sábado, 18 de octubre de 2014

ARNO BREKER (3): "¡Qué hermosa obra! ¡Qué concepción eterna y nueva a la vez! Sus obras 'El heraldo', 'El soldado', 'El intelectual', el gran relieve del 'Camarada caído' fueron como una gran ventana por donde entraba una potente y nueva luz que iluminaba la creación escultórica."


LA OBRA DE BREKER

La primera vez que estuve frente a frente a la obra de Arno Breker fue en una gran exposición de arquitectura alemana que se celebró en el Palacio de Velázquez del Retiro Madrileño. Ello sería por los años 1941-42, no recuerdo bien, en la que el Inspector General de Urbanismo alemán, el Arquitecto Albert Speer, mostraba la obra realizada y proyectada para el gran Berlín. A todos nos impresionó el extraordinario plan de Speer, pero los escultores españoles que recomenzábamos en nuestro arte, después de la cruel y triste guerra civil, dado que nuestro porvenir estaba en la reconstrucción de la imaginería religiosa, nos dejó estupefactos la labor destinada por el Arquitecto Speer para el Escultor Arno Breker.

¡Qué hermosa obra! ¡Qué concepción eterna y nueva a la vez! Sus obras "El heraldo", "El soldado", "El intelectual", el gran relieve del "Camarada caído" fueron como una gran ventana por donde entraba una potente y nueva luz que iluminaba la creación escultórica. Esta obra nos deslumbró a los jóvenes encasillados en la mísera reconstrucción de las obras religiosas, presionados siempre para que fueran el recuerdo de nuestro Arte Barroco, si no lo hacíamos así moríamos de inanición.

Nació en mí un vehemente deseo de conocer su obra y taller pero mis precarios medios no podían permitirme ese lujo, sino esa necesidad para mi formación estética y técnica.

Cuando para subsistir marché a Portugal, allí se encontraban libros de arte que en Madrid no existían, pregunté por lo que pudiera haber sobre Arno Breker, sólo conseguí un catálogo de la exposición itinerante del gran Berlín en Lisboa. En él figuraban algunas reproducciones y también me dieron la mala noticia de que había muerto Breker, cosa que me entristeció grandemente. La contienda mundial fue tan cruel que había que lamentar la pérdida de seres excepcionales.

Pasados muchos años leí en la prensa, que vivía y había dejado la escultura dedicándose a la arquitectura. La noticia con carácter telegráfico no dejaba esperanzas de saber más sobre aquel artista de excepción. No hace más de cuatro años llegó la noticia en prensa de la publicación de un pequeño libro, "Arno Breker, el Miguel Ángel del siglo XX", que Ediciones de Nuevo Arte Thor había editado en Barcelona, y me apresuré a pedirlo. Libro éste donde Michel Marmin y José Manuel Infiesta hacían un comentario crítico y charlaban con el artista, esto fue para mí una gran alegría porque por fin iba a conocer un poco más de su obra y pensamiento, tenía además frente a mis ojos reproducciones de la deseada obra de Breker con comentarios y exposición sobre su gran labor y su tremendo calvario, inicua e inexplicable actitud de gentes impotentes para destruir éste gran creador. He releído este librito para conocer más ampliamente su obra y removió en mi la vieja ansia de verle personalmente para apretar sus manos entre las mías mostrándole así mi homenaje y gratitud por su creación.

No deseo hacer un estudio o crítica, sino exponer claramente mi pensamiento ante su obra, lo que ella me dice con inmensa claridad frente a modos y modas. El concepto mantenido por mí, después de muchos titubeos y luchas frente a las fuertes influencias de un arte experimental, destructor de todo lo instituido, investigador de nuevas formas, fue reforzado en sus cimientos cuando recibí de D. Miguel de Unamuno esta afirmación y consejo a mis dudas: "Sea Usted fiel a sí mismo", frase lapidaria que muy bien puede aplicarse a Breker para definirlo. Él es y ha sido fiel a sí mismo en su concepto y creación estética, su obra quedará y será una muestra eternamente viva del buen hacer en la creación, es un notario de su tiempo, su concepto idealista y poético del mundo que le rodeó y rodea está en todas sus obras. La espiritual humanidad de sus creaciones no son de carne mortal que pueda corromperse, tiene la esencia de la poesía dentro de formas eternas, no le ocurrirá a sus obras como puede ocurrirle a otras "investigaciones". Cuando los estudiosos arqueólogos dentro de siglos remuevan las tierras calcinadas y encuentren su obra o fragmentos de ellas, dirán: ¡Qué belleza la de aquellas generaciones! Así debían ser las mujeres y los hombres en aquel siglo donde la materia, el rencor, la envidia y el ansia de destrucción imperaban.

Es Arno Breker un hombre de alma grande, notario de un deseo de servicio para la eternidad, los fragmentos de sus colosales estatuas destruidas son el triste grito contra la barbarie, nadie podrá contra un creador que como él nos legó una obra limpia, llena de espíritu de superación y perfección, aunque se intente destruir, nada podrá hacerlo porque quienes la conocemos seremos siempre heraldos que proclamaremos cual fue su hermosura, su honradez, su ejemplar y eterna existencia que nosotros desearíamos imitar.


Juan de Ávalos; Prólogo del Libro “Arno Breker” de J. M. Infiesta (1982).







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