viernes, 24 de octubre de 2014

ROBERTO FARINACCI (9): "En realidad, los Fascistas estamos aquí para vigilar los cambios de situación, de una situación planteada, abiertamente ahora, entre los políticos y los militares, entre el frente y la población, entre el valor de los soldados y la realidad nacional."

Galeazzo Ciano


CIANO MUESTRA SU JUEGO ANTIMUSSOLINIANO

14 de julio de 1943.- Descubro que Pietro Badoglio se ha entrevistado con Dino Grandi. Si ese zorro de Grandi se atreve a correr semejante riesgo, es que está muy seguro de su juego. Me resulta demasiado evidente que, bajo todo esto, hay “algo”. Una larga entrevista entre Dino Grandi, Galeazzo Ciano y Giuseppe Bastianini no puede pasar inadvertida. Ciano, que es un ingenuo, puede ser convencido por la astucia reconocida de los otros dos.

Esta tarde he visto a Ciano en V..., y le he hablado francamente, en nombre de la vieja amistad que nos une. Me contestó:

-No hay nada, Roberto; nada en concreto, aparte de un leal deseo por mi parte de servir de ayuda a la patria y al Fascismo, y quienquiera que le haya contado esas cosas está jugando con “fantasmas”. Tan sólo existe un plan vago, en un grupo de antiguos Fascistas de confianza, destinado a poner punto final a una situación imposible. En realidad, nosotros, los Fascistas, estamos aquí para vigilar los cambios de situación, de una situación planteada, abiertamente ahora, entre los políticos y los militares, entre el frente y la población, entre el valor de los soldados y la realidad nacional. Nosotros debemos ajustamos más estrechamente a esta realidad. Si sentimos -como lo creemos- que los alemanes van a ganar la guerra, en tal caso debemos apretarnos más en torno a los que la dirigen y soportan -el Rey, los generales, el Pueblo-; pero si pensamos que los “aliados” han de obtener la victoria, habría que llegar a una paz por separado, si fuese necesario, y en este caso debemos estudiar el asunto antes de que sea demasiado tarde. Desde ambos puntos de vista se desprende, según mi criterio, una decisión: la disminución de poderes a Mussolini, con la consiguiente disminución, también, de responsabilidades. A causa de todo esto debemos entregar el Mando supremo del Ejército al Rey y la responsabilidad del Gobierno a aquellos que no han sido partidarios de la guerra y que podrían, eventualmente, salvar al Fascismo y llegar a un acuerdo con los aliados, quienes creen, y no sin razón, que Mussolini es el único obstáculo real para la paz.

-Eso no es verdad -le contesté-. Todos los que usted me ha citado son verdaderos traidores a la patria en guerra, y precisamente en la etapa de la invasión, cuando todos debíamos levantarnos como un solo hombre para defender nuestro propio suelo.

Seguramente que los británicos dictarían sus condiciones, no solamente para Mussolini, sino para todo el pueblo italiano, que debería soportarlas. Estoy convencido de que, aun hoy, si prescindimos de Mussolini, nuestro único prestigio superviviente, seríamos tratados como traidores por nuestros aliados, los alemanes, y aplastados con desprecio por el enemigo anglosajón.

Ciano y yo continuarnos hablando largamente. El se mantenía en su punto de vista de que yo era demasiado ortodoxo, en ciertos casos, y que no conocía bien a los ingleses y la manera de tratar con ellos para predisponerlos en nuestro favor, aunque los británicos lo aceptaran con el único propósito de reforzar sus posiciones.

Sin embargo, Ciano terminó diciendo que tenía la conciencia tranquila y que mi punto de vista le desagradaba, tanto más cuanto que su deseo era tenerme de su parte. Sonreí y le hice observar que el mundo entero quedaría sorprendido y rompería en carcajadas si un cierto Farinacci abandonara al Duce en tiempos de peligro.

-Y si no le abandono -concluí- no me resarcirá más que con amarguras y desilusiones. No comprendo cómo pueden pensar tan cobardemente aquellos que todo lo tienen por él.


Diario de Roberto Farinacci.







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