ver en el conocimiento económico, esto es realmente inadmisible, pues estaríamos dejando fugar importantes conceptos que precisamente por dicha actitud dicotómica, pasan sin dejar huella visible. Esclarezcamos estos conceptos y verán que no todo es privado/publico, gobierno/pueblo, empresario/funcionario etc.: "Debemos hacer la tierra una propiedad común," declaró Henry George. Algunos de sus seguidores pensaban que había cometido un error retorico con dicha declaración. ¿Qué quería decir? ¿Era un "comunista" hermandado con Marx? Básicamente hay tres tipos de propiedad: Propiedad Común, Propiedad del Gobierno, y Propiedad Privada.

-Propiedad Común pertenece a todo la gente en común; es aquella a la cual todos tenemos un derecho a usar y disfrutar.

-Propiedad del Gobierno pertenece al Estado y es sujeto a la dirigencia del gobierno. (Parques públicos, carreteras y un larguísimo etc., del gobierno entrometedor).

-Propiedad Privada es aquella a la cual un individuo (o grupo de individuos) tiene el derecho exclusivo a ser dueño, sacar ganancia, y disponer a su gusto.

Propiedad Común sería algo así como, hacer que PEMEX nos brindara dividendos directos a los bolsillos de los ciudadanos, sin intermediarios, siendo que nosotros adquiriríamos parte de la renta de la ganancia marginal. Para lograr el estado de Propiedad Común de tierras, Henry George proponía que la renta de tierra se pague a la comunidad. Este pago expresa la cantidad exacta que satisfacería los derechos iguales de todos los miembros de la comunidad. Los individuos mantendrían sus títulos a la tierra, y su garantía de tenencia y posesión segura. Este método de hacer la tierra "Propiedad Común" también se puede llamar "Propiedad Privada Condicional de Tierra" (con pago de la renta a la comunidad), al contrario de "propiedad privada absoluta de tierra" (con la renta guardada en manos privadas).

El concepto de Filantropía Social, elemento esencial del NS, propone que haya una monopolización financiera de la renta pura sobre el valor de la tierra, esto es la noción de un Bien Comunitario sobre la tierra. El fundamento básico de este impuesto a la tierra "libre de mejoras" (es decir, hacer un cálculo que defina el valor de un terreno, solamente en base a sus características naturales, sin contemplar las "mejoras" hechas por los propietarios, como pueden serlo los artículos de capital de generación de riqueza: Fabricas, Cultivos, Edificios, o cosas que el hombre construye para darle valor agregado a su propiedad). El impuesto a la tierra "libre de mejoras" radica precisamente en la elasticidad de oferta de la misma tierra, o en otros términos un tanto más técnicos, si la curva de oferta de tierra es una línea vertical, el impuesto deberá ser absorbido por el mismo propietario. Es claramente impracticable que el propietario lo traslade. De modo que para poder conservar su propiedad legítima no tendrá más remedio que hacerla producir más para poder pagar el impuesto, y todavía tener un excedente. Y ojo, que es importantísimo, que el impuesto se aplique de manera unilateral a la tierra "libre de mejoras", un criterio de cálculo que hace mucha diferencia. Solamente aplicándose el impuesto a la tierra "libre de mejoras" que pueda efectuar el mismo propietario, puede incentivarse a que este maniobre libremente sin trabas burocratizadoras. Sobre todo, se trata de no desalentarlo a construir edificios, alambrados, silos, molinos, canales y toda clase de obras a realizar por el mismo dueño y ante todo para que esto les impulsara a “mejorar la productividad” del predio con el que se trate.

Ahora bien, este impuesto sobre el valor puro de la tierra "libre de mejoras", constituiría un tributo de carácter único, procediéndose a eliminar paulatinamente todos, absolutamente (y remarco aquí) todos los impuestos de cualquier clase, índole o naturaleza. Esto, por una parte, simplificaría el proceso fiscal de Hacienda, y ya no castigaría duramente al Trabajo (otro factor de producción) ni al Capital. Este principio ya lo había anticipado Henry Geoge, economista estadounidense célebre por su libro titulado "Miseria y Progreso", mismos textos en el que propusiera este impuesto único, total (al 100%) de la renta pura de la tierra.

Básicamente, George reconocía, al igual que la Escuela Austriaca (libertarios) que los individuos tienen derecho a los frutos de su propio trabajo, y por lo tanto se opuso férreamente a cualquier impuesto sobre el Trabajo, la Producción, o el consumo, además de que tributarlos sería castigar y desalentar el Progreso. Como Nacionalsocialistas, debemos ver que cada cual, que se haya ganado honestamente (sin especulación) los frutos derivados de su trabajo, es firme propietario del mismo, y la tierra es Propiedad Nacional (no gubernamental o pública, sino de todos, aunque el gobierno sea el garante intermedio que reafirme dicho título de propiedad colectiva al igual que lo hace con los contratos entre individuos). Veamos unos pensamientos de Hitler, sustraídos del libro "Conversaciones Privadas": "La tierra es propiedad nacional. Los individuos no pueden tener más que el usufructo de la misma. Por lo tanto, que cada cual saque su pedazo de terreno el máximo de lo que pueda rendir. Puesto que el profesor Hoffmann puede afirmar que su hacienda da las mayores cosechas de la región, yo opino que eso está muy bien, y que ello es una razón mayor para que la conserve. Cuanto más dinero invierta en ella, más provecho sacará."

Recalco, "los individuos no pueden tener más que el usufructo de la misma", pues no es propiedad sujeta a voluntad de particulares, sino sólo las mejoras hechas por el propietario (es decir, su inversión) pueden considerárseles suyos o propios íntegramente. Henry George favorecía el tributo único al Valor Virgen de la Tierra basado en las "mejoras no introducidas" por el hombre a través de su inversión de factor humano (trabajo) o factor de capital (financiero y bienes generadores de riqueza). Henry George, y creo que todos podemos concordar con él, al decir que la Naturaleza no es de ninguno, porque nadie la ha creado de sus solas fuerzas, sino solamente Dios. Por lo que se deduce de esta lógica, nosotros simplemente creamos a partir de lo ya hecho o establecido. Ya que la naturaleza ha existido desde antes de la existencia del hombre y seguirá vigente después de generaciones venideras, por lo que sería insensato pensar como los liberales, al creer que la tierra es de quien la labra. ¡No! La tierra, en sus características naturales, es ajena a cualquier mancilla que el hombre haya efectuado sobre la materia, sólo es suyo los frutos de dicha labranza, pero la tierra en sí misma no lo es.

En esencia la tierra es un regalo divino del que toda la comunidad debe disfrutar a través de medios monetarios al igual que físicos, por lo que es menester esclarecer la posesión en sí misma en su carácter jurídico para darle unas bases elementales que puedan hacer distinción entre posesión física de tierra, posesión de trabajo, posesión de capital y por último, posesión especulativa. He aquí que precisamente, Alfred Rosenberg reconoce explícitamente el trabajo como forma orgánica que adquiere "formación de posesión" y de la que se pueden generar "excedentes".

"Existe naturalmente también otra posesión, que no representa la consecuencia de un trabajo creador, sino el aprovechamiento de este trabajo a través de negocios de especulación por diferencias, o a través de un servicio informativo político engañoso. De aquí resulta, por tanto, un criterio perfectamente práctico para juzgar el origen de una posesión. No debe, por consiguiente, realizarse una campaña contra “la posesión” como tal, sino lograr una agudización de la conciencia, del sentimiento del honor y de la concepción del deber de acuerdo con los valores del carácter alemán, y procurar la imposición legal de esta postura.

Por lo que se refiere al trabajo, lógica y naturalmente toda ocupación, en cuanto ésta se integra en el marco de la totalidad alemana, merece iguales honores, y Adolf Hitler ya ha esculpido incisivamente repetidas veces la única vara de medida para un hombre trabajador: la medida de la irremplazabilidad de un ser humano dentro de la totalidad del pueblo determina la apreciación del valor de su trabajo. Que también aquí resulta un orden de rango, es por lo tanto lógico y natural. Pero de ello se deduce que el trabajo en sí no puede, de ninguna manera, ser confrontado con la posesión en sí. La confrontación tiene lugar más bien en la separación entre posesión y posesión, entre trabajo y trabajo, entre ingenio e ingenio.

Debemos cuidar de que la “posesión” obtenida especulativamente mediante engaño sea confiscada por el Estado o quitada mediante impuestos, respectivamente, pero que la propiedad como trabajo cristalizado sea reconocida como intocable, como factor de cultura eternamente estimulador. Y en la diferenciación entre trabajo y trabajo debe ser creado un momento impulsor, por el hecho de que en vista de la valoración a favor de todo el pueblo, cada cual se esforzará por extender los logros del trabajo del individuo sobre círculos lo más grandes posibles. Entonces esto aparece como la orientación básica a partir de la cual todo alemán del futuro debe abordar los problemas del trabajo, la posesión, la especulación y el capitalismo. En todas partes es la sangre y todo lo referido al pueblo, lo que debe ser considerado como el elemento propulsor, no una palabra, no un concepto vacío. Exactamente lo mismo es válido al considerar las luchas económicas dentro de una totalidad popular.

La huelga y el cierre de puertas se condicionan mutuamente. Si lo uno es aceptado, entonces también lo otro debe estar permitido. Si un industrial puede negar la posibilidad de trabajo, el trabajador tiene el mismo derecho de sustraer su fuerza de trabajo al empresario. Y ello organizadamente, porque sólo entonces ambas partes, se enfrentan 1:1.” (Rosenberg, “Mito del Siglo 20”)

La tierra, naturalmente, materia sobre la cual el hombre fabrica inmuebles y artículos para cumplir con ciertos satisfactores humanos, hace que nuestra presencia en la tierra, ocupando parcelas de la misma, sean esencialmente préstamos que tomamos de la Naturaleza. Por lo que fácilmente podemos percibir que el Impuesto con carácter de Unicidad sobre el valor de la tierra es una forma de renta que le debemos a toda la comunidad por ocupar nuestra parcela de terreno. Henry George estaba completamente contrario a la visión fiscal, que afirmaba que debíase tributar el trabajo, (ingreso) la construcción de edificaciones, y las mejoras hechas a la tierra que brindan valor agregado. En general, Henry George visualizó una paradoja que en tanto en cuanto los servicios públicos mejoraban, también lo hacían las rentas, sin embargo los salarios no estaban a la par y esto se debía a dos razones muy sencillas que el reconocido y fueron:

1. El valor de las tierras son importantes en relación a la pobreza, porque la vivienda es y aún continúa siéndolo (como vemos en la última crisis) el gasto individual más caro para la mayor parte de la población.

2. La especulación de los Bienes Raíces están estrechamente unidos a las burbujas y depresiones económicas, cosa que vemos ciertamente ocurrir hoy día.

Un Impuesto Único Terrenal, motivaría a los tenentes a poner sus propiedades bajo un uso productivo. ¿Cuántas veces no vemos terrenos baldíos, cuya situación legal no ha sido resuelta, y que a su vez el limbo de propiedad permite un desperdicio inútil de la tierra sin uso? O ¿Cuántas veces vemos a especuladores comprando tierras y revendiéndolas a precios mayores durante tiempos de escasez a un precio que roba al resto? Un especulador compra en tiempos de la abundancia y vende en escasez, así de simple. Entonces mientras tanto las propiedades quedan sin uso y en último término el especulador hace una ganancia no productiva, por mucho que Murray Rothbard quiera defender el papel especulativo como mecanismo natural del mercado, sencillamente en el plano no es admisible y atenta palpablemente contra el Bien Común Comunitario. Inclusive el marco económico propuesto por Henry George apoyaría una baja rauda de la polución y otras externalidades negativas, ya que esto impactaría la herencia colectiva del Hombre.

Bien, hagamos un inciso breve, para poder filosofar un ‘poquitín’ y hacer igualmente una retrospectiva histórica de un momento en que un país oriental puso en práctica este principio de la importancia del suelo como, y vaya la redundancia, un Bien Comunitario.

El primer país que ensayó con éxito este impuesto liberal y progresista en forma masiva, fue paradójicamente un país conservador como el Japón de fines del siglo 19, con vestigios de los tiempos samurai. El país estaba gobernado por el Emperador Meiji, un joven brillante y restaurador de los poderes políticos imperiales. Este gobernante decidió abolir el sistema feudal existente en su país de tenencia de la tierra en manos de grandes familias dinásticas. Meiji creía acertadamente que el sistema feudal era culpable del atraso del Japón y que si su país no se desarrollaba iba a ser prontamente invadido y convertido en una colonia de Inglaterra o de los Estados Unidos, cuyos buques de guerra sospechosamente deambulaban alrededor de sus costas. Fue así que a poco de asumir el poder en 1868, este Emperador estableció la más absoluta libertad para comprar y vender tierras, pero al mismo tiempo puso un fuerte impuesto a la tierra libre de mejoras para forzar a las familias guerreras y terratenientes a vender las tierras a quienes podían pagar los impuestos. Estos eran los agricultores, los antiguos siervos de la gleba, que eran los que sabían cómo trabajarla y hacerla producir para después poder pagar los impuestos. En tres años la producción de arroz se triplicó y Japón empezó su carrera hacia el desarrollo económico con un éxito inicial espectacular, merced a la aplicación del impuesto a la tierra libre de mejoras dentro de un sistema de libertad de comercio para la tierra. Como observamos, el impuesto hace triplicar la producción, porque al fin de cuentas, el producir, consumir o invertir, estos tripletes ya no tienen absolutamente ninguna Sola Carga Tributaria, por lo que producir se hace lucrativo. Esta forma de imposición sobre renta pura "no ganada" de la tierra, permite al Estado apropiarse de aquella parte de la renta bruta Total (100%) debido a sus condiciones Naturales de fertilidad y localización, dejando exenta la parte obtenida como consecuencia de las "mejoras" realizadas por el propietario mediante el trabajo y la inversión de capital. Este impuesto, según George, sería además el único admisible para la financiación de los gastos gubernamentales y permitiría, la eliminación de los demás tributos, lo cual constituiría por sí mismo un aliciente para el comercio y para toda la industria y un benéfico para los obreros, forzando a su vez a los terratenientes a mejorar su propiedad. Aparte de sacar para sus gastos ordinarios, podrá brindar una renta de ingreso básico, retribuyéndola a la Comunidad el progreso de las tierras bajo el esquema de un ingreso ciudadano básico; esto, claro es, un punto aparte del Dividendo Nacional Crediticio de Douglas. Esto es Filantropía Social. El Socialismo Nacional en su máxima expresión.

Hay, en definitiva, datos prácticos fehacientes que son actuales y que además aportan una prueba de lo que sería este sistema fiscal-económico aplicado a un nivel mayor. Por ejemplo, muchos dirán que el impuesto único no alcanzaría en la recaudación para financiar todos los gastos del Estado. A esta contra-argumentación yo diría que examinaran los más recientes estudios sobre la valuación de tierra en la capital Argentina de Buenas Aires, que restando los espacios públicos, iglesias y clubes, demuestran que sería posible, con una tasa del 2% (ojo, no del 100% como propone el Georgismo) se lograría una recaudación de 30,000 mil millones de dólares, cifra que supera a todo el presupuesto de gastos de la ciudad (como sabemos si hay excedentes entonces se convierte en un reparto de renta básica ciudadana). (Fuente: Ver G. Sandler, N Arbelo y P. Abelenda, PEESPA, Un modelo de desarrollo urbano para la Ciudad de Buenos Aires, 2012.)

Otro ejemplo actual es Hong Kong siendo este uno de los mejores ejemplos de una aplicación con éxito de un alto impuesto sobre el valor de la tierra. Al hacerlo género con esta acción fiscal más del 35% de sus ingresos de los impuestos sobre la tierra, con el cual puede mantener a sus otros impuestos bajos o inexistentes, y aun mantener un superavit presupuestario. En la siguiente nota publicada por Fernando Scornik Gerstein, quien es Presidente de la “International Union For Land Taxation and Free Trade” publico un artículo titulado "Problema de la Vivienda” que se refería al caso Hong Kong de la siguiente manera (Y ojo, con la posesión común de la tenencia de tierra):

"La que fuera colonia inglesa desde 1841 comprende tres regiones que se fueron incorporando sucesivamente: la Isla de Hong Kong (1841), la península de Kowloon (1860) y los Nuevos Territorios (1898). Tiene una superficie total de 1.095 Km2 y una población de aproximadamente 7.000.000 de habitantes. Su densidad de población es aproximadamente de 6.500 habitantes por Km2, aunque hay que señalar que gran parte de la misma vive en apenas un 25% del territorio, pues el resto son reservas naturales, con lo cual la densidad por Km2 sería mucho mayor. A pesar de esta enorme concentración humana, Hong Kong no tuvo nunca, ni tiene actualmente, problema de vivienda... ¿Cómo resolvió Hong Kong el problema de la vivienda? Por empezar, hay que señalar que, al igual que en el Reino Unido, nunca existió la propiedad privada de la tierra: toda la tierra tanto en el Reino Unido, como en Hong Kong (cuando fue colonia) pertenecía a la Corona, pero a diferencia de lo que sucedía – y sucede – en el Reino Unido, el gobierno colonial nunca concedió los denominados “Freeholds” (tenencia libre) que, aunque teóricamente es un arrendamiento, en la práctica equivale – como hecho dicho – a la propiedad privada. Como consecuencia a este sistema, el Estado siempre tuvo cuantiosos ingresos originados en la concesión y renovación de “leases” a nuevos titulares – que además soportaban impuestos – y el 50% de la infraestructura fue financiada directamente por la renta de la tierra.

Debido a esta propiedad estatal de la tierra, Hong Kong desarrolló un gran sector de viviendas públicas subsidiadas (Porque el gobierno las distribuía nuevamente a las mismas viviendas, ingreso repartido). En 1994 se calculaba que 3.000.000 de personas (casi la mitad de su población) vivía en apartamentos públicos. Se calculaba que aproximadamente 2.5 millones vivían en 658.000 unidades en régimen de alquiler y 593.000 en apartamentos en los cuales habían comprado el “lease” (o sea, el contrato a largo plazo, que excluye por supuesto la propiedad de la tierra). El resto de la población vivía en viviendas adquiridas o arrendadas a propietarios privados. Desde 1999 el Estado Chino ha construido 85.000 viviendas por año y se calcula que ya en 2007, el 70% de la población son dueños de sus “leases”. Como el Estado no tiene que comprar la tierra, pues es el único terrateniente, el costo de las viviendas no soporta el peso inicial del valor del suelo y ello permite acceder a la vivienda a los sectores de más bajos ingresos y mantener relativamente bajo el costo de la vida, defendiendo así la competitividad de la economía. Este y no otro es el secreto de Hong Kong: un fabuloso desarrollo capitalista “sin” propiedad privada de la tierra. La unión de la oferta de vivienda pública unida a la oferta privada, pero sin el peso muerto del valor del suelo, han permitido que una zona con tan alta concentración humana no tenga problemas de vivienda."

Aun a pesar de estos datos, muchos cuestionan un aspecto de la teoría de George, consistente en que en la economía hay muchas otras rentas no ganadas con el trabajo humano o automatizado, como pueden serlo los sectores en los cuales el gobierno ampara las patentes monopólicas y las especulaciones, pero nuevamente el Impuesto Único, en torno a la tierra, librará al sistema económico de especulaciones y sobre las patentes me referiré en breve.

El impuesto único a la tierra "libre de mejoras" y dicho sea de paso, a todo recurso natural de oferta inelástica, como pueden ser yacimientos petrolíferos, caídas de agua, minas de oro, elementos de tierras raras (por cierto, elementos cuyas propiedades mantienen a flote todo el mundo informático). Con esta política se librará a un país del yugo esclavizante financiero y pondré un ejemplo, como México. De todas las ‘tonteces’ sobre privatizar o comunizar el petróleo, que no está por demás decir, que ni una ni otra de estas Dicotomías son correctas, sino una Tercera Propuesta, en este sentido librado de los dobletes mentales, como Propiedad Común bajo un esquema puramente privado, tal cual lo he expuesto. En esto quisiera recalcar la importancia del suelo para el ideario doctrinario Nacionalsocialista, eso sí, según nuestro estimado Rosenberg:

"Ahora bien: aunque una presión exterior no necesariamente ha de quebrar una fuerte personalidad, y a lo sumo la puede triturar mecánicamente, está claro que en las masas de millones puede tener como consecuencia un envenenamiento del carácter. Tal envenenamiento fue provocado en el pueblo alemán por la deficiencia de espacio vital. Cada vez más pequeña se hizo en el siglo 19 la superficie del suelo en la que aun mandaban labriegos unidos a la tierra, cada vez más grande el número de los proletarios carentes de tierra, carentes de bienes. En el reducido espacio de las grandes urbes se empujaban los millones, pero cada vez más alta creció la marea humana.

La genuina idea creadora de la libertad puede florecer plenamente en un pueblo en su totalidad sólo cuando éste posee aire para respirar y tierra para labrar. Una idea del honor que actúe en forma vital, por consiguiente, se verá permanentemente activa en la obra sólo en una Nación que dispone de suficiente espacio vital; y más profundamente: donde se alza la idea del honor nacional atormentado, allí resuena la demanda de espacio. Por eso, ni el judaísmo extraño al suelo, ni la Roma extraña al suelo, conocen la idea del honor; o mejor: porque ellos no conocen esta idea, por eso no actúa en ellos tampoco el anhelo por la tierra de labranza, sobre la cual una generación fuerte y alegre esparce su siembra dadora de frutos. Hoy, cuando todos los enemigos lesionan el honor de Alemania, también le han robado su espacio; por eso también la lucha metafísica se realiza en último término, por valores íntimos irreprimibles del carácter, significa una lucha por el espacio vital. Lo uno fortalece y acera lo otro. Con la espada y el arado, por el honor y la libertad así suena, por consiguiente, el grito de batalla de una nueva generación, que quiere erigir un nuevo Reich y busca pautas según las cuales sea capaz de juzgar fructíferamente su accionar y su afán. Este grito es Nacionalista. ¡Y Socialista!" (Alfred Rosenberg, "Mito del Siglo 20").

Y para terminar con la básica definición de esta especie de ideología económica georgista, concluyamos con una clara exposición del Georgismo que la enciclopedia virtual Wikipedia nos proporciona: Es una ideología económica por la que uno es dueño de aquello que logre crear, pero todo aquello que es proporcionado por la naturaleza, sobre todo la tierra, pertenece a toda la humanidad por igual. La forma de hacerlo es mediante un sistema que, garantizando un profundo respeto a la propiedad privada (activos y rentas), grave con un solo impuesto el uso de los bienes naturales (físicos e increados), impuesto calculado de acuerdo al valor en el mercado del bien. Dentro del Georgismo existen diferencias en torno a qué uso darle a la renta extraída, que podrían ser principalmente:

a) Para el presupuesto público del Estado sustituyendo los impuestos abolidos, o
b) algún tipo de renta ciudadana para la población, donde ésta determinará su uso.

Permítanme decirles que esto no es una redistribución, sino que se reparte una ganancia creada y a la vez se incentiva la producción a niveles estratosféricos, por lo que estrictamente hablando no podría relacionarse del todo con la redistribución. Es de notar que el Georgismo propone un solo impuesto al valor del bien, y no impuestos a la productividad generada por dicho bien, ya que lo considera económicamente destructivo, perjudicial y criminalizador de la prosperidad, y que tampoco propone canalizar la totalidad de los fondos en servicios asistenciales públicos, al menos no necesariamente, ya que considera que esto aumentaría significativamente la burocracia y quitaría la libertad a los beneficiados de administrar y por tanto gastar tales fondos como mejor les parezca, que al fin y al cabo son los ciudadanos. Además este método económico incluye la eliminación de todos los demás gravámenes existentes.

Richard Musgrave afirma: “Un impuesto sobre la renta de la tierra es de particular interés en este contexto, porque la tierra como factor de la producción es inelástica en su oferta, de manera que la imposición sobre la tierra no implica un exceso de carga. Esta es una de las razones por las cuales los economistas han considerado desde mucho tiempo atrás a la renta de la tierra como una de sus favoritas bases de imposición.”

Joseph Sitglitz, Premio Nobel de economía, por su parte puntualiza: “Si el capital y el trabajo son móviles, la incidencia cae sobre la tierra, el factor inmóvil. Si el trabajo es parcialmente móvil, parte de la carga puede descargarse en él”.

Y Horacio Nuñez Miñana escribió: “Nótese que el impuesto sobre el valor de la tierra libre de mejoras sería económicamente equivalente al impuesto sobre la renta potencial de la tierra, ya que ambos significan un monto anual fijo por hectárea independientemente del valor efectivo de la explotación, y por lo tanto representan un incentivo a las explotaciones que obtienen una mayor producción por hectárea y que utilizan mayores cantidades de insumos por hectárea.”

No podríamos dejar de lado a Milton Friedman de la Escuela de Chicago cuando afirmaba en 1978: "En mi opinión, el impuesto menos malo es el impuesto sobre el valor de la tierra no ligado a mejoras, el argumento de Henry George de hace muchos, muchos años".

Y finalmente lo que el mismo autor de esta propuesta económica dijera: "La asociación en la igualdad es la ley del progreso. La asociación deja libre el poder mental para emplearlo en perfeccionamientos, y la igualdad (o justicia o libertad, porque estos vocablos aquí significan lo mismo: el acatamiento de la ley moral) impide la disipación de este poder en luchas estériles. He aquí la ley del progreso que explicará todas las diversidades, todos los avances, todas las paradas, todos los retrocesos [de los países]. Los hombres tienden a progresar en cuanto se reúnen más compactamente, y por la mutua colaboración aumenta el poder mental que pueden dedicar al perfeccionamiento." (George, 1985[1879]: 324).

Así que en la aplicación de un régimen de impuesto a la tierra libre de mejoras en México, podría repercutir positivamente con efectos expansivos sobre toda actividad agropecuaria y especialmente en la industria de la construcción. La tierra en sí misma, dejaría de ser un bien dedicado parcialmente a la especulación y pasaría a ser un bien de producción, exclusivamente a lo que atañe a la naturaleza del aparato productivo, pues sería imperativo la generación de los excedentes con los cuales poder pagar o solventar el impuesto. Los propietarios rentistas deberán contratar ingenieros, agrónomos, veterinarios y especialistas para aplicar la más moderna tecnología agropecuaria; y por si no estuvieran en condiciones de hacerlo, deberían vender sus campos a quienes estén en condiciones de maximizar la producción. Gradualmente se transformará en una transferencia de tierras a aquellos que la saben trabajar como enseña la experiencia histórico-económica iniciando por el exitoso experimento japones del emperador Meiji de 1868. Ahora la producción de excedentes puede ser exportada, o bien consumida en el interior con la compensación de precios dictada en base al crédito real de la Nación.

La tierra debería valuarse científicamente a su valor venal "libres de mejoras" y la tasa del impuesto quizá debería, por principio, ser del 2% anual pagada en seis cuotas o cuatro trimestres si se quiere. Para entonces, debemos tomar en cuenta que ya se ha efectuado una masiva reforma de descentralización, devolviéndole al municipio los poderes de servicios públicos, pues cada región tiene necesidades que atender que son distintas de la otra. Municipios independientes integrados a la Comunidad Popular. Con el impuesto anual a la disposición de las municipalidades, estas deberían poder manejar las mini burocracias acorde a las necesidades vigentes en cada localidad.

Debería definirse o concretizar el significado que por el concepto de "libre de mejores" se hace, aunque ya hice un breve esbozo, creo que es el momento de asentar completamente la definición de este concepto. "Libre de mejoras" conciernen todas las construcciones, edificios, alambrados, aguadas, galpones, molinos, sistemas de riego, canales, caminos, árboles plantados, maquinaria automatizada insertada, que se encuentre dentro del predio. Estas mejoras deberán quedar completamente “excluidos” de la valuación fiscal, pues de lo que se trata es de no contabilizar las mejoras introducidas, sino solo valuar el predio en su estado natural, o salvaje, ¿si me doy a entender?, pero sí deben tenerse en cuenta las mejoras de predios vecinos que confieren valor económico al propio. La tierra debe valuarse en función de los caminos, calles, autopistas, construcciones vecinas, jardines, que, aunque son ajenos al predio, lo hacen más valioso. La idea principal que se maneja con esto es que el contribuyente individual que haga mejoras en su propio predio no pague impuesto por ellas, de manera que se sienta estimulado a hacerlas. Pero en cambio tenga que pagar por la mayor valuación de las tierras circundantes que trae el progreso general de la sociedad, que es en esencia la llamada plusvalía de origen social. Para reformularlo en otros términos menos castigados, debe pagarse por el mayor valor que pueda recibir su tierra por las mejoras efectuadas por sus vecinos en predios ajenos, incluso las mejoras que hace el Estado Nacional o municipal (recordemos que una reforma descentralizadora, eliminaría la entidad intermedia que viene siendo, el Estado en México, o la provincia en Sudamérica) en las cercanías de su predio.

Por lo cual, la aplicación inmediata del impuesto a la tierra libre de mejoras en el ámbito urbano estimularía una gradual relocalización de la población de un país determinado hacia las ciudades del interior donde la tierra es mucho más barata y donde se pagarían muy menores impuestos en relación a los que se pagarían en las ciudades antiguamente centralizadas en poder económico, social y cultural. Todo ello, propulsaría la creación continua y ascendente en la industria de la construcción, actividad que se caracteriza por ser uno de los mejores sectores de creación de empleo por excelencia.

Murray Rotbard, decía que la oferta de tierra era en cierto sentido abundante en relación con el trabajo que el ser humano pudiera realizar. En este punto Hitler distaba del economista cuando este decía: "A pesar de todos sus esfuerzos, el que no posee riquezas naturales termina derrumbándose. La fecundidad de la tierra es limitada; sólo un cuarto de la superficie del globo está actualmente a disposición de la humanidad. Por esto es por lo que se lucha. Y está en el orden de la naturaleza, ya que así se hace la selección." Constantemente leemos a Hitler hablar sobre la importancia del suelo para la salvación de un pueblo y en el Georgismo tenemos su plena justificación.

Aquí se interpone un concepto que la mayoría de los economistas dan por hecho y no lo incluyen como pieza fundamental en los procesos de producción o simplemente ven su papel como minoritario frente a la importancia que los demás factores externos perciben, como pueden serlo, el Capital (Crédito Prestatario, o Ahorro Acumulado/Automatización Tecnológica de la Maquinaria) y tierra, aunque muchos criticaran la inclusión del Terreno bajo la clasificación de recursos naturales, es de una aplastante lógica que cada vez más el factor tierra se ha hecho una consideración imprescindible imposible de rehuir en los estudios financieros debido a que son ricos manantiales en las fuentes energéticas que mueven el transporte y por tanto a toda la población actual. Esto ha dado en llamarse "capitales naturales" porque integran tanto los recursos del suelo como del subsuelo, pero como hemos visto no deben autotitularse capitales, sino factor de producción terciario.

Ahora creo haber demostrado que el suelo, es un manantial de vida fructífera para la prosperidad y con el cual todo el pueblo se encuentra en permanente comunión intima. La tierra nos alimenta, cobija y disciplina y con ella aguardamos la bendición de poder continuar formándonos en todas las facetas que alimentan al ser. Entender sus leyes, comprender realmente nuestro entorno y no permitir la progresiva despersonalización de la urbe y de la economía sobre la verdadera esencia de la tierra, es nuestra labor, es la labor Nacionalsocialista para el Siglo 21.

Entonces… ¿Que hay del Capital? Aquel tan difamado concepto económico del Capital. Bueno, sinceramente, ni siquiera el concepto de Capital al estilo liberal debe ser difamado injustamente, por el contrario, la imagen que el Marxismo ha hecho cundir en los medios masivos de comunicación internacional, han marcado las líneas periodísticas y las pautas generales para que los demás seres terrícolas se formen una imagen irrealista de lo que en verdad es el Capital, y así dejemos pasar inadvertidamente el llamado "capital prestamista internacional líquido" que Alfred Rosenberg denominó y que es el talón de aquiles por el cual el libre mercado es constantemente desacreditado ante los ojos y oídos de personas no informadas.

Alfred Rosenberg, doctrinario ideológico del Nacionalsocialismo, estableció un puente de entendimiento que definía y localizaba ajustadamente estos conceptos económico-financieros, porque tanto él en su tiempo como yo actualmente, observamos en distintas latitudes de tiempo, cómo los actuales y pasados adherentes NS, carecen y carecían de un pensamiento crítico y de un espíritu investigativo que pueda conducirlos a esclarecer puntos nublados y aun no suficientemente esclarecidos. No es suficiente con mover el bracito a 90 grados a la derecha, decirse camarada en grandes festines de gula, gritonear los problemas de la Nación (ya por todos harto conocidos) y hacer alarde de logros pasados con métodos obsoletos para las presentes circunstancias. Vuelvo a enmarcar que ciertos métodos usados en aquel entonces quizás no sean los más aptos para impulsarlos hoy día en naciones con otra clase de características peculiares, como lo es la "carga de rentas futuras", y otros instrumentos financieros. Los principios nunca deben variar, son atemporales, y los métodos pueden ser ajustables para siempre reflejar los principios expelidos.

"De la misma manera como los pseudo-pensadores democráticos lucharon por “el derecho”, luchó también el socialdemócrata convencido contra “el capital”. Nuevamente un concepto exangüe, más exactamente, una simple palabra, llegó a ser el objeto de la controversia de millones. Y eso que era claro que entre capital y capital se interponían diferencias esenciales. Es innegable que el capital es necesario para toda empresa, y la cuestión es solamente en manos de quien este capital se encuentra y en base a qué principios es gobernable, conducido o supervisado. Esto es lo decisivo, y la gritería “contra el capital” ha demostrado ser un deliberado engaño de los demagogos, quienes con el concepto del capital enemigo del pueblo gravaron a medios productivos y recursos naturales, haciendo desaparecer de la vista, en cambio, el capital prestamista internacional líquido.

Si el consciente social demócrata alemán desde un comienzo hubiera tenido un concepto claro de que lo importante era ligar al Estado y al pueblo mediante un acto de poder, este capital financiero líquido, que fácilmente puede ser trasladado de un Estado a otro, entonces con esta medida toda la lucha contra el dominio del dinero, es decir, la lucha contra el capitalismo realmente destructor, hubiera sido llevada en la forma apropiada. Pero así trotaba, obnubilado por la fraseología, detrás de los demagogos judíos, y a través de la destrucción del capital ligado al suelo se dejó transformar en adalid del capital financiero internacional destructor de pueblos." (Rosenberg, "Mito del Siglo XX").

Hay varios conceptos útiles que nuestro ideólogo referente, Rosenberg, trajo en su libro arriba citado sobre el trabajo, viéndolo como "formación de posesión", él creía que el ser humano siempre que emprendía alguna labor, buscaba o debería buscar un "excedente" que pudiera transmitir en forma de creación material o inmaterial a la contribución de algo, en lo que él creía, sería provechoso. Esta es la forma de pensar de un agente individual dentro del engranaje económico del Nacionalsocialismo. No es el típico marco liberal, en el cual se declara la absoluta autosuficiencia del individuo frente al poder organizador y encauzador del Estado; un individuo que supusiera la idealización de lo "solitario y universalista" como parafrasearía a Rosenberg. He aquí un extracto del mayor ideólogo Hitleriano:

"En el verdadero y genuino sentido, la posesión (en el sentido de propiedad) no es otra cosa que trabajo cristalizado. Pues todo rendimiento de trabajo realmente creador, en cualquier terreno que sea, no es nada más que formación de posesión. (Más allá de ello alcanza solamente aún el misterioso genio, que no puede ser sopesado en absoluto). Inerradicablemente inmerso en el alma humana, está el afán de acrecentar, de tal modo, el rendimiento del trabajo que, más allá de la satisfacción de la existencia diaria, después del saciamiento del impulso momentáneo, reste una posesión. Y de la misma manera como por una necesidad inexplicable el ser humano quisiera propagarse en sus hijos, así también se afana por transmitir por herencia la posesión al futuro, a sus descendientes. Si este impulso no fuera inherente al ser humano, éste no hubiera llegado a ser nunca inventor y descubridor, nunca creador. Este sentimiento de la posesión personal se extiende de la misma manera a las obras de arte y a los trabajos científicos, que surgen de un excedente de fuerza formadora y no representan nada más que posesión, adquirida sobre la base de fuerza de trabajo excedente y rendimiento de trabajo excedente. Arremeter contra la posesión como concepto en sí, es, por consiguiente, por lo menos irreflexivo, pero en la realización práctica tal lucha lograría exactamente los mismos resultados que la lucha socialdemócrata contra “el capital”." (Rosenberg, Mito del Siglo 20).

Por el bien del suelo patrio, del factor de trabajo y la benevolencia natural del Capital, no debe coexistir en los perímetros de una Nación la mezquindad, la envidia o cualquier clase de intereses contrapuestos entre elementos ciudadanos pertenecientes a la misma Nación y por el cual fluye el mismo espíritu de unidad Cultural. Por lo cual, Rosenberg añade que el: "Empresario, fábrica y trabajador no son individualidades en sí, sino eslabones de un todo orgánico, sin el cual, todos ellos nada significarían. Por eso necesariamente, la libertad de acción, tanto del empresario como del trabajador, está limitada hasta tal punto, como lo exige el interés del pueblo en su totalidad." (Rosenberg, "Mito del Siglo 20").

Ya hablamos sobre la primera fase del principio que implica a Hacienda, y la importancia económica vital del suelo para un pueblo, ahora me explayaré sobre las dos propiedades comunes restantes que existen en una economía y por qué el Socialismo Nacional encuentra en estas fuentes su verdadera esencia.

La segunda propiedad común es el sentido de asociación por capital, propugnada por Douglas, cuando afirmaba que todos al ser desplazados por la automatización tecnológica en el sector productivo, somos merecedores como capitalistas de una corporación llamada Nación, al igual que meritamos un dividendo nacional basado en realidades económicas existentes, y esto se deriva del teorema A+B.

La tercera propiedad común que tenemos son las patentes, los ingenios humanos aplicados a la invención. Ningún inventor debería guardar un monopolio con perfecto consentimiento de parte del gobierno. Hacer esto limitaría artificialmente la oferta y por tanto perjudicaría a los consumidores, pues todos de algún modo somos consumidores dentro de una economía de libre mercado. Un inventor que a partir de su incentivo mental ha ingeniado un maravilloso dispositivo, podrá venderla y beneficiarse de ella, en una primera fase, porque él solo ostenta el conocimiento aplicable de dicha invención, por lo que podrá cobrar un precio alto siempre y cuando éste no resulte mayor que el precio cobrado por la competencia en el mismo sector, o sea deficitario de calidad en comparación al producto oferente del rival.

De hecho, los entresijos económicos que propuso Bastiat en referencia a las patentes, revela su inclinación porque los derechos particulares de la propiedad intelectual del individuo originario, fueran abolidas, pues consideraba que ese era un Bien Común que beneficiaba a toda la sociedad y permitía un mayor desarrollo del mercado interno, que a su vez permitía mayores rendimientos y bajos precios. El creía y sabia que si se adjudicaba un monopolio a un invento (especialmente si este era algo que todos necesitaban) y por ello se pagara al creador original, se estaría obstruyendo el bienestar general de toda la sociedad en vísperas del impedimento que el gobierno hacia al resguardar los inventos a un solo individuo que lo monopolizaba económicamente.

Federic Bastiat hizo algunas contribuciones indirectas a la argumentación fundamentalmente adversa a la propiedad intelectual, vertiendo razonamientos lógicos basados en el funcionamiento del mercado. Él creía que una economía naturalmente armoniosa, debía permitir la libre competencia a todas las alturas de nivel económico, sin excluir de esta operación a la libre competencia voluntaria, pues si se procedía contrariamente a este primordial sentido lógico, se estaría perturbando las leyes económicas. Podría decirse que siendo Bastiat un férreo contrincante del Proteccionismo, mostrara una abierta actitud de ataque al elaborar alegatos como las llamadas tres etapas por las que atraviesa una invención.

En la primera etapa el inventor es el único que puede fabricar su invención (o bien puede trabajar con otros para fabricarla inicialmente). El inventor se ve retribuido en que pueda ahora disponer del poder de cobrar, por la exclusividad que detenta, un precio más alto de que le otorgaría su trabajo bajo un esquema de competencia. La segunda etapa es la imitación. La gente gradualmente (aunque durante el proceso de imitación podría acelerarse, dependiendo de la naturaleza de la invención) comprende las ideas nuevas inherente al nuevo invento (ingeniería inversa, experimentación o simple seguimiento de los procesos del competidor de propiedad original). Esto se debe a que existe siempre un incentivo latente para replicar la idea debido a los altos retornos ya disfrutados por los primeros vendedores. Como consecuencia de esta acción conjunta, aparece la nueva competencia entrando en el mercado y por sucesiva lógica, el precio cae (quizás no estrepitosamente pero baja disminuyendo en virtud precisamente de la nueva competencia introducida). La tercera y última etapa de Bastiat es cuando la idea se convierte en "gratuita", como la llama, pues esa concepción intelectual ha sido ya ampliamente conocida y por tanto disfrutada, convertido en una equivalencia a un regalo de la naturaleza (recuerden la asociación corporativa del crédito social en virtud de las innovaciones tecnológicas hechas a la producción).

Federic Bastiat concluye que al final, la idea termina destruyendo el valor de mercado mientras mantiene constante la utilidad y esto redunda en un beneficio para todos. No obstante, cuando consideramos las ideas o invenciones derivadas de la misma como una propiedad, se diluye la oferta potencial y se traduce en una escasez artificialmente creada. Algo que potencialmente podría haber sido gratuito ahora su adquisición está limitado por un precio. Esto es lo que ocurre cuando permitimos que las ideas intelectuales, las invenciones científicas y las innovaciones tecnológicas productivas se conviertan bajo un obstáculo de "Derechos de Propiedad". En otras palabras, esencialmente se ha creado ya sea intencionalmente o no, un monopolio, y el gobierno nuevamente es el responsable de perturbar las leyes económicas. Bastiat veía en los monopolios males mayores que inhibían el bienestar general de los consumidores al decir que:

"La gente que agrupa el monopolio artificial y lo que llaman monopolio natural porque ambos tienen en común el poder de aumentar el valor del trabajo, o están ciegos o son superficiales. El monopolio artificial es directamente un robo. Produce males que de otra forma no existirán. Inflige dureza sobre una parte considerable de la sociedad, porque a menudo incluya la mayoría de los artículos vitales. Además, da lugar a resentimientos, odio, reproches, todos frutos de la injusticia." (Bastiat: 1996a, p. 552.)

Los que se ven dañados son siempre y en toda ocasión dada, los consumidores y en cierto sentido también los productores, quienes ven restringidas su entrada en el mercado. Esta limitación consciente o inconsciente perjudica la oferta y niega por anticipación el principio a la libre competencia productiva, como señalaba Bastiat:

"Entendemos cómo todo productor, para establecer el precio más alto a su trabajo, trata de mantener tanto como pueda el uso exclusivo de un recurso, una técnica o una herramienta de producción. Ahora bien, como la competencia muy apropiadamente tiene su misión hace que se quite al individuo su disfrute exclusivo y hace de él propiedad común, es inevitable que todos los hombres, en la medida en que son productores, deberían unirse en un coro de imprecaciones contra la competencia. Pueden reconciliarse con ello solo cuando tienen en cuenta sus intereses como consumidores, cuando se ven a sí mismos, no como miembros de un grupo especial o corporación, sino como hombres".

La propiedad intelectual no debería ser distinta. Un monopolio es un monopolio y éste no puede escaparse de la razón, ya sea en correos, la compañía eléctrica o las ideas patentadas. Tiene que permitirse funcionar a la competencia para que sus beneficios produzcan abundancia y mejora en toda la sociedad.

"Si la actividad social significa una empresa privada con el fin de la salvación del individuo ante el derrumbe anímico y material, en cambio, Socialismo significa el aseguramiento, realizado por un ente colectivo, del individuo y de comunidades enteras, ante toda explotación de sus fuerzas de trabajo. Todo doblegamiento del individuo bajo el mandato de un ente colectivo no es, por ende, Socialismo, y por ello, tampoco toda asociación, “estatización” o “nacionalización”. De otra manera se podría, pues, también considerar el monopolio como una especie de socialismo, lo que el marxismo hace prácticamente a través de su doctrina hostil a la vida: ayudar a incrementar de tal modo el capitalismo que éste se concentre en pocas manos." (Rosenberg, "Mito del Siglo 20)

Bastiat creía que el proteccionismo era una especie de monopolio. Su libro “Sofismas Económicos” está lleno de posibles excepciones y por qué están todas equivocadas. El proteccionismo viene de muchas maneras, incluyendo la de un monopolio. Los monopolios en patentes son sólo otra forma de proteccionismo, en este caso para el inventor o innovador. El defecto es aquí uno de los sofismas más comunes presentados en “Sofismas Económicos”: mirar al productor en lugar de al consumidor. Como señala Bastiat: “He dicho que mientras solo se consideren los intereses de productor, como desgraciadamente ocurre, es imposible ir contra el interés general, ya que el productor, como tal, no reclama sino la multiplicación de obstáculos, deseos y esfuerzos.” (Bastiat: 1996b, p. 94.)

Por ejemplo, las patentes permiten una concentración de riqueza injusta, debido a que el gobierno cobija al inventor y este con una limitada o cuasi nula competencia, acrecienta su poder sobre el mercado a merced de una ayuda terciaria como la entidad gubernamental, esquivando las leyes naturales del libre mercado. Una imagen muy particular y que me gustaría presentarles es el caso de Bill Gates, cuya fortuna se ha construido en buena medida en el monopolio inherente al derecho de autor otorgado por el gobierno.

"El intento de generar oportunidades de negocio restringiendo legislativamente el acceso a ciertos objetos ideales, imitando así los procesos de mercado que rigen la asignación de bienes tangibles, contiene una fatal contradicción: viola los derechos sobre los bienes tangibles, los derechos mismos que proveen el fundamento legal en el que se cimienta el mercado." (Tom G. Palmer). 

"Mientras la propiedad de los bienes materiales orienta el uso de los medios escasos a los fines más importantes, en el caso de los bienes inmateriales como las producciones literarias y la invenciones tecnológicas la habilidad para producirlas es también limitada, pero una vez han sido creadas pueden multiplicarse indefinidamente y pueden convertirse en escasas sólo mediante la ley con el propósito de generar incentivos para producir tales ideas. Sin embargo no es obvio que esta escasez artificial sea el modo más efectivo de estimular el proceso creativo del hombre." (Friedrich Hayek).


Flavio Ramírez; 08 de septiembre de 2014.







2 comentarios:

  1. Bueno, lo unico que podria decir realmente es, Que acaso la economia no es bella?
    La economia no es mala en ningun sentido ni tiene porque serlo, pues todos vivimos materialmente de ella y en ella nos forjamos profesionalmente. Ahora se que muchos NS son conspiracionistas, ello es perjudicial. El problema y siempre lo dire, recae unicamente en el sistema financiero. Les recomiendo leer el Derecho Especial de Giro y veran que la realidad no dista mucho de ser tambien algo conspiranoica, ya que en ella encontraran el porque se gesta los falsos paradigmas, por ejemplo Rusia y Occidente.

    Gracias Srta. Ana, Un gusto que el articulo sea publicado para dar a conocer estos entresijos socioeconomicos.

    Flavio Ramirez

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  2. El que escribio esto esta intentando mezclar agua con aceite. Simplemente no hay compatibilidad entre Nacional Socialismo y La escuela Austriaca/ Monetarista / Sociedad Mont Pelerin.

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¡SE AGRADECE SU APORTACIÓN A ESPEJO DE ARCADIA!