miércoles, 12 de noviembre de 2014

DAVID IRVING (2): "Desde el tratado de Munich, Hitler había realizado su primera exigencia sobre Polonia con precaución para la devolución de Danzig y del acceso por tierra hacia el este de Prusia. Hacía ya tiempo que se había prometido recuperar Danzig, la 'Nüremberg del norte', para Alemania."


EN LA CANCILLERÍA DE HITLER

Cuando el 18 de enero de 1939 Hitler regresó a Berlín, la nueva Cancillería del Reich de Speer ya estaba terminada. La gran fachada de estuco amarillo y piedra gris podía contemplarse a cientos de metros de distancia por la Voss Strasse. Empequeñecidos por las enormes columnas cuadradas, los estáticos centinelas de uniforme gris se confundían con los edificios haciéndose invisibles hasta que presentaban armas a los oficiales de paso. Las cuatrocientas habitaciones albergaban el Servicio Civil y la organización del Partido. A la izquierda se encontraban las oficinas de Hans Lammers, y a la derecha la Cancillería Presidencial de Otto Meissner. En la planta más alta estaba la “Cancillería del Führer del partido Nazi” de Philipp Bouhler. Por todas partes se podían ver unos letreros amarillos que indicaban la situación de los refugios en caso de bombardeo aéreo. Actualmente ya no queda nada de la Cancillería de Hitler, sólo una tabla de mármol rojo que decora anónimamente el hogar de un antiguo general o miembro de su personal.

Las dependencias de Estado se encontraban en la primera planta. Los visitantes llegaban en limosina a la zona de recepción, y desde allí se les conducía por toda una serie de salones, a cual más lujoso, hasta llegar al despacho del propio Führer, un cuarto muy grande con pesadas arañas de luces y una inmensa alfombra de color pastel. En la parte frontal de su gran escritorio había tres cabezas de adorno: una de ellas era la de medusa, completada con unas serpientes que se retorcían y que emergían de sus cabellos.

Sin embargo, a Hitler se le veía muy pocas veces en la nueva Cancillería. Siguió viviendo y trabajando en el antiguo edificio, que sobrevivió a los ángulos rectos de la nueva estructura de Speer. Aquí, en el primer piso de la vieja Cancillería, Hitler tenía su residencia. Un vestíbulo y un “cuarto jardín” con cuatro dependencias más se abrían a un viejo jardín en el que se respiraba una soledad casi monástica. Aquí se encontraba la estatua ecuestre de Federico el Grande -regalo de François-Poncet- y el retrato de Bismarck obra de Lenbach. En este edificio también se encontraba el verdadero despacho de Hitler. Las paredes estaban decoradas con un papel de un rojo terciopelo. Un robusto juego de sillas Troost había sustituido al frágil mobiliario de estilo Luis XIV tras un desafortunado incidente con un voluminoso maharajá indio cuatro años atrás.

El 12 de enero de 1939 tuvo lugar un episodio de cierta importancia en el nuevo edificio de Speer durante la recepción diplomática de Año Nuevo que -con la celebración del cumpleaños de Göring- inauguraba el año para la burocracia berlinesa. Vestido con la chaqueta parda del Partido, Hitler esperaba en su cuarto ministerial. Desde ahí podía oír la llegada de los diplomáticos con la instrucción de la guardia de honor y los sonidos familiares del protocolo. Hitler había empezado a tomarle gusto a toda esta fanfarria; en julio de 1938 había dado instrucciones para que se recibiera al Ministro egipcio con toda una guardia de honor, mientras decidió no dar ningún honor al Embajador soviético dada su condición de paria.

A mediodía Hitler caminó por el gran salón de recepción donde los diplomáticos habían formado a propósito un semicírculo, y se detuvo bajo dos arañas de cristal de modo que pudiera leer su discurso sin necesidad de gafas. Estrechó la mano de cada uno de los diplomáticos con brevedad, pero cuando le tocó el turno al diplomático ruso Alexei Merekalov, Hitler se detuvo y empezó a hablar con él. En el celoso mundo diplomático el contenido era lo de menos, lo importante era el tiempo transcurrido. Hitler habló con Merekalov durante varios minutos; de este modo daba a entender a Moscú que podía olvidar fácilmente las rencillas del pasado (el 22 de agosto, en la víspera del histórico pacto con Stalin, Hitler se jactaría ante sus generales de haberse puesto manos a la obra en esa misma recepción).

Las relaciones ruso-alemanas se habían caracterizado por la mutua desconfianza desde hacía dos décadas. La prudente cooperación iniciada en Rapallo en 1922 había sobrevivido hasta 1933: Alemania había proporcionado equipos especiales y la experiencia para utilizarlos; Rusia había colaborado con materias primas y espacio para el entrenamiento clandestino de la Reichswehr. Ésta había proporcionado a los rusos manuales alemanes de entrenamiento prototipos de armas y una escuela de entrenamiento en Alemania. La revolución nazi de 1933 había frustrado momentáneamente las aspiraciones que Moscú tenía en Alemania; al fin y al cabo, Adolf Hitler era el autor de ‘Mein Kampf’, y el capítulo 14 seguía dejando muy claro el odio patológico que sentía hacia la Unión Soviética y sus intenciones de conquistar aquellas tierras. Hitler admiraba moderadamente a Stalin por el modo en que el Bolchevismo había puesto a los eslavos subhumanos -como les llamaba- bajo “la tiranía de una pandilla gobernante de judíos”, estableciendo la clase de dirección de ‘élite’ que él precisamente estaba tratando de conseguir para Alemania. Pero ambos lados siguieron preparándose para hacerse la guerra el uno al otro. En marzo de 1936 Hitler habló claramente en el Reichstag sobre las vastas llanuras fértiles de Ucrania en la que los alemanes algún día ‘nadarían en la abundancia’. En sus discursos secretos de 1938 siempre se refirió al poder militar de la Unión Soviética como una ‘quantité négligible’. Pero al darse cuenta de que Polonia no estaba dispuesta a convertirse en un complemento, a Hitler se le ocurrió que la ayuda de Stalin podía serle útil.

Desde el tratado de Munich, Hitler había realizado su primera exigencia sobre Polonia con precaución para la devolución de Danzig y del acceso por tierra hacia el este de Prusia. Pero Polonia se había negado en redondo. Hitler no podía aplazar indefinidamente el problema polaco. El este de Prusia era de vital importancia para su ‘Ostpolitik’: la futura cruzada en el este. La capital Königsberg era alemana por los cuatro costados: en su catedral del siglo XIV yacían los restos del filósofo Immanuel Kant y muchos príncipes Hohenzollern. Pero la provincia contaba con una población empobrecida y en declive (tal como lo expuso el 12 de mayo de 1942, era consecuencia de la locura de los pasados gobiernos prusianos al tenerla como una colonia penal para maestros, funcionarios del Estado y oficiales que no alcanzaran el nivel deseado en su lugar de origen). Es muy significativo el hecho de que Hitler decidiera acabar con esta carencia el 01 de febrero de 1939 decretando en secreto el “reforzamiento de los territorios fronterizos del este”, y tomando unas medidas económicas destinadas a frenar la salida de mano de obra y de capital procedentes del este de Prusia. Hacía ya tiempo que se había prometido recuperar Danzig, la “Nüremberg del norte”, para Alemania. Se había hecho grabar el escudo de Danzig -un barco de plata sobre olas azules- en los gemelos de sus camisas. Desde septiembre de 1938 había abrigado la esperanza de que podía llegar a un trato con Polonia para recuperar pacíficamente Danzig a cambio de la Ucrania carpática que codiciaban los polacos. Ribbentrop hizo saber esta idea al embajador polaco Josef Lipski el 24 de octubre. Lipski había respondido con evasivas. Hitler no se desanimó e invitó al Ministro de Exteriores polaco, el coronel Jósef Beck, a que le visitara por Año Nuevo. Aquel secreto encuentro tuvo lugar en el Berghof el 05 de enero de 1939. Beck se negó a picar el anzuelo. Por esta razón Hitler abandonó Berlín dos días después decidido a buscar la ayuda de Stalin. El primer paso lo constituyó el largo coqueteo con Merekalov; la negativa de atacar a la URSS expresada en el discurso de su aniversario el día 30 de enero fue el segundo.


David Irving; extracto del libro "El Camino de la Guerra."







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