sábado, 18 de octubre de 2014

LA MISIÓN FEMENINA (4): "De ninguna manera se impedía a la mujer que actuase en el terreno de los hombres, pero eso no se fomentaba pues no era realmente natural. Era más bien una excentricidad."

"La Espera"


FEMINISMO Y FEMINEIDAD

Con el Nacional-Socialismo el problema es fundamentalmente distinto. Los programas y la ideología en el III Reich, eran pensados, exclusivamente para la masa del Pueblo alemán.

Cuando Hitler habla de Economía dice que le tiene sin cuidado el caviar que puedan comer tres o cuatro mil personas, que lo importante es la producción de carne o patatas; cuando habla de arte, quiere hacer teatros gigantes con capacidad para muchos miles de espectadores, para poder así ofrecer un precio asequible; y también, cuando se habla de la mujer se hace desde el punto de vista de la masa femenina de una nación.

Esta matización es importante porque cuando se dice que la mujer es ante todo la madre, ello aparece a los ojos de nuestra época como un signo de 'machismo'. Nada más lejos de la realidad. Ejemplos como los de Hanna Reitsch o Leni Riefenstahl son notables.

De ninguna manera se impedía a la mujer que actuase en el terreno de los hombres, pero eso no se fomentaba pues no era realmente natural. Era más bien una excentricidad. La Política Nacional-Socialista hacia la mujer se dirigía a la masa de población, a los miles de mujeres de la industria farmacéutica, a la población campesina, a las mujeres de los talleres y las fábricas. Esas mujeres, algunas de las cuales, muchas, contribuían con su sueldo al mantenimiento de toda la familia, no querían derechos, querían justicia. No pedían poder estudiar una carrera, les bastaba con poder cuidar a sus hijos e incluso con poder tenerlos.

Aún hoy, cuando se ha producido un cambio tan profundo en la sociedad actual, los problemas no han cambiado básicamente. Frente a la mujer política, a la titulada universitaria, a la deportista, coexiste una masa de mujeres que deben disimular su embarazo para poder ser admitidas en una fábrica, que deben instruirse en los medios anticonceptivos para evitar el embarazo antes que el contrato de trabajo sea definitivo, que no pueden tener hijos, o tener más hijos, porque no disponen del dinero o la seguridad de trabajo necesarios para poderlos tener. Madres que desean estar más con sus hijos y no pueden por sus horarios laborales, junto a madres que se buscan trabajos o se instalan en una galería comercial, para pasar el rato, mientras se gastan lo mismo o más de lo que ganan con sus 'negocios' o carreras, pagando guarderías, canguros, mujeres trabajadoras que les limpien la casa, comida pre-cocinada, etc.

Este es un panorama real y dramático. La madre que maldice al hijo que le ha impedido permanecer en el trabajo que acaba de encontrar, la que se lamenta de apenas poder ver a sus hijos, las que viven en una continua carrera entre el trabajo y la casa, atendiendo a ambas cosas por medio de un esfuerzo muchas veces excesivo y teniendo que aguantar a una caterva de intelectualoides que elaboran doctrinas teóricas en tertulias filosóficas y que quieren convencer a la mujer trabajadora de que el trabajo y no la familia es lo importante...

Imaginemos una cadena de producción en la cual hay que efectuar unas soldaduras a medida que la cinta transportadora avanza. Imaginemos ese trabajo durante 8 horas, sin poder distraerse ni un instante, en medio de una nave llena de ruido y chispas de las soldaduras y comparémoslo con el trabajo en casa cuidando de los hijos y del hogar, y veremos la débil base, sobre la que se asienta la teoría de los 'derechos de la mujer'. Puede argüirse que en el III Reich el número de mujeres 'famosas' en actividades típicamente propias de hombres fueron pocas, pero si antes hemos mencionado a Hanna Reitsch y a Leni Riefenstahl es difícil mencionar nombres similares en el bando aliado.

No conocemos ninguna mujer General, aunque si son famosas las 'soldadas' rusas empleadas como carne de cañón. Así pues dejando la demagogia a un lado, dejando teorías y trasladando el tema al terreno de la realidad, podremos comprender e interpretar en su debida dimensión la postura del Nacional-Socialismo en el terreno de la mujer. Ante todo el Nacional-Socialismo quería una mujer femenina, no intentaba crear 'milicianas' con uniformes varoniles y con armas de fuego. El fotógrafo de Hitler, Heinrich Hoffman nos relata una anécdota reveladora:

“Personalmente, no tenía él nada que objetar contra el lápiz de los labios o el barniz de las uñas condenados con tanto desdén por los miembros del Partido. Un día, en medio de una discusión sobre el cabello corto, los elementos conservadores abogaron porque ‘las mujeres de pelo cortado no fuesen admitidas en las reuniones del Partido’.

Pero Adolf Hitler tomó su defensa. Rechazó el uniforme primitivo dibujado para las Bund Deutscher Mädel. Declaraba que en materia de uniforme femenino podíamos seguir el ejemplo de las otras asociaciones... Cuando desfilaron ellas por primera vez ante el Führer, se volvió éste hacia mi yerno Baldur von Schirach, que era entonces el leader de la juventud del Reich, y le dijo:

‘Embutidas en esos viejos sacos, esas pobres muchachas repelen las miradas masculinas. ¿Es que se ha empeñado el Partido en crear una raza de solteronas?’

Por orden de Hitler, una modista muy conocida en Berlín dibujó unos nuevos uniformes para las secciones femeninas del Movimiento de la Juventud Hitleriana. Aquellas prendas, más elegantes, fueron adoptadas inmediatamente.

De la misma manera, en un importante discurso pronunciado ante los mandos del Partido, Hitler expuso la misma idea:

“He luchado siempre contra la forma de vestir demasiado puritana de las muchachas de nuestra Sección Femenina. Siempre he sostenido la opinión de que no hemos de hacer repulsivas a nuestras mujeres, sino atractivas (Risas y aplausos). Han de dar la impresión de que están ‘sanas’; pero no deben dar la impresión de ser, digamos, demasiado primitivas. En el vestir no hay que retroceder de pronto a la Edad de Piedra (aplausos).

Hay que mantenerse precisamente en la época en que vivimos. Mi opinión es que si se ha de confeccionar un abrigo, también este abrigo se puede hacer elegante, que no por ello va a resultar más caro. Y una blusa puede tener también un corte bonito. ¿Por qué una muchacha que le guste ir bien vestida ha de encontrar en mí dificultades? ¿Para qué...? ¿Es que realmente hay algo repugnante en el hecho de que se vista para aparecer bonita?

A fuerza de ser sinceros, hemos de decir que a todos nos agrada verlas bonitas (aplausos). Y creo que, precisamente por tratar a la mujer con delicadeza, la llevamos así a su esfera más natural; así las llevamos al terreno que le corresponde. Al fin y al cabo, su misión no consiste sólo en ‘embellecernos’ la existencia, sino que llegará el día en que traigan al mundo niños hermosos, con lo que serán la promesa más segura de que mañana tengamos un Pueblo sano”.



Jorge Mota; del libro “La mujer en la ideología Nacional-Socialista”.







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