miércoles, 26 de noviembre de 2014

DAVID IRVING (3): "Hitler ordenó que a la llegada del Presidente checo se le rindieran honores militares. La hija de Hácha le acompañaba como enfermera; Hitler hizo que un ayudante llenara la habitación de la hija del Hotel Adlon con rosas amarillas, y le puso una nota escrita de su puño y letra. Protegidas por la oscuridad, las primeras unidades armadas alemanas penetraron tranquilamente en Checoslovaquia."



EN LA CANCILLERÍA DE HITLER 

En Berlín, Hitler mantenía un horario más o menos regular, recibiendo a Ministros del gabinete durante la mañana y comiendo tarde, a las tres o a las cuatro. Bromeaba a propósito de su comedor diciendo que merecía llamarse “El Alegre Canciller”. Las mujeres no podían entrar. Esta especie de asamblea de sobremesa era lo que más se llegó a parecer a una reunión ministerial después de 1938 (aunque en una ocasión, en febrero de 1939, accedió a la sugerencia de Lammers de convocar una, pero Göring se encontraba en Italia recuperándose de una cura de adelgazamiento, y abandonó la idea). Por el diario de Todt sabemos que fue en nueve ocasiones (incluyendo la del 27 de enero de 1939, para mostrar a Hitler los planes del inmenso puente colgante de Hamburgo).

Después del almuerzo Hitler leía los periódicos que un ayudante le compraba cada día en un quiosco del cercano Hotel Kaiserhof. En los años anteriores tenía la costumbre de tomar el té en el Kaiserhof: al verle entrar, la pequeña orquesta empezaba a tocar la “Donkey Serenade”, la canción de Hollywood que más prefería. Se confesaba un ferviente admirador de Shirley Temple y de Jeannette MacDonald. Podía ver las películas que quería, pero no se ahorraba improperios si la película no le gustaba desde la primera bobina: “¡Pero qué porquería! debería prohibirse” “¿Cómo es posible que el Doctor permita una película como ésta? ¿Quién es el director?” Los ayudantes de las SS del Führer reunían sumisamente tan breves y expresivos análisis y los enviaban al Ministerio de Propaganda. Sus juicios tenían carácter de ley y ¡ay de la película que mereciera la reprobación definitiva del Führer “interrumpida a mitad de la proyección”! Películas como ‘Prairie Hyenas’, ‘Tip-Off Girls’, ‘King of Arizona’, ‘Bluebeard’s Eighth Wife’, ‘The Great Gambini’, ‘Shanghai’, tuvieron un final fatal en la Cancillería de Hitler. Cuando se proyectó ‘Marie Antoinette’, Hitler se levantó y se marchó muy ofendido.

El 13 de febrero de 1939 el tren especial de Hitler le llevó hasta Hamburgo. Aquí, el mayor acorazado nazi, con 35,000 toneladas blindadas, esperaba su botadura. Primero, y a modo de homenaje, se detuvo en la cercana Friedrichsruh para visitar la tumba de Bismarck, el hombre de Estado cuyo nombre había elegido para el primer gran barco de guerra del Reich. A la mañana siguiente, mientras unas bandas de música entretenían a los cincuenta mil espectadores allí presentes, un transbordador verde llevó al Führer por el Elba desde el embarcadero de Saint-Pauli hasta el astillero de Blohm & Voss. En Hamburgo se declaró día festivo. Las bandas de música se callaron mientras Hitler se dirigía al alto andamio y pronunciaba un discurso preparado de antemano en el que se dedicó a elogiar las obras de su gran predecesor al fundar el Segundo Reich, el mismo Hitler había decidido la posición de todas las cámaras de los noticiarios, y había prohibido la asistencia de corresponsales de periódicos extranjeros. Cuando terminó su discurso al cabo de diez minutos, una pequeña luz roja se encendió en su tribuna anunciando que se estaban retirando las últimas escoras y que el coloso estaba a punto de moverse. El nuevo acorazado Bismarck se precipitó hacia el Elba en medio de un gran estrépito y al son del Himno Nacional alemán.

Resulta muy reveladora la nota personal escrita por el barón von Weizsäcker sobre las observaciones que hizo el Führer en la sobremesa de una comida íntima en el sepulcro de Bismark en Friedrichsruh aquel mismo día, el 13 de febrero:

“Para los que ya sabemos que en aproximadamente cuatro semanas lo que queda de Checoslovaquia recibirá su golpe mortal, era interesante oír decir al Führer que siempre había preferido las tácticas de sorpresa, pero que ahora las abandonaba por haber agotado sus posibilidades. El Führer se refirió a la crisis del septiembre del pasado año de este modo: ‘Debo mi triunfo a la firmeza de mi postura, que dejó al otro lado a un paso de la guerra si yo lo creía necesario’.”

La situación para la probable invasión de Checoslovaquia aún no se había producido, ni tampoco se había encontrado una fórmula que la hiciera grata a las potencias occidentales. El mismo Weizsäcker, en una nota, sin fecha, describió el probable desarrollo de los hechos: Eslovaquia se separaría del gobierno de Praga por una disputa inducida artificialmente; entonces Alemania aconseja a Hungría que “restaure el orden” en la Ucrania carpática; el gobierno eslovaco pide a Hitler que garantice la inviolabilidad de sus fronteras; los alemanes de la Bohemia piden protección, y se lanza un ultimátum a Praga para que firme un tratado con el Reich que, en caso de no llevarse a cabo, trae como consecuencia la invasión de la Wehrmacht. La máquina propagandística de Goebbels echaba la culpa a los checos, daba énfasis a la moderación de la intervención alemana y enumerada episodios similares de la historia.

Desde la época de Munich los agentes de Hitler se habían infiltrado en lo más profundo del sistema eslovaco. Agentes anónimos de las SS de Himmler, del Ministerio de Goebbels, de la oficina del Plan Cuatrienal de Göring, y de la organización Extranjera nazi (AO) se habían desparramado por toda Eslovaquia. Hacia el 21 de enero de 1939, coincidiendo con una dura entrevista mantenida entre Hitler y el Ministro checo Chvalkovský, estaba claro que ya había tomado una decisión. Hitler pidió la absoluta neutralidad checa así como una considerable reducción de las fuerzas checas. Chvalkovský prometió obedecer.

Voytech Tuka, un agitador eslovaco que había sufrido muchos años de prisión checa y que se acababa de beneficiar de una amnistía tras la marcha de Beneš, mandó un telegrama a Hitler instándole exageradamente a que protegiera a los eslovacos y los aceptara como compañeros económicos y culturales de la “ilustre nación alemana”. Hacia el 10 de febrero los hombres que Karmasin tenía en Bratislava recibieron la confidencia de que Hitler iba a derrocar el régimen de Praga en un mes. Tuka fue a ver a Hitler el día 12, y dejó oficialmente el destino de Eslovaquia en sus manos. “Mi Pueblo”, dijo, “espera de ustedes la liberación completa”. Hitler insinuó que Eslovaquia debía declararse independiente de Praga, la primera escena del guión que Weizsäcker había desarrollado (si no propuesto). Wilhelm Keppler mandó a su colaborador más próximo, Doctor Edmund Veesenmayer, a Bratislava para decir a los eslovacos que se apresuraran, ya que “de no hacerlo, Hungría obtendría nuestro permiso para ocupar Eslovaquia pasado el 15 de marzo”. Cuando Durcanský y su Ministro de economía fueron a ver a Göring el 28 de febrero, el Mariscal de campo les recibió con estas palabras: “¿Y ahora qué? ¿Cuándo van a declarar la independencia para que no tengamos que dejarles en manos de los húngaros?”

Lo sucedido el 10 de marzo de 1939 cogió a Hitler totalmente desprevenido. A las 5:20 de la mañana, Walther Hewel recibió una llamada telefónica de Viena con la noticia de que las tropas checas habían tomado Bratislava. El Padre Tiso, el Primer Ministro eslovaco, se había refugiado en un colegio jesuita. Las notas de Hewel dan constancia de unas conversaciones mantenidas toda la mañana con Ribbentrop, Heydrich, Schmundt y Keppler. A las 11:50 de la mañana escribe: “Keppler llama por teléfono: han detenido a Tuka. El teléfono se ha cortado. Es la Ley Marcial. Las tropas lo ocupan todo. Puede que también hayan detenido a Karmasin”. Y a las 11:55: “Schaub informa que hablará con el Führer”. Y a las doce del mediodía: “Conversación con el Jefe (Ribbentrop): irá a ver al Führer en seguida”. A la una de la tarde también se mandó llamar a Keitel. Para amortiguar la alarma de la prensa extranjera, los responsables de la prensa nazi recibieron instrucciones en secreto aquella misma mañana para no dedicar más de dos columnas a la crisis checa. El regimiento de guardia de corps de las SS de Hitler (Leibstandarte) fue puesto sobre aviso con la orden de ponerse los uniformes de campaña de color gris. En una reunión secreta con miembros licenciados del personal a última hora del día 11, Hitler explicó: “La estructura de un Estado exige que los Herrenvolk se encarguen de la organización en tanto que una clase inferior de gente -llamémosles dominados- se postran ante esa dirección”. La historia, se aventuró a decir Hitler, proporcionaba más de un ejemplo de un estrato relativamente pequeño de dominadores que organizaban a una gran masa de esclavos.

Durante unos días en Checoslovaquia no hubo más que confusión. El Presidente Emil Hácha dispuso que el Doctor Karol Sidor ocupara el lugar de Tiso en Eslovaquia. Hitler envió a su agente Keppler a Bratislava. Keppler recuperó a Tiso y se lo llevó de vuelta a Berlín el 13 de marzo. Hitler fue directo al grano y le dijo a Tiso que proclamara la independencia de Eslovaquia con respecto a Praga y que lo hiciera inmediatamente. Ordenó que la Wehrmacht estuviera preparada para la invasión a las 6 de la mañana del día 15. El OKW redactó un ultimátum adecuado para presentárselo a los checos. A mediodía del 14 de marzo Keitel informó a Hitler que la Wehrmacht estaba en condiciones de lanzarse al ataque en la frontera checa. Para enfriar las críticas procedentes del extranjero, Hitler informó a Praga que sería de “gran ayuda” para Checoslovaquia si el Doctor Hácha viajaba a Berlín a pesar de su edad y de su debilidad. A las 2:15 de la tarde la legación alemana de Praga confirmó que Hácha se dirigiría a Berlín aquella misma noche, pero en tren, ya que su corazón no resistía la tensión de un vuelo. Hitler ordenó confidencialmente al Ejército de tierra que llevara a cabo la invasión a las 6 de la mañana, y dio instrucciones a Keitel para que volviera a la Cancillería a las 9 de la noche. El Coronel Eduard Wagner expresó el entusiasmo de todo el Estado Mayor general en una carta personal aquella misma noche: “No creo que pasen demasiadas cosas. Las potencias extranjeras se han desinteresado por el asunto. ¡Se acabó Checoslovaquia! ¡Hace tiempo que lo estaban pidiendo!”.

Hitler ordenó que a la llegada del Presidente checo se le rindieran honores militares. La hija de Hácha le acompañaba como enfermera; Hitler hizo que un ayudante llenara la habitación de la hija del Hotel Adlon con rosas amarillas, y le puso una nota escrita de su puño y letra.

Protegidas por la oscuridad, las primeras unidades armadas alemanas penetraron tranquilamente en Checoslovaquia. La guardia de corps de las SS había recibido instrucciones de infiltrarse en la ciudad de Ostrava en la Moravia antes de que los polacos pusieran sus garras sobre las modernas fábricas de acero de Witkowitz.


David Irving; del libro “El Camino de la Guerra.








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