domingo, 9 de noviembre de 2014

ADOLF HITLER 77 (color): "No tiene importancia alguna si los nombres de algunos de los que estamos aquí pasen o no a la posteridad. Todos nosotros formamos parte de una gran evolución de la Historia y ésta permanecerá; nosotros desapareceremos, y con el tiempo es muy posible que se borre la memoria de nuestro nombre; pero nuestra obra, vivirá a través de los siglos."


DISCURSO AL SACRIFICIO

Con motivo del luctuoso aniversario del 9 de noviembre, el Führer Canciller, señor Hitler, ha pronunciado un importante discurso en el Bürgerbräukeller, dirigido especialmente a su ‘vieja guardia’. El Canciller ha empezado su alocución, diciendo:

“Por décima segunda vez nos reunimos, y con nosotros todo el Pueblo alemán, en el solemne acto conmemorativo del día en que intentamos por primera vez modificar el curso de los destinos de Alemania. Nuestro primer acto de rebeldía contra el estado de cosas de entonces, hizo que las gentes llegaran a la convicción de que nuestro movimiento no afectaba precisamente al destino personal de cada uno, sino a la vida entera de todo el Pueblo alemán. Nuestro Pueblo tenía que rehacerse de los duros años de la guerra, durante los cuales su comportamiento fue más que heroico. Por lo tanto, era en verdad sorprendente que de su seno surgieran súbitamente, de nuevo, hombres que no querían capitular, sino que, al contrario, estaban dispuestos a emprender la lucha más decidida contra los destructores de Alemania.”

El Señor Hitler se extiende en consideraciones históricas, muy detalladas, sobre la formación y desenvolvimiento del Nacional-Socialismo, y prosigue diciendo:

“Cuando vino el otoño de 1923, nuestro Pueblo vio claramente, cada vez con mayor evidencia, que bajo el peso de la ocupación del Ruhr, unos criminales sin conciencia intentaban descuartizar a Alemania. En aquel momento surgió en nosotros la decisión de actuar y de no esperar que fuesen los demás quienes adoptaran una decisión que parecía muy problemática a los ojos de todos. No es necesario que explique hoy los motivos que me impulsaron entonces a obrar por la violencia. Se sabrán cuando ya no sea de este mundo.

El destino nos ha deparado una nueva alegría estos días. Ayer pudimos ver izada en Alemania la nueva bandera de guerra del Reich. Se trata, ciertamente, de un acontecimiento de una importancia tan grande, como no se ha registrado otro semejante en el curso de 2.000 años de Historia de nuestro Pueblo. Y es que jamás nuestro Pueblo había poseído esta forma interior que se expresa por las mismas ideas y con la unanimidad que ha manifestado en el día de hoy. Es la primera vez, desde que hay alemanes en la tierra, que existe un Reich habitado por un Pueblo verdadero, dominado por una sola concepción del mundo, protegido por un solo Ejército, y todo bajo los pliegues de una sola bandera.

Los sudarios de estos 16 muertos se han estremecido, pues, con la alegría de la resurrección: una resurrección única en la Historia, porque estos sudarios han quedado convertidos en las banderas de la libertad de su Pueblo. (Clamorosa ovación.)

Los adversarios pensaron que con estos 16 muertos habían aniquilado al movimiento Nacional-Socialista: ya ven que han obtenido todo lo contrario. Este milagro lo hemos realizado nosotros.

No tiene importancia alguna el hecho de si los nombres de algunos de los que estamos aquí pasen o no a la posteridad. No tiene importancia alguna, porque todos nosotros formamos parte de una gran evolución de la Historia y ésta permanecerá; nosotros desapareceremos, y con el tiempo es muy posible que se borre la memoria de nuestro nombre; pero nuestra obra, la nueva Alemania que hemos creado, vivirá a través de los siglos.

El destino no ha permitido que estos 16 héroes vivan hoy el Tercer Reich; pero nosotros procuraremos que este Reich tenga siempre aquel sacrificio suyo ante los ojos. Por eso he hecho erigir estos sarcófagos al aire libre: como advertencia y exhortación a toda la nación alemana.

Para nosotros, las víctimas del 9 de noviembre de 1923 no han quedado convertidas en fríos y mudos cadáveres; estos templos no son recintos mortuorios: ellos constituyen un cuerpo de guardia para la eternidad.”

El Canciller ha terminado su discurso diciendo:

“¡Viva nuestra Alemania Nacional-Socialista! ¡Viva nuestro Pueblo! ¡Que los muertos de nuestro movimiento vivan igualmente hoy! ¡Que vivan Alemania y sus hombres de acción, vivos o muertos!”



AgenciaDNB”; Múnich, 09 de noviembre de 1935.







No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡SE AGRADECE SU APORTACIÓN A ESPEJO DE ARCADIA!