miércoles, 29 de octubre de 2014

HENRY FORD 5 (color):" Otro método comercial moderno de origen directamente judío consiste en la fusión o consorcio de industrias afines. Cuando se adquiere, por ejemplo, una central eléctrica, se tiende a adquirir después la empresa tranviaria que consume la corriente de dicha central. La finalidad de esta política es, adueñarse de los beneficios en toda la línea, desde la producción de la corriente hasta el boleto del tranvía."



LOS JUDÍOS: CARÁCTER INDIVIDUAL Y ACTIVIDAD PRODUCTIVA DE LOS MISMOS (Parte 5)

Es preciso hacer presente también que se sigue acreditando la astucia judía en inventar de continuo nuevas formas comerciales, como asimismo la facilidad de amoldarse a situaciones distintas. Suelen ser judíos los primeros que en tierras extranjeras fundan sucursales bancarias a fin de asegurar a los representantes de la casa central todas las ventajas posibles, desde un comienzo. Durante la Guerra se habló mucho de las "victorias pacíficas" que el gobierno alemán habría logrado, fundando en los Estados Unidos, filiales o sucursales de negocios alemanes. Es innegable que existieron muchas sucursales alemanas en nuestro país; pero no hay que olvidar, por otra parte, que en la mayoría de los casos no se trataba de empresas alemanas, sino de relaciones hebreas. Los viejos comercios alemanes fueron demasiado conservadores para, ni siquiera en los Estados Unidos, adular a la clientela. Las casas judías, en cambio, no eran tan conservadoras, sino que vinieron a América y apresuraron los negocios. La competencia obligó a las buenas casas alemanas a hacer otro tanto. Pero en su origen, la idea fue judía, no alemana.

Otro método comercial moderno de origen directamente judío consiste en la fusión o consorcio de industrias afines. Cuando se adquiere, por ejemplo, una central eléctrica, se tiende a adquirir después la empresa tranviaria que consume la corriente de dicha central. La finalidad de esta política es, adueñarse de los beneficios en toda la línea, desde la producción de la corriente hasta el boleto del tranvía. Pero la causa fundamental estriba en aumentar el precio de la corriente para el tranvía mediante influencia en ambas empresas, y también poder establecer las tarifas para el público. Aquella empresa que se halla en contacto más directo con el consumidor, declara entonces que tiene que aumentar las tarifas porque sus propios gastos aumentaron, ocultando, sin embargo, que dicho aumento fue ordenado por los sus mismos copropietarios, y no por circunstancias exteriores independientes.

Existe actualmente en el mundo, una potencia financiera central, que efectúa sus jugadas por doquier, de una manera admirablemente organizada, constituyendo el mundo su tablero y su postura el dominio mundial. Los pueblos modernos perdieron ya la confianza en la tesis de que las "condiciones económicas" tienen siempre la culpa de los sucesos desagradables. Bajo la careta de "crisis económicas" se ocultan fenómenos que no obedecen a ninguna ley natural, sino que provienen exclusivamente del crudo egoísmo de determinados elementos, que poseen la voluntad y el poder de esclavizar a la humanidad bajo su absoluto dominio.

Numerosos fenómenos pueden ser de carácter nacional; que también lo sea la vida económica de los pueblos, no lo cree nadie. Esa economía es internacional, y se advierte en el hecho de que en todo su vasto campo no existe competencia nacional alguna. Existen, en efecto, algunas casas bancarias independientes, mas no hay ningún banco importante que lo sea. Los grandes dirigentes, los contados individuos que abarcan todo el complicado plan de la jugada, tienen a su disposición numerosos institutos bancarios y trusts, poseyendo cada uno de ellos una determinada misión que cumplir y sin que entre ellos existen divergencias de opiniones. Ninguno trabará jamás el juego del otro ni habrá competencias serias entre los distintos factores del gran negocio mundial. Entre los principales bancos de cada país existe idéntica cooperación que entre los diversos negociados, por ejemplo, el servicio postal de cualquier Estado, pues todos son uniformemente dirigidos desde un núcleo central y hacia un mismo fin.

Antes de la Gran Guerra, adquirió Alemania enormes cantidades de algodón en los Estados Unidos, cargamentos fabulosos estaban listos para ser embarcados. Al estallar la guerra, y en una sola noche, transfirió el derecho de propiedad de nombres judíos hamburgueses a nombres judíos londinenses. Mientras se escriben estas líneas, se vende ese algodón en Inglaterra a un precio más bajo que rige actualmente en Norteamérica, por lo cual se rebajan también los precios norteamericanos. Cuando se hayan rebajado estos precios lo suficiente, será adquirido el algodón por personas previamente enteradas de la jugada, logrado lo cual volverán a subir. Entretanto, las mismas potencias que provocaron las oscilaciones, inexplicables al parecer, del mercado algodonero, han manumitido a la Alemania derrotada convirtiéndola en el jamelgo mundial. Determinados grupos aferran este algodón firmemente en sus garras, en parte lo prestan a Alemania para su elaboración, dejan un pequeño margen para pagar la mano de obra, y dañan a toda la humanidad con la burda mentira de que apenas existe algodón en el mundo entero. Al analizar hasta su origen, estos métodos inhumanos e inmorales, se hallará que todos los responsables tienen un carácter marcadamente común. ¿Es posible asombrarse de la importancia que adquiere el aserto que dice: "Esperen hasta que Norteamérica comience ocuparse seriamente de la cuestión judía"?

Es una incontrovertible verdad que la situación en que el mundo entero se encuentra actualmente, no puede razonarse únicamente desde el punto de vista económico, como tampoco debe atribuirse a la "falta de caridad del capital". Cierto es que el capital jamás se esforzó en hacer justicia a las exigencias del trabajo hasta ahora, habiendo llegado este último hasta los extremos límites de lo posible. Pero, ¿qué ventajas lograron uno y otro? El trabajo creyó hasta hoy que el capital era la negra nube que se cernía encima de él, y consiguió alejarla. Pero ocurrió que por encima de esta nube aparecía otra todavía más densa, que ni el capital ni el trabajo en sus enconadas luchas habían advertido. Esta nube no ha desaparecido hasta este momento.

Lo que suele llamarse en el mundo "capital" es por lo general dinero invertido en objetivos de producción. Obreros y empleados llaman "capitalista" erróneamente al "manager" o director de una empresa que les proporciona los medios de vida; estas personas no son capitalistas, sino que a su vez deben recurrir también al verdadero capitalista, para que les facilite los medios financieros para su obra. Es este Capitalismo una potencia que actúa por encima del industrial y que le trata con mucha mayor dureza de lo que él mismo jamás se atrevería a tratar a sus obreros. Ésta es una de las grandes tragedias de nuestra época: el "capital" y el "trabajo" luchan entre sí, cuando ni uno ni otro poseen los medios para reformar las condiciones bajo las que ambos sufren de modo intolerable, a menos que en mancomunada colaboración hallasen un medio para arrebatarles el poder a aquellos financistas, que no sólo crean tales condiciones, sino que las explotan a su paladar.

Existe un súper-capitalismo, basado exclusivamente en la ilusión de que el oro es la suprema felicidad. Existe también un súper-gobierno que, sin alianzas con ningún otro gobierno, actúa independientemente de todos ellos, haciendo pesar, no obstante, su dura mano sobre unos y otros. Existe, finalmente, una raza, parte ínfima de la humanidad, que jamás ni en parte alguna ha sido bien recibida y que, sin embargo, consiguió elevarse a un poderío tal, que ni las más soberbias razas hubiesen pretendido, ni siquiera Roma en los tiempos de su más espléndido poderío. Cada vez más, la humanidad toda, adquiere la convicción de que el problema obrero, el de los jornales, el de la reforma agraria y tantos otros, no podrán resolverse mientras la cuestión primordial de este poderío financiero internacional no haya sido resuelta. 

Reza un antiquísimo proverbio: "Al vencedor, el botín". Y debemos creer hasta cierto punto en la verdad de este proverbio, cuando escasos miembros de una raza poco populosa y siempre despreciada lograron alcanzar tal preponderancia; o tienen que ser superhombres, contra los que no vale resistencia alguna, o son entes vulgares, a los que el resto de la humanidad, harto tolerante, permitió que llegasen a un grado injusto y malsano de predominio. Si los judíos no son superhombres, los no judíos deberán reprocharse a sí mismos por lo ocurrido. Por lo tanto, debe encararse el asunto desde nuevos puntos de vista y analizar detenidamente las experiencias vividas en otros países.


Henry Ford; del libro "El Judío Internacional."







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