sábado, 18 de octubre de 2014

HENRY FORD 1 (color): "Si las cosas siguen desarrollándose en América en la misma forma que en esta última época, contrabalanceando las cifras de inmigración y aumento de las diversas nacionalidades, los judíos se habrán convertido en los dueños absolutos de toda la vida económica."


LOS JUDÍOS: CARÁCTER INDIVIDUAL Y ACTIVIDAD PRODUCTIVA DE LOS MISMOS (Parte 1)

Vivimos nuevamente en una época en que el Judaísmo atrae la atención crítica del mundo entero. Su ingreso durante la Gran Guerra en lo más escogido de las esferas financieras, políticas y sociales fue tan general y evidente, que su posición, su poderío y sus fines fueron recibidos con acerba crítica, y en la mayoría de los casos causaron repulsión. No constituyen las persecuciones una novedad para el judío. En cambio, para su ética racial, es nueva esta exaltación. Cierto es que este pueblo sufre hace 2000 años los efectos de un instintivo antisemitismo de las demás razas, pero semejante aversión nunca llegó a ser consciente, ni pudo expresarse concreta ni claramente. Hoy, por el contrario, digámoslo así, está sometido al microscopio de la observación científica, que nos hace conocer y comprender los verdaderos orígenes de su poderío, de su aislamiento y hasta de sus amarguras.

En Rusia se le responsabiliza del Bolcheviquismo, acusación que, según de donde provenga, podrá considerarse fundada o infundada. Los norteamericanos, que fuimos testigos de la fanática elocuencia de los jóvenes judíos, apóstoles de una revolución social y económica, estamos en excelente posición para poder formar un claro juicio de lo que existiera real y verdadero en tales acusaciones. En Alemania se achaca al judío la derrota experimentada, y una amplísima literatura con innumerables pruebas detalladas, impele en verdad, a muy serias cavilaciones. En Gran Bretaña, se dice que el judío es el amo verdadero del mundo, que la raza hebrea constituye una supranacionalidad que vive entre y sobre los pueblos, los domina por el poder del oro, y acicatea fríamente un pueblo contra otro, en tanto se oculta cautelosamente entre bastidores. Por último, en Estados Unidos llama la atención la insistencia con que los judíos -los viejos por apego al dinero, por ambición los jóvenes- se infiltran en todas las organizaciones militares, y particularmente en los rubros dedicados a los negocios industriales y mercantiles derivados de la guerra, criticándose en especial el cinismo con que dichos judíos explotan en provecho propio los innúmeros conocimientos que lograron en su calidad de funcionarios del Estado.

La cuestión judaica, en una palabra, ha hecho su aparición en escena. Mas, como ocurre en casos parecidos, en los que cuestiones de ventaja personal desempeñan cierto papel, aparecen también determinados esfuerzos para acallarla, insinuando la inconveniencia de exponerla en público. En cambio, la infalible experiencia prueba que todo problema escamoteado así, tarde o temprano torna a abrirse paso, y entonces en formas inconvenientes y hasta muchas veces peligrosas.

El judío constituye un enigma mundial. No obstante ser su masa pobre en absoluto, domina, empero, el mercado económico y financiero del mundo entero. Viviendo sin patria, ni gobierno, es decir, en la dispersión, demuestra, empero, una unidad nacional y una tenacidad no alcanzada por pueblo alguno. En la mayoría de los países, salvo restricciones, supo convertirse en el soberano efectivo, al amparo a veces de los patronos. Dicen antiguas profecías, que los judíos retornarán a su vieja patria, desde cuyo centro geográfico dominarán a la totalidad de los pueblos, no sin antes haber resistido el combinado al mundo de las naciones del mundo entero.

La del intercambio comercial es la profesión a la que contribuye el judío en mucha mayor proporción que ningún otro pueblo. No importa rebajarse a la compra de trapos viejos; la cuestión es comerciar. Desde la compraventa de ropa usada hasta el absoluto dominio del comercio mundial y de la Hacienda de los Estados, el judío siempre demostró las mejores aptitudes. Experimentando como ninguna otra raza aversión hacia toda labor física y productiva, sabe nivelar este defecto por una escala característica predisposición para el intercambio. El no-judío desarrolla su actividad en el terreno industrial o técnico, en tanto que el joven hebreo prefiere empezar su carrera como mozo, vendedor callejero o dependiente de comercio, por la relación que dichas profesiones guardan con el aspecto mercantil. De acuerdo a los datos de un censo prusiano, de 16.000 judíos, 12.000 eran mercaderes y 4000 manufactureros, mientras que de la población indígena renana sólo se dedicaba al intercambio comercial un 6%.


Un censo moderno arrojaría seguramente, como resultado, un muy considerable aumento en las carreras académicas y literarias, sin que se advirtiera, en cambio, un descenso en la participación de los judíos en las tareas mercantiles, y un aumento insignificante, o tal vez ninguno, en los oficios manufactureros. En Estados Unidos, casi todo el comercio mayorista, los "trusts" y los institutos bancarios, las riquezas del subsuelo y los principales productos de la agricultura, especialmente el tabaco, algodón y azúcar, están bajo el dominio absoluto de los financieros hebreos, o de sus agentes. También representan una vasta y todopoderosa fuerza, los periodistas judíos. "Gran número de fuertes almacenes se hallan en manos de empresas judías" -dice la Enciclopedia Judía-, aunque muchos de ellos, sino la mayoría, figuran bajo razones sociales no hebreas. Semitas son la mayoría y los más importantes propietarios urbanos, predominando asimismo en la vida teatral. Son los que dirigen también, y con total hegemonía toda la vida informativa del país. Aunque inferiores en número a cualquiera otra raza de las que viven entre nosotros, disponen, sin embargo, y diariamente, de una publicidad vastísima y siempre favorable a sus intereses. Esto no sería posible, sino fueran ellos mismos los que la regulan a su antojo. Werner Sombart en su libro “Judaísmo y vida económica”, dice que "si las cosas siguen desarrollándose en América en la misma forma que en esta última época, contrabalanceando las cifras de inmigración y aumento de las diversas nacionalidades, vemos en nuestra fantasía a los Estados Unidos dentro de cincuenta por cien años como un país poblado por negros, eslavos y judíos, entre cuya población, los judíos, claro está, se habrán convertido en los dueños absolutos de toda la vida económica". Y tengamos en cuenta que Sombart es un sabio filosemita. 


Henry Ford; del libro "El Judío Internacional."






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