jueves, 6 de noviembre de 2014

OTTO SKORZENY 1 (color): "En el verano de 1932, el Doctor Goebbels pronunció un discurso en un local de Viena completamente abarrotado de público. Nunca había tenido ocasión de comprobar personalmente que un hombre fascinase totalmente, con el maravilloso don de la palabra, a la inmensa masa de gente como la que tuvo de auditorio en aquella ocasión el Doctor Goebbels."


ACERCAMIENTO AL NSDAP

Hacia el año 1929 el NSDAP hizo su aparición en Alemania, siendo muy bien recibido. Empezó por ser un grupo muy reducido que fue aumentando a medida que pasaba el tiempo. Algunos de mis conocidos, incluso muchos de mis amigos, se hicieron miembros del pequeño Partido que en Alemania empezaba a ser considerado como un movimiento de gran importancia.

Yo, por mi parte, me limité a estar a la expectativa, esperando a conocer de una manera plena su forma de actuar y su programa. Esta actitud es normal, ya que había que considerar que dicho movimiento, al ser fundado en el extranjero, podía no resultar idóneo y adecuado para nuestro país.

A pesar de todo, me interesé mucho por él; me gustaron los puntos de su programa que se referían a los problemas sociales y económicos. Incluso el que se refería al sueño ideal de todos los tiempos: "La unión con Alemania".

Mis dos primeros empleos de Ingeniero diplomado me proporcionaron la oportunidad de entrar en contacto con las fuerzas laborales. Pude conocer las preocupaciones y necesidades de las clases sociales "inferiores", que eran las que más sufrían como consecuencia de la crisis que azotaba al país. Era significativo que el NSDAP consiguiera muchos adeptos en los medios obreros, a pesar de que éstos tenían las ideas Socialistas muy arraigadas. Mis continuas conversaciones con los obreros y las consecuencias que saqué de las mismas me llevaron al convencimiento de que era necesario se llegara a la implantación de ciertas reformas sociales; que era de vital importancia la creación de un Socialismo moderado, con lo que se podría lograr la conquista del aumento del nivel de vida de las clases más necesitadas.

No se me pasó por alto, tampoco, que los Partidos Socialistas de Austria y Alemania tenían una visión internacionalista más amplia que la de sus colegas franceses e italianos. Pude hacer estas comprobaciones en parte viajando por Italia y Francia, en parte durante mi época de estudiante en la Escuela Técnica Superior, cuyas vacaciones aproveché para trabajar en fábricas de Colonia y Linz. Aunque el alemán es conceptuado como "no excesivamente despierto", hace siempre todo lo posible para superarse a sí mismo y consigue elaborar ideas muy provechosas.

La solidaridad nacional, tan cacareada y tan deseada por los Partidos Socialistas, sólo podía ser alcanzada, en mi opinión particular, mediante una lenta evolución y un arduo trabajo educativo que tuviera como base un patriotismo sano, limpio y carente de toda clase de malentendidos y reservas.

Una de las primeras reuniones políticas a las que asistí fue decisiva para la formación de mis posteriores puntos de vista referentes a aquellas cuestiones.

En el verano de 1932, el Doctor Goebbels pronunció un discurso en un local de Viena completamente abarrotado de público. Nunca había tenido ocasión de comprobar personalmente que un hombre fascinase totalmente, con el maravilloso don de la palabra, a la inmensa masa de gente como la que tuvo de auditorio en aquella ocasión el Doctor Goebbels. No podía caber la menor duda de que el orador era un fanático de sus ideas. Sus palabras eran tan efectistas que durante las dos horas de su discurso, el público que escuchaba permaneció sentado, inmóvil, completamente hipnotizado por su verbo, pendiente de cada una de sus expresiones, de sus ideas, de todas sus exposiciones.

Yo sentí lo mismo que los demás. No sólo sentí la influencia de la maravillosa retórica de aquel hombre, sino que comulgué plenamente con el sentido de sus ideas, que me parecieron realizables. ¿Acaso no era verdad la idea expresada por él de que el Pueblo austriaco tenía, de siempre, orígenes alemanes, exactamente igual que los bávaros y los prusianos? Sólo había una solución para acabar, de una vez, con todos los problemas económicos del país: ¡Una estrecha y definitiva unión del Pueblo austriaco con el Pueblo alemán!

¿Acaso no era acertada la idea de basar sus argumentos en un posible aumento del nivel de vida de las clases trabajadoras? ¿Es que no era justo romper enérgicamente con las poderosas fuerzas del Capitalismo, y "cimentar" el "capital" más importante de un país sobre la producción de las clases obreras, que eran las más indicadas para ayudar a establecer una economía sana y digna de toda consideración? ¿Acaso no era verdad que el Tratado de Versalles, si bien había logrado solucionar un sinfín de problemas, había sido a costa de crear un también ilimitado número de inquietudes universales difíciles de ser superadas?

Todo lo anteriormente expuesto influyó sobre mi ánimo. Pero lo que ejerció más influencia fueron las afirmaciones del Doctor Goebbels en torno al programa del NSDAP, que pretendía crear una sociedad en la que no existieran diferencias entre las diversas clases sociales, y con un ideal que las uniera a todas ellas indefinidamente.

Las ideas y pensamientos sociales de su discurso, sobre todo las que se referían a la superación de las luchas entre los diversos Partidos, fueron para mi, acicates decisivos que me iluminaron y me hicieron ver la verdad. Decidí, en aquel instante, inscribirme en el NSDAP. Sin embargo, antes de dar el paso decisivo, pasé un año estudiando a fondo todos sus puntos y bases programáticas, asistiendo a todas sus reuniones; incluso pagando la cuota exigida.

En el mes de junio de 1933, las actividades políticas del NSDAP, que, estrictamente, no podían ser consideradas como tales, se terminaron al ser declarado ilegal el Partido por el gobierno del Canciller Dollfuss. En aquella ocasión el gabinete presidido por Dollfuss no tuvo en cuenta que todas las prohibiciones pueden ser consideradas como "un arma de doble filo". Semejante decisión, a la que no podía calificarse más que de drástica, sólo podía haberse apoyado en un factor importante, decisivo.

Medidas como aquélla sólo pueden ser coronadas por el éxito si las ideas prohibidas son sustituidas por otras que estén dotadas de tanta fuerza de persuasión como aquéllas, o cuando los dirigentes de la nación mejoran la economía de un país, deteriorada hasta el punto de que parece insostenible. Si no existen ni se dan tales premisas, un gobierno no puede continuar sosteniéndose teniendo como base de su actuación la violencia y las prohibiciones, enajenándose totalmente la simpatía del Pueblo.

A partir de aquella fecha, el gobierno austriaco sólo pudo ser considerado como una dictadura, y si robusteció su poder fue debido a causas resultantes de situaciones que fueron surgiendo paulatinamente.

El gobierno se basaba en una minoría que actuaba en el Parlamento hábilmente, evitando las situaciones que pudieran conducir a unas elecciones libres, de lo que resultaba que las actuaciones gubernamentales no tenían nada de democrático. No se invitó al Pueblo, ni una sola vez, a que expusiera sus opiniones; no se le dio ni la más mínima oportunidad para que accediera a los puestos directivos. No podía decirse, en propiedad, que Austria tuviese un gobierno democrático, puesto que, a partir de 1908, solamente hubo unas elecciones libres, las que tuvieron lugar entre 1929 y 1938, es decir, las que se celebraron en 1932.

El Partido NSDAP, de reciente creación en Austria, fue destruido por la acción y las normas dictadas por el gobierno y, por tanto, sus ideas no dispusieron de terreno abonado para fructificar. Mas, a pesar de ello, las gentes que se identificaban con ellas no perdieron el contacto entre sí, y la ayuda generosa facilitada a sus miembros, a aquellos que se encontraban en difícil situación, no cesó en ningún momento. Yo consideré que el ayudarnos los unos a los otros era justo y acertado, ya que creía que era indispensable que el tiempo fuese operando en favor de nuestras ideas. Y consideraba que era mejor que la dictadura instaurada en Austria se fuese pudriendo por sí sola.


Otto Skorzeny; del libro “Vive peligrosamente.







No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡SE AGRADECE SU APORTACIÓN A ESPEJO DE ARCADIA!