miércoles, 22 de octubre de 2014

HENRY FORD 2 (color): "La ley mosaica al prohibir la usura, tornó imposible una aristocracia capitalista, que grandes financistas judíos la representan hoy justamente con la fácil y duradera fuente de ingresos que representan los intereses que imponen a sus deudores. Ni la usura, ni la especulación se vieron favorecidas por la antigua ley."



LOS JUDÍOS: CARÁCTER INDIVIDUAL Y ACTIVIDAD PRODUCTIVA DE LOS MISMOS (Parte 2)

Se plantea, naturalmente, una interrogante: puesto que el judío está realmente en posesión de tal dominio, ¿cómo lo alcanzó? Norteamérica es un país libre. Los judíos representan únicamente un 3% de la población total; contra 3 millones de judíos existen 97 millones de no-judíos. Ya que el judío tiene poderío, ¿es ello consecuencia de su propia superioridad intelectual, o de la inferioridad e indolencia del no-judío? Resultaría fácil decir que los judíos llegaron a América, probaron fortuna como los demás y evidenciaron facultades superiores en la lucha por el éxito. Mas esta consecuencia no tomaría en consideración todo los hechos existentes. Antes de formular otra respuesta mejor, es preciso fijar: concretos. El primero de hechos es, que no todos los judíos se hicieron ricos. 

Existe también gran número de hebreos pobres, aunque la mayor parte de ellos continúa en posición independiente. Si bien es cierto que son judíos los principales amos financieros del país, no es verdad que cada judío sea uno de los amos. El que estas dos categorías de judíos deban distinguirse claramente, se impone desde el momento en que se analiza críticamente los métodos, que, por una parte, los judíos ricos y por otra los pobres, utilizan para alcanzar el poderío. En segundo término, la solidaridad judía torna muy difícil la tarea de medir el éxito judío y el no-judío por el mismo rasero. Cuando se hicieron posibles fuertes concentraciones financieras en Norteamérica con activa ayuda de grandes capitales transoceánicos; cuando arribaron a Norteamérica inmigrantes sólidamente apoyados por el Capitalismo hebreo europeo, no sería justo apreciar la prosperidad de dichos elementos desde los mismos puntos de vista de los que se podría juzgar la lucha económica de inmigrantes alemanes o polacos, que arribaron a estas playas sin más medios de vida que su afán de trabajo e inteligencia. 

Cierto es que muchos judíos llegaron a América sin otro apoyo que su propio valer, pese a ello, no obstante, no es posible decir que el predominio ejercido por el Capitalismo hebreo sobre los asuntos del país sea exclusiva consecuencia de la inteligencia de los judíos, sino que tal predominio no representa más que la ampliación territorial del predominio financiero judío existentes ya en ultramar. Este es el punto básico en que debe apoyarse todo intento de explicación. Se trata de una raza que durante su época esencialmente nacional, se componía de campesinos, cuya disposición típica fue más espiritual que materialista; pueblo más bien de pastores que de negociantes, pero cuya raza, desde que se viera huérfana de suelo patrio y de gobierno propiamente dicho, y luego de haberse visto siempre y por doquier expuesta a persecuciones, debe pues indudablemente considerarse como la oculta pero verdadera dominadora del mundo entero. ¿Cómo es posible que surja tal acusación? ¿Y por qué la misma se apoya, al parecer, sobre innumerables y circunstanciados hechos?

Comencemos por el origen. Vivían los judíos durante el desarrollo de su carácter nacional bajo el imperio de una ley que tornaba imposibles tanto una riqueza como una pobreza excesivas. Los modernos reformadores organizan sobre el papel sistemas sociales inmejorables, harían bien echando una ojeada sobre el sistema social bajo el cual vivían los primitivos judíos. La ley mosaica al prohibir la usura, tornó imposible una aristocracia capitalista, que grandes financistas judíos la representan hoy justamente con la fácil y duradera fuente de ingresos que representan los intereses que imponen a sus deudores. Ni la usura, ni la especulación se vieron favorecidas por la antigua ley. No se practicaba usura con el suelo, pues la tierra se repartía entre el pueblo, y si bien un propietario podría perderla por su culpa, o por contratiempos, volvía la parcela, sin embargo, a la propiedad de la familia al cabo de 50 años. Empezaba cada vez una nueva época social, con el llamado año de gracia. Resultaba imposible bajo tal legislación, la formación de grandes feudos o de una casta de magnates financieros. El período de 50 años facilitaba la suficiente libertad para que la actividad personal pudiera manifestarse en la lucha por la vida.

De haber estado los judíos en la Palestina y bajo la ley mosaica, una nación conservadora, jamás hubieran podido adoptar las formas financieras que hoy la caracterizan. Jamás se enriqueció un judío a costa de otro judío, como tampoco hoy los judíos llegan a ser ricos en mutua competencia, sino a costa de los pueblos no judíos, entre los que moran. La ley mosaica permitía al judío traficar con los extraños, de acuerdo con determinados principios morales, mas no con su "prójimo" de raza judía. Su ley, llamada de extranjeros, especificaba: "prestarás al extranjero con usura; con tu prójimo no debes hacerlo".

Dispersos entre los demás pueblos, pero sin mezclarse jamás íntimamente con ellos, y sin perder tampoco su marcadísima particularidad, tuvieron los judíos durante largos siglos las mejores oportunidades para poner en práctica dicha ley fundamental. Extraños en casa de extranjeros, que a veces se les mostraban cruelmente hostiles, con esta ley practicaban lo judíos un acto de justicia compensadora o penal. A pesar de ello, este solo hecho no hubiera bastado para explicar la superioridad judía en materia de fuerzas. La explicación deberá buscarse, más bien, en el judío mismo, en una fuerza suya propia, es su destreza y en su moralidad específica.

Desde sus comienzos, hallamos en la historia hebrea la tendencia de esta raza a erigirse como dueña de otros pueblos esclavizados. Aunque, al parecer, todas las profecías se dirigían a un despertar moral de toda la humanidad por Israel, a tal enunciado se opone manifiestamente, su tendencia dominadora. Esto es, al menos, lo que puede deducirse del tono en que se redactó el Antiguo Testamento. Según aquellas viejas historias, los judíos desobedecieron la orden divina de expulsar a los canaanitas, para que Israel no se contaminara con la perversión de aquel pueblo. Observando, sin embargo, la cantidad de fuerzas útiles que perderían con la expulsión de los canaanitas, optaron por hacerlos sus esclavos. "Y ocurrió que cuando Israel se fortaleció, convirtió a los canaanitas en sus tributarios, no expulsándolos". Esta desobediencia, que denota predilección por el dominio material, en vez de una hegemonía espiritual, marca el origen del que fue después perpetuo castigo y eterna angustia de los judíos. 


Henry Ford; del libro "El Judío Internacional."







No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡SE AGRADECE SU APORTACIÓN A ESPEJO DE ARCADIA!