viernes, 24 de octubre de 2014

HENRY FORD 3 (color): "Es el judío el único y verdadero capitalista internacional. Pero en general no es su costumbre gritarlo a los cuatro vientos; prefiere utilizar a los Bancos y trusts no-judíos en calidad de agentes e instrumentos. La llamativa indicación de una "fachada" no-judía aparece con frecuencia unida con esa sugestiva manipulación."



LOS JUDÍOS: CARÁCTER INDIVIDUAL Y ACTIVIDAD PRODUCTIVA DE LOS MISMOS (Parte3)

La dispersión de los judíos desde hace 2500 años, entre el resto de la humanidad, modificó fundamentalmente el plan salvador asignado a Israel. Los directores espirituales del moderno Judaísmo seguirán declarando hoy, que la misión judía entre los pueblos del mundo es de esencia espiritual, pero tal afirmación muy poco tiene de convincente ante la absoluta carencia de pruebas prácticas. En el transcurso de toda la era moderna considera Judá a los otros pueblos, sólo desde el punto de vista de la explotación de sus fuerzas vitales en su provecho material. Mas la profecía queda planteada, según la cual, aun en tierras extrañas, hostigado a donde encamine sus pasos, llegará para Israel el día en que su destierro termine en una Nueva Palestina y que Jerusalén, según cantaban los antiguos profetas, tornará a ser el centro moral del mundo.

Si el judío hubiese sido trabajador, cooperando en común con el resto de la humanidad, su dispersión seguramente no hubiese alcanzado tales proporciones. Pero como optó por hacerse mercader improductivo, su errante instinto le convirtió en aventurero a través de todas las tierras habitadas. Ya en épocas muy remotas, estuvieron los judíos en China. En Inglaterra hacen su aparición bajo los reyes sajones. Existían ya en América del Sur mercaderes judíos, cien años antes de la llegada de los Reverendos Padres peregrinos a Plymouth-Rock. Fueron judíos los que fundaron en 1492 la primera fábrica de Azúcar en Santo Tomás. En el Brasil ya estaban firmemente establecidos, cuando apenas existían en las costas del continente septentrional algunas míseras aldeas. Prueba su constante penetración el hecho de que el primer blanco nacido en Georgia fue un judío: Isaac Minis. La presencia de los judíos en todos los puntos del mundo habitado, y su innata coherencia nacional les conservaron como conjunto nacional entre los demás pueblos, cuyos agentes activos se agruparon por doquier.

Su ascenso a la posición de señores de las finanzas mundiales, tuvo como causa primordial otra predisposición: su habilidad para inventar constantemente nuevos métodos usurarios. En tanto el judío no apareció en la lucha de competidores, solía desarrollarse el comercio en formas relativamente simples. Si buscáramos hoy en los orígenes de muchos de los métodos comerciales que facilitan y simplifican nuestro intercambio, indudablemente tropezaríamos con algún nombre judío. Muchos de los indispensables instrumentos de giro y crédito, fueron inventados por negociantes judíos, no sólo para el tráfico entre sí, sino, más bien, para alucinar a los no judíos, con que comerciaban. La letra de cambio más antigua, fue librada por un judío, Simón Rubens. La letra a la vista es un invento hebreo, así como el cheque "al portador".

Un interesantísimo capítulo de historia va ligado a este documento "al portador". Los enemigos de los hebreos les arrancaban muchas veces hasta el último centavo de sus riquezas, mas con sorprendente rapidez, estos volvían a rehacerse y eran ricos otra vez al poco tiempo. ¿Cómo es posible explicar este rápido alivio de una tan absoluta miseria? Es que su activo se ocultaba sencillamente bajo la máscara de "al portador", y en esa forma, una parte de su propiedad podía siempre ser salvada. En las épocas en que se admitía el derecho del pirata de apresar todas las mercaderías consignadas a hebreos, estos se defendían mediante el ardid de hacer viajar las mismas sobre conocimientos que no especificaban el nombre del destinatario, sino que iban "a la orden".

La tendencia judía fue la de traficar de preferencia con mercaderías y no con personas. Antiguamente, todas las demandas ante la justicia eran de índole personal, pero el judío intuyó que las cosas le proporcionaban más seguridad que las personas con las cuales traficaba, y supo conseguir que en adelante las demandas se hicieran contra las cosas. Además, este método le ofrecía la ventaja de permanecer mejor al margen. Resulta natural que dicho procedimiento introdujera en el comercio una nota de dureza, ya que se prefería traficar con cosas a negociar con personas, y esta dureza es la que se perpetuó hasta nuestros días.

Otra institución, que se generalizó, y que oculta con eficacia el enorme poderío logrado por los judíos, es del mismo origen que los documentos al portador: la sutileza que permite aparecer a una empresa dominada por el capital hebreo bajo un nombre que no hace la mínima insinuación de tal influencia hebrea. (Sociedad anónima. Sociedad por acciones).

Es el judío el único y verdadero capitalista internacional. Pero en general no es su costumbre gritarlo a los cuatro vientos; prefiere utilizar a los Bancos y trusts no-judíos en calidad de agentes e instrumentos. La llamativa indicación de una "fachada" no-judía aparece con frecuencia unida con esa sugestiva manipulación.

Igualmente el invento de la Bolsa de valores es un producto del talento financiero judío. En Berlín, París, Londres, Fráncfort y Hamburgo los judíos ejercían una influencia total sobre las primeras bolsas, y Venecia y Génova en las viejas crónicas aparecen con el hombre de "ciudades judías", donde lograron efectuar las mayores transacciones comerciales y bancarias. El banco de Inglaterra se fundó por consejo y ayuda de judíos holandeses inmigrados. Los bancos de Ámsterdam y Hamburgo deben su origen a la influencia hebrea en dichos centros.

Otro singular aspecto, relacionado con las persecuciones y correrías de los hebreos a través de Europa, es que a donde ellos iban marchaba el centro del tráfico mundial. Cuando vivían los judíos en España, estaba allí el centro mundial del oro. Con su expulsión perdió España su hegemonía financiera, que nunca volvería a recobrar. Los historiadores de la vida económica europea se esforzaron siempre por saber la razón del traslado de la preponderancia comercial de España, Portugal e Italia a los países del norte, Holanda, Inglaterra y Alemania, sin que ninguna de las razones aducidas haya logrado convencer. Pero si tenemos en cuenta que coincide tal transposición con la época de expulsión de los judíos de las naciones meridionales y su refugio en las del norte, y que con su arribo a esas regiones, comenzó allí el florecimiento comercial, sin interrupción hasta nuestros días, no parece difícil una explicación verosímil. Se reprodujo siempre el hecho de que al irse los judíos, marche con ellos el mercado principal de los metales preciosos.


Henry Ford; del libro "El Judío Internacional."







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