domingo, 16 de noviembre de 2014

LA MISIÓN FEMENINA (7): "El Nacional-Socialismo estaba lleno de pequeñas organizaciones cuyos nombres sorprenden a los que no conocen en profundidad la ideología del III Reich. 'Fe y Belleza', 'La Belleza del Trabajo', 'La Fuerza por la Alegría'... La belleza y la alegría pueden ser consideradas con razón, fundamentos ideológicos del Nacional-Socialismo."



SERVICIO SOCIAL COMO CONSECUENCIA DE LA COMUNIDAD POPULAR

Es importante situarse en la época Nacional-Socialista para comprender la trascendencia e importancia de su labor. Alemania era un país en crisis con seis millones de parados. De ahí que además de la legislación se tuviese que recurrir a la cooperación de todos para lograr los objetivos perseguidos. Aunque el objetivo del Nacional-Socialismo era lograr que la mujer casada se pudiese quedar en casa al cuidado de los hijos, esto era un objetivo difícil en plena época de crisis. El sueldo de uno sólo de los cónyuges no bastaba para mantener la familia y había que arbitrar medidas complementarias que permitiesen a la mujer no abandonar la educación de los hijos. La actual ley que proporciona a las mujeres que hayan tenido un hijo, un permiso prolongado, constituyen sí, una ventaja para la madre, pero un inconveniente para la empresa. Resulta absurdo que deba ser la empresa la que corra con los gastos de esos días de descanso legislado. Naturalmente, un taller mecánico en el que trabajan preferentemente hombres, y una empresa en la que trabajan preferentemente mujeres, tiene que organizar su política salarial de manera distinta. 

Es hasta cierto punto lógico que las mujeres perciban sueldos inferiores a los hombres, dado que una empresa de esta naturaleza tiene siempre una gran cantidad de mujeres con permiso de parto. Lo lógico sería, en todo caso, que ese tiempo de descanso fuese retribuido por un seguro igual para todas las empresas, pero mucho más lógico resultaba la postura Nacional-Socialista. Las obreras que iban a causar baja eran sustituidas por voluntarias estudiantes que cubrían su puesto de trabajo entregando el salario íntegro a la madre e incluso entregándosele un subsidio complementario. Esta sustitución se hacía 4 ó 6 semanas antes del parto: “Hasta ahora 2600 muchachas estudiantes y otras afiliadas a la Asociación Femenina Nacional-Socialista han prestado servicio en fábricas, proporcionando con ello a las mujeres alrededor de 43.000 días de descanso suplementario con pago íntegro del salario”.

Esta labor habría sido muy útil en el desaparecido “servicio social”, de la época de Franco, organización con muchas posibilidades y muy mal aprovechada.

Pero también la legislación fue regulada para que la empresa contribuyese a facilitar el descanso de la futura madre. Si tenemos en cuenta que en la actualidad la legislación española prescribe 16 semanas retribuidas, más 30 minutos diarios durante los 6 meses siguientes a la incorporación al trabajo, ha de asombrar la legislación en el III Reich promulgada más de 50 años antes:

1.- Seis meses antes y tres meses después del alumbramiento sólo es posible el despido de la embarazada por un motivo justificado y que no guarde relación con el embarazo mismo.

2.- A petición de la delegada femenina de la empresa, seis meses antes y tres después del alumbramiento la obrera será ocupada en otro trabajo más fácil, cuando el que desempeña sea perjudicial para el embarazo o su salud. Este cambio no implicará reducción alguna del salario.

3.- En interés de la madre y del niño, la embarazada está obligada a cesar en su trabajo seis semanas antes del alumbramiento. Sólo podrá reincorporarse a él, lo más pronto, seis semanas después.

4.- La empresa concederá a las mujeres obreras, durante el tiempo que cesen en su trabajo, seis semanas antes y seis semanas después del parto, la diferencia entre el auxilio del parto que reciban y el importe del salario semanal.

5.- Después de su reincorporación al trabajo, la madre tiene derecho a dos descansos durante la jornada de trabajo, de 45 minutos cada uno o a uno de sesenta minutos.

Pero incluso en la guerra, cuando la mano de obra era muy necesaria a Alemania, se mantuvo la prioridad en la protección a la madre. “Debido a una creciente falta de mano de obra masculina, fue necesario aumentar el empleo de mujeres casadas, madres de familia. Con objeto de evitar en lo posible los perjuicios derivados de la doble carga que pesa sobre estas mujeres, así como para obtener elementos complementarios, el Servicio Femenino ha propagado las normas de la tarea de la media jornada para las mujeres madres de familia. En las más diversas ramas económicas la mujer trabaja solamente de 4 a 5 horas diarias. Si tras una jornada de ocho horas la mujer regresaba cansada a su hogar y sólo con gran esfuerzo conseguía cumplir sus obligaciones domésticas, ahora, después de cuatro o cinco horas de trabajo, conserva energías suficientes para sus labores domésticas.”

Algunas personas han criticado a Hitler por este tipo de leyes que llevaron a Alemania a perder la guerra, pero es difícil calibrar la conveniencia o inconveniencia de tales medidas sociales, fueron las que posibilitaron la resistencia hasta el último aliento en toda la población alemana. No deja de sorprender en nuestra época este reconocimiento tan manifiesto del trabajo doméstico. Es normal que incluso los maridos que llegan a casa no sepan reconocer el trabajo doméstico de la esposa que también trabaja. Diversos estudios médicos estudiando la obesidad han constatado que la energías gastadas por un ama de casa en su trabajo doméstico son superiores a las del marido si posee un trabajo sedentario, pero la sociedad actual ha sabido presentar el trabajo doméstico como algo deshonroso. De ahí que incluso las mujeres que hacen faenas en domicilios particulares sean consideradas como el último peldaño de la escala social.

Pero incluso antes de la guerra había que solucionar el problema a aquellas mujeres que necesitaban trabajar y de ahí surgió la organización “Auxilio al Vecino”.

“Un verdadero hijo de la comunidad Nacional-Socialista es el auxilio al vecino. Nada más natural que la idea de que en los casos de necesidad y apuro el vecino tiene que ayudar al vecino. Los campesinos, los pescadores y las personas que viven en pequeñas comunidades, en dura lucha por la existencia, practican este género de ayuda desde los tiempos más remotos. Pero en la vida moderna, especialmente en las grandes ciudades, esta forma natural del auxilio mutuo, como tantas otras cosas, está en vías de desaparecer desde hace mucho tiempo. El Nacional-Socialismo le ha dado nueva vida y con la creación de Auxilio al Vecino ha ofrecido la condición para su realización verdadera en todo el Reich, en caso de necesidad. Cuando la joven madre ve llegar su trance más difícil, las mujeres del Auxilio al Vecino le ayudan en el parto, llaman a la comadrona o al médico, dan los pasos necesarios y la Beneficencia Nacional-Socialista destina al cuidado de la puérpera una enfermera, siempre que ello sea necesario. A mujeres que tienen que trabajar o a los ancianos, los vecinos les quitan las molestias de la compra; cuando la madre de la casa enferma, los vecinos le arreglan la casa hasta su restablecimiento.”

El Nacional-Socialismo estaba lleno de pequeñas organizaciones cuyos nombres sorprenden a los que no conocen en profundidad la ideología del III Reich. “Fe y Belleza”, “La Belleza del Trabajo”, “La Fuerza por la Alegría”... La belleza y la alegría pueden ser consideradas con razón, fundamentos ideológicos del Nacional-Socialismo. Hitler diría en el Congreso de Nuremberg de 1937:

“Lo decisivo es conducir a nuestro Pueblo hacia la grandeza, a ser posible a través del camino de la alegría y de la belleza”. 

Estas palabras fueron pronunciadas en el discurso dedicado al arte, pero el año anterior, en el congreso de 1936, dirigiéndose a las mujeres había dicho: 

“¡Qué iluminado por el optimismo se encuentra nuestro Pueblo hoy! ¡Qué maravillosa y radiante juventud volvemos a tener en Alemania! ¡Todo vuelve a tener esperanza y la vida se ha llenado de alegría! Créanme, esto es lo que el hombre más necesita para vivir. Aquel que no puede volver a abrir sus ojos a la alegría, tampoco podrá sentirse alegre nunca más”. 

Palabras que coincidían con las que el año anterior había pronunciado Gertrud Scholtz-Klink, la Jefe de la Organización Femenina Nacional-Socialista, también en Nuremberg: 

“Pretendemos del Servicio de Madres del Reich que consiga que los ojos de las madres alemanas sean reflejo de una cada vez mayor alegría, pese a lo duro de las vidas que soportan, queremos llevar a sus labios una sonrisa, una canción. Si esto se consigue, el Servicio de Madres del Reich podrá considerar cumplida su misión, pues madres alegres educarán hijos alegres”.

Por ello, el Jefe de la Juventud Hitleriana, Baldur Schirach, decía que en “los campamentos, las oficinas y los locales de la BDM -Organización Juvenil de Muchachas Alemanas-, todo será brillante y alegre”.


Jorge Mota; del libro “La mujer en la ideología Nacional-Socialista.







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