miércoles, 5 de noviembre de 2014

EL ARMISTICIO DE 1918 (2): "Los once días, desde el 25 de octubre al 4 de noviembre, fueron pasados en París por los Jefes aliados en extensas discusiones acerca de las condiciones que habrían de imponérsele a Alemania. De éstas, las condiciones navales eran las más difíciles para llegar a un acuerdo."

Prinz Max von Baden

SE ACENTÚA LA DESCOMPOSICIÓN POLÍTICA EN BERLÍN

El Presidente Wilson contestó el 23. Declaró francamente que el único armisticio posible sería dejando a los potencias aliadas que reforzaran las condiciones del mismo y que se colocara a Alemania en una posición que no le permitiera reanudar las hostilidades. Dijo que estaba enviando toda la correspondencia a los gobiernos aliados, sugiriéndoles que, si ellos estaban dispuestos a concertar la paz sobre las condiciones indicadas, que consultaran a sus consejeros militares acerca de los términos, siempre y cuando, sin embargo, que dichos consejeros consideraran posible un armisticio desde el punto de vista militar.

Solicitó que se le diera mayores seguridades de la validez de los cambios constitucionales efectuados en Alemania. Y terminó diciendo: “Las naciones del mundo no creen, ni pueden creer, en la palabra de aquellos que, hasta ahora, han sido los directores de la política alemana”.

Esta nota llegó a Berlín al día siguiente. Inmediatamente provocó dos crisis, una en el acto y la otra más tarde, las cuales pusieron fin a la carrera de dos preeminentes alemanes. La cuestión relacionada con el Káiser, habiendo sido más o menos discutida a la luz del día, dio cauce para que los Socialistas Demócratas aprovecharan la oportunidad para anunciar que, al día siguiente, ellos pedirían la abdicación del Emperador. El Príncipe Max logró aplazar, por el momento, este ultimátum. Por otra parte, no podía evitar que los Generales Hindenburg y Ludendorff fuesen a Berlín, desestimando sus órdenes, con la anunciada intención de ver al Káiser y pedirle la ruptura inmediata de las negociaciones.

La paciencia del Canciller se agotó con la intromisión e insubordinación del Cuartel General. Hizo de esto una cuestión de confianza y presentó al Emperador la alternativa de aceptar su dimisión o la renuncia del General Ludendorff. El 26 de octubre en el castillo de Bellevue, el Káiser destituyó fríamente a su primer intendente General. Se persuadió a von Hindenburg para que permaneciera en su puesto, y el General Groner fue nombrado para reemplazar a Ludendorff.

Entretanto, el 25 de octubre, los Generales aliados Haig, Petain y Pershing, conferenciaron con el Mariscal Foch en su Cuartel General, en Senlis, para comunicarle sus puntos de vista acerca de las condiciones del armisticio. Haig se mostró inclinado a condiciones moderadas. No consideraba que el enemigo pudiera oponer seria resistencia. Petain era de opinión contraria. Pershing fue el más severo y exigente de todos, y aceptó sólo de mala gana otra cosa que no fuera una completa capitulación. Al día siguiente el Mariscal Foch fue a París y, a fin de estar seguro de la más absoluta reserva, entregó personalmente el bosquejo de las condiciones del armisticio a Clemenceau y a Poincaré.
   
EMPIEZA EL ESTUDIO DE LAS CONDICIONES ALIADAS

La cuarta y última nota de Alemania fue despachada el 27 de octubre. Aseguraba al Presidente Wilson que las negociaciones estaban llevándose a cabo por un Gobierno popular, al cual estaba ahora subordinado el mando supremo del Ejército. Y terminaba con una frase curiosamente absurda: “El Gobierno alemán espera ahora proposiciones para un armisticio”, absurdo en el cual cayó también Erzberger en Rethondes, y que fue sutilmente corregido por el Mariscal Foch, como se verá luego.

Los once días, desde el 25 de octubre al 4 de noviembre, fueron pasados en París por los Jefes aliados en extensas discusiones acerca de las condiciones que habrían de imponérsele a Alemania. De éstas, las condiciones navales eran las más difíciles para llegar a un acuerdo. Los funcionarios civiles y los Generales las consideraban demasiado fuertes, tal como habían sido redactadas por los Almirantes. Estos creían que no lo eran bastante. La ironía da todo ello fue que estas frecuentes y reñidas discusiones entre los aliados eran, sin saberlo ellos, puramente académicas, a consecuencia de que la rebelión en aquellos mismos instantes, estaba extendiéndose tranquila, pero enérgicamente, en toda la escuadra alemana estacionada en Kiel.
  
LA REBELIÓN DE KIEL

En Berlín, enterado también de los acontecimientos que tenían lugar en Kiel, el Canciller se mostraba preocupado durante este intervalo de tiempo, como lo expresó gráficamente al hablar de ‘vanos esfuerzos para iluminar al Káiser’. Al llegar la noche del 29 de octubre, estos esfuerzos habían intranquilizado en tal forma al Emperador, que buscó refugio contra ellos, y para consternación del Príncipe Max, abandonando Berlín sin previo aviso, fue a guarecerse en la más segura y aduladora atmósfera del Cuartel General en Spa. Como si esto hubiera sido una señal, la alianza de las potencias centrales comenzó a desintegrarse casi en seguida. El 30 de octubre una comisión austrohúngara de armisticio logró llegar al Cuartel General italiano en Padua. Simultáneamente, los delegados turcos se rendían a bordo del buque insignia del Almirante Calthorpe, en el puerto de Mudros (Lemnos). Al llegar el 03 de noviembre, Austria-Hungría había terminado las negociaciones y firmado lo que prácticamente era una capitulación. En consecuencia, Alemania quedaba sola frente a los ejércitos aliados.

El 04 de noviembre, el Consejo Supremo de éstos llegó a un acuerdo sobre las condiciones que habrían de imponérsele a Alemania, y las cablegrafió al Presidente Wilson.

El 05 de noviembre, el General Groner informó a su Gobierno en forma muy pesimista acerca de la situación militar. La escuadra alemana había izado el pabellón rojo, y la revolución se extendía rápidamente en tierra. Se había sorprendido al Ministro Bolchevique fomentando la insurrección, e inmediatamente se le entregaron sus pasaportes. Se habían proyectado motines que debían producirse en Berlín, pero pudieron ser contenidos. Las tropas habían comenzado a rebelarse, y el primer oficial del Estado Mayor del Príncipe heredero fue abiertamente insultado en la calle por un soldado.
  
ERZBERGER ENTRA EN ESCENA

El 06 de noviembre el General Groner declaró al Canciller: “Tendremos que cruzar las líneas de combate con una bandera blanca, no más tarde del día 09”. Sin embargo, las cosas se apresuraron en este punto con la llegada de la cuarta y última nota del Presidente Wilson. Mencionando dos reservas aliadas con relación a los ‘Catorce puntos’, el Presidente decía que el ‘Mariscal Foch había sido autorizado... para recibir representantes propiamente acreditados del Gobierno alemán y comunicarles las condiciones del armisticio’.

A las cinco de la tarde del 06 de noviembre, el Secretario de Estado, Erzberger, nombrado contra sus deseos para presidir la Comisión alemana de Armisticio, salió de Berlín en un tren especial hacia Spa. Se llevó consigo al Conde Oberndorff, y tenía amplios poderes firmados en blanco por el Canciller.

El 07 de noviembre, por la mañana, el Mariscal Foch recibió el primer mensaje inalámbrico del Cuartel General alemán. Este despacho anunciaba los nombres de los delegados y solicitaba que se dispusiera un sitio para la conferencia. Foch contestó en seguida ordenando a los alemanes que se presentaran en las posiciones francesas de la carretera Chimay-Fourmier-La Capelle-Guise. Se tomaron disposiciones para una suspensión temporal de hostilidades en aquel sector.

Erzberger llegó a Spa a las ocho de la mañana. Pasó toda la mañana en conferencia con los altos oficiales del Cuartel General, y allí seleccionó los miembros militares de la delegación. Los alemanes salieron de Spa al mediodía, viajando en cinco automóviles. Llegaron a Chimay, después de muchos retrasos, a las seis de la tarde. Allí, después que Erzberger consultó con un General acerca de las condiciones de las carreteras, decidió continuar hacia Trelón, en vez de Fourmier. (En este preciso instante comenzaba la ciudad de Nueva York su grandiosa celebración, con motivo de la falsa noticia recibida de que había sido firmado el armisticio.) Erzberger salió de Trelón a las siete y media de la noche.

A las nueve y veinte minutos la delegación cruzó las líneas avanzadas del frente alemán. Los automóviles avanzaban lentamente por el campo de batalla, a través de una densa niebla...


Humphrey Cobb; del relato “En el bosque de Compiégne.







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