viernes, 21 de noviembre de 2014

ERNST ROEHM 2 (color): "El NS surgió de las trincheras de la guerra y significa el alzamiento del espíritu de soldado contra el absurdo de hombres que no están dispuestos de sostener con alma y vida las consecuencias de sus actos. No se puede comparar con otro sistema del mundo, porque todos suponen el concepto de fuerza armada, que no existe por voluntad de Adolf Hitler. Imperecedero timbre de gloria el que en tiempos de suma calamidad se encontrasen hombres que por puro idealismo estuvieran dispuestos a sacrificarse. ¿Creen que la Revolución se hubiera llevado a cabo sin esa férrea disciplina?"


LA MISIÓN DE LA SA (Parte 2)

Si la Política no la hicieran más que soldados conscientes de que los errores de su Política se vengarían en ellos (en primer y en último término), se le ahorraría a la humanidad mucho dolor porque la Política se haría con más conciencia de la responsabilidad. Todos recordamos cómo se incitó a la guerra año tras año. El resultado fue un envenenamiento de la opinión mundial y la consecuencia de que, según el propio testimonio de uno de los estadistas más influyentes, entonces en el mundo las naciones cayeran ebrias en la conflagración. No fue el soldado el que azuzó a la guerra porque bien sabía que era él quien tendría que correr personalmente el riesgo. Toda guerra, incluso la que se gana, exige sacrificios tremendos. Y el que tiene que soportar esos sacrificios no complotará jamás una guerra criminalmente. 

El soldado que empuña las armas, que mata o muere con ellas, que vence o sucumbe con honor, sabe que toda guerra tiene que terminar un día y que no hay enemistad que pueda durar eternamente. Quien se ha batido con honor puede también reconciliarse con honor. Pero a la Guerra Mundial se le puso fin de una manera no honrosa, no viril, no de soldado. El llamado Tratado de Paz de Versalles con sus cláusulas humillantes y de imposible cumplimiento no era más que una prolongación de la guerra con otros medios, no era más que una perpetuación del odio. No fueron los soldados que estuvieron en la guerra frente a frente los que hicieron el tratado, los que atizaron la propaganda de aversión que, a pesar de la supuesta paz, se hizo y se hace contra Alemania. También aquí fueron y son las mismas fuerzas que lanzaron a la humanidad a la guerra.

Precisamente en los últimos meses, desde que el Nacional-Socialismo ocupó el poder en Alemania y libró al Pueblo alemán de su desgarramiento interno partidista, ha surgido una nueva ola de odio que se estrella contra la nueva Alemania de Adolf Hitler. Y también aquí vemos actuar con toda claridad elementos que, a buen seguro, no estarían dispuestos a defender con las armas lo que hacen. Los emigrantes, a quienes arrojó del país, no el Nacional-Socialismo sino la propia mala conciencia, son los que excitan y atizan el fuego contra Alemania. Y desgraciadamente hay una prensa al servicio de intereses cuyo medro es la guerra, dispuesta a abrir sus columnas a esos manejos de emponzoñamiento de los pueblos. En los panfletos de esos individuos irresponsables, sin conciencia y sin patria, se repite siempre la misma falsedad: las organizaciones políticas de la Alemania Nacional-Socialista tienen carácter militar y pueden ser, por consiguiente, una amenaza para la paz mundial.

Ya subrayé al comenzar ésta, mi conferencia, que el Nacional-Socialismo surgió de las trincheras de la guerra y que él significa el alzamiento del espíritu de soldado contra el absurdo principio de una dirección política ejercida por hombres y por fuerzas que ni están dispuestos ni son capaces de sostener con alma y vida las consecuencias de sus actos; que el Nacional-Socialismo consigna el derecho del soldado a la dirección política porque la mejor garantía de una dirección responsable y consciente la da la certidumbre de tener que responder en primero y en último extremo de las faltas y yerros de su política.

Como el Jefe responsable de toda la organización alemana de la SA, y en vista de que nada tenemos que ocultar y que aún hoy la nueva Alemania está dispuesta a desarmarse hasta de su última ametralladora, si los demás Estados hacen lo propio, me dirijo a la opinión mundial para exponer la verdadera significación de la SA.

La institución de la SA no se puede comparar con ningún ejército, con ninguna milicia ni con cualquier otro sistema militar del mundo. Nada tiene de común con ellos, porque todos esos sistemas de ejército suponen el concepto de fuerza armada, que es lo que precisamente no existe en la SA por expresa voluntad de Adolf Hitler. De ahí que él, en todas sus proclamas referentes a las relaciones entre el Ejército alemán y la SA, haya trazado clara y terminantemente la línea divisoria. El Ejército, o sea, la Reichswehr, es la única fuerza armada del Reich, en tanto que la SA es la portadora de la voluntad y de la idea de la Revolución Nacional-Socialista alemana.

A la Reichswehr corresponde la defensa de las fronteras y la protección de los intereses del Reich frente al extranjero. La misión de la SA es la de perfilar espiritualmente y con energía el nuevo Estado sobre el fundamento ideológico Nacional-Socialista y la de hacer del alemán un viviente miembro de ese Estado Nacional-Socialista. Entre la Reichswehr y la SA no hay relación alguna. Por eso el Ejército alemán estuvo completamente alejado de la Revolución Nacional-Socialista, hecho sin precedente en la historia de las revoluciones.

La SA, no obstante su fuerza numérica de unos dos millones y medio, no está concentrada en cuarteles ni recibe asistencia común, como ocurre en todas las organizaciones pertenecientes a cualquiera de los sistemas militares que mantienen los Estados vecinos. No cobra salario ni se le suministra el uniforme de servicio. Hoy, igual que antes, el servicio en la SA es absolutamente voluntario. El que pertenece a ella atiende a su ocupación civil y no consagra al servicio de la SA más que el tiempo libre, es decir, las últimas horas de la tarde y las horas de la noche. La SA surgió como un medio de defensa y de acción contra los enemigos políticos interiores, contra el Comunismo y el Marxismo. La SA ha sostenido durante catorce años la lucha espiritual para la conquista del poder del Estado. Su misión primordial es hoy la de asegurar el triunfo de la Revolución Nacional-Socialista. 

El miembro de la SA es el paladín de la ideología Nacional-Socialista, su emisario, el que lleva a la cabaña más apartada y al último compatriota el bien espiritual del Nacional-Socialismo. En sus años de lucha probó convincentemente, la SA, a costa de inmensos sacrificios de sangre y de hacienda, su incondicional lealtad al Führer y al movimiento, legitimándose así para su misión. Imperecedero timbre de gloria será en la historia alemana el que en tiempos de suma calamidad se encontrasen centenares de miles de hombres que por puro idealismo y con absoluta libertad, estuvieran dispuestos a sacrificarse hasta lo último.

Si el extranjero se complace en señalar el entrenamiento militar de esas formaciones, tengo que acentuar enérgicamente que ese entrenamiento no es finalidad sino medio educativo. Desde un principio, el objetivo de Adolf Hitler fue el de renovar Alemania sobre la base probada de la disciplina y del orden. Grandes masas, especialmente cuando son portadoras de una ideología revolucionaria, no pueden manejarse sin rígida disciplina y riguroso orden, sin incondicionada autoridad del Jefe y obediencia en los que le sirven. ¿Creen que la Revolución alemana se hubiera llevado a cabo tan incruentamente de no haber estado animados todos los que la hicieron de esa férrea disciplina? Y precisamente porque el Pueblo alemán quiere organizar ordenada y pacíficamente su nuevo Estado, la disciplina y el orden que el extranjero teme como entrenamiento militar son la más segura garantía contra la bolchevización, no sólo de Alemania sino también de toda Europa.

Hasta aquí, gracias única y exclusivamente al hecho de que en el corazón de Europa estaba desde hacía muchos años la SA con una orientación conscientemente antibolchevista, y como baluarte de la tranquilidad y el orden del mundo, no pudo el Bolchevismo apoderarse de los países occidentales de Europa. Por eso es interés del extranjero mismo ver consolidarse el orden y la disciplina en el Pueblo alemán. El mundo debiera agradecer en lugar de falsear los hechos, como desgraciadamente ocurre, presentando a la SA como una amenaza para la paz.

También la uniformidad de la vestimenta sigue tomándose de pretexto para presentar al mundo el cuadro de una Alemania belicosa y preparada para la guerra. Y eso que la camisa parda, por la tela y por el corte es completamente inadecuada para uniforme de campaña. No protege contra las inclemencias del tiempo. No creo que un imparcial experto militar de cualquier ejército del mundo pueda considerar sinceramente la camisa parda como una prenda utilizable en la guerra. Por otra parte, no he visto hasta ahora que nadie se haya extrañado de la uniformación de las numerosas sociedades masculinas y femeninas de los Estados vecinos. Sin embargo, es un hecho que casi toda la juventud en Inglaterra, Francia, Italia, Estados Unidos, Polonia y Rusia lleva no sólo uniformes semejantes en corte y color al de sus respectivos ejércitos, sino que elementos militares activos y también de reserva le dan abiertamente la instrucción necesaria en el manejo de armas para el servicio de guerra. 

La camisa de servicio de la SA no es, en cambio, propia para que el que la lleva pueda mimetizarse en el terreno, cosa que hay que exigir de un uniforme militar, sino que, al contrario, está destinada a resaltar en el contorno por la inusitada fuerza luminosa de su color, revelando a amigos y a enemigos la presencia de un paladín de la concepción Nacional-Socialista. El que con una formación tan llamativamente uniformada y tan absolutamente privada de armas no puede hacerse guerra alguna, no necesita una explicación especial.

Cualquier experto desecharía también la objeción de que en poco tiempo podría armarse fácilmente a los pardos batallones dotándolos de los medios técnicos de una guerra moderna. Quien afirma esto demuestra únicamente no tener la menor idea de las inmensas dificultades que presenta precisamente esta cuestión. Conozco, al contrario, numerosas opiniones de expertos militares de los Estados vecinos que consideran cosa imposible un pertrechamiento en corto plazo. Bien es cierto que tales juicios se emitieron solamente cuando se trataba de reforzar las propias peticiones sobre armamentismo. Prescindiendo del hecho de que Alemania, a decir de la comisión misma de Control Interaliada, cumplió en su más mínimo detalle las obligaciones del desarme que le fueron impuestas por el Tratado de Versalles, carece el país de los medios económicos e industriales necesarios para poder armarse. 

Alemania, consciente de su desfavorable situación geográfico-militar, tiene el mayor interés en el mantenimiento de una paz honrosa. Casi todos los centros industriales de Alemania están al alcance de los cañones de los países vecinos. Y frente a los miles de aviones de guerra de los Estados que nos rodean, Alemania no dispone ni de uno solo para defenderse. A hombres desarmados y no ejercitados constantemente en el manejo de las armas no se les puede convertir en un día en soldados temibles y peligrosos para la seguridad del mundo por el solo hecho de ponerles armas en las manos. Entretanto algunos perspicaces han creído descubrir también que mi nombramiento como Ministro del Reich, y con esto, la incorporación de la SA en el engranaje del Estado, significaba una medida altamente sospechosa del gobierno de la nueva Alemania. No dejo de lamentar nunca la gran suma de cálculos de probabilidades y de fantasías que derrocha el mundo para complicar las cosas más sencillas y naturales. El mundo y la paz de los pueblos estarían mejor servidos si todos aquellos inteligentes que se quiebran la cabeza para buscar a cualquier hecho las explicaciones más embrolladas posibles, quisieran tomarse la menor pena en considerar el Nacional-Socialismo y su ideología como una realidad y estudiar sus leyes.

No descubro un secreto ni digo nada nuevo si les hago notar la aspiración Totalitaria del Estado Nacional-Socialista. Esto significa que la idea Nacional-Socialista ha conquistado políticamente el Estado y por lo tanto ha hecho saltar las cadenas del partidismo. El Nacional-Socialismo se ha convertido en el Estado mismo y no tolera a su lado otra corriente de índole alguna. Claro es que la totalidad del pueblo no está ni puede estar todavía penetrada de la nueva ideología. La completa difusión de un nuevo pensamiento necesita tiempo. Recordemos únicamente los siglos que precisó el Cristianismo para difundirse. Nada más natural, pues, que el Estado Nacional-Socialista se valga de los probados y veteranos campeones de este nuevo credo político para educar a todo el Pueblo en un Nacional-Socialismo espiritualmente sentido y realmente vivido. La aspiración Totalitaria del Estado Nacional-Socialista sería en sí un contrasentido si el Estado quisiese relegar al Partido, que es el sostén de la idea en que se apoya el Estado. En mayor grado todavía vale esto para la SA que, ideológica, organizadora y combativamente es la máxima expresión de fuerza del Nacional-Socialismo. La SA derribó un Estado, a pesar de la tenaz resistencia de sus defensores, y en lugar del superado Estado novembrino de Weimar erigieron su Estado, el Estado Nacional-Socialista. Y ahora, Adolf Hitler ha engranado la SA en el Estado.

Con ello, la SA es no sólo la portadora de la fuerza sino también de la responsabilidad de su Estado Nacional-Socialista. El Estado Nacional-Socialista es definitivo, irrevocable. Sus enemigos dentro y fuera tendrán que avenirse a ello. ¡Pues el Estado es el Pueblo! ¡Y el Pueblo es el Estado!


Ernst Roehm; discurso pronunciado en 1933, Editorial "Kamerad".







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