lunes, 3 de noviembre de 2014

OTTO DIETRICH 2 (color): "Ante mí, al lado derecho de la ventanilla, pensativo, la cabeza recostada, está sentado un pasajero que mira, por encima de las brillantes alas plateadas, la clara noche, estrellada. Es Adolf Hitler. Desde hace tres semanas, Canciller del Imperio alemán. "



VISIÓN NOCTURNA

La noche del 23 de febrero, el avión, suave y seguro, cruza los aires hacia su destino. Voy arrellanado en un sillón de cuero de alto respaldo. La cabina está oscura; tan solo, sobre los cristales de las ventanillas se reflejan intermitentemente, cual, roja sangre, los destellos fulgurantes que lanzan los tubos de escape. Apenas, cual sombras, se reconocen las siluetas de las quince cabezas de los pasajeros del Richthofen. El trepidar de los motores anula los sonidos todos.

Ante mí, al lado derecho de la ventanilla, pensativo, la cabeza recostada, está sentado un pasajero que mira, por encima de las brillantes alas plateadas, la clara noche, estrellada. Es Adolf Hitler. Desde hace tres semanas, Canciller del Imperio alemán. Media hora antes, caldeado con ardorosos aplausos hablaba en Frankfurt del Main ante decenas de miles de alemanes, mientras las ondas del éter transmitían sus palabras, mazazos de persuasión a todas las ciudades y aldeas, a las mismas sobre las que cruzábamos por el aire a la velocidad de 280 kilómetros por hora.

En nuestros oídos resonaba, vibrante aún, el júbilo de las masas en el gran salón de fiestas de Frankfurt; oímos aún la sinfonía libertadora del himno alemán; aún nos iluminan los miles de antorchas de esa conmovedora hora solemne de la nación, mientras nosotros, aquí en lo alto, vivimos ya otros momentos casi cósmicos. No hay palabras para describirlo.

¡Qué pensamientos e inquietudes no serán las del Führer en esta hora tranquila de una noche de fantasía y ensueño! Busco en mis pensamientos una perspectiva, lo bastante amplia y comprensiva para que pueda abarcar este mundo de visiones casi trascendentales, en el que vibra y cunde la obra de Adolf Hitler, día tras día, hora tras hora para Alemania y así poder trazar la imagen de nuestro tiempo. Pero me falla todo concepto. Se ha hecho realidad, verdadera sustancia, una nueva forma creadora, insospechada, un nuevo y fundamental estilo del concepto de la vida alemana que ha impreso ya, indestructiblemente, el sello de su destino.

No queda, empero, largo tiempo para la meditación. La radio de a bordo anuncia ya la estación de Nördlingen, sobre el Danubio. Se encienden de nuevo las luces de la cabina. Adolf Hitler estudia el mapa. Dentro de breves minutos, antes de media noche alcanzaremos Múnich, donde esperan al canciller para importantes conferencias con Berlín. Y mientras nuestro aparato, con el glorioso nombre de Richthofen, meciéndonos en la suave cadencia de amplias espirales va descendiendo sobre el mar de luces de la metrópoli bávara y las brillantes antorchas de magnesio colocadas en nuestras alas iluminan bajo nosotros la superficie de la tierra con claridad de día, en aquel mismo momento, tomé la resolución de escribir estas páginas.

No van a ser ninguna biografía de Adolf Hitler, ni una descripción de su acción política durante los últimos años, sino un resumen fragmentario episódico, pero sintético, vivo, de recuerdos personales, de reflejos de los días de lucha decisiva, para dar a conocer a grandes rasgos lo vívido por el autor con su Führer, durante los últimos años, hasta la conquista del poder.

Voy a mostrar el desarrollo histórico de los acontecimientos tal como personalmente los vi y tal como los sentí.

El lector, a través de las etapas de esta empeñada lucha, podrá formarse por sí mismo idea clara y precisa de una moderna, fantástica, manera de obrar; lucha realmente heroica para el advenimiento glorioso y triunfal de la Revolución Nacional y con ello, el perfil exacto de la personalidad de Adolf Hitler. Quizás para más de uno, descubran no sólo al hombre, a Adolf Hitler, sino que también el secreto de su éxito.


Otto Dietrich; del libro “Hitler, caudillo.







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