lunes, 3 de noviembre de 2014

WALTHER DARRÉ 5 (color): "Inglaterra no estaba, pues, en la situación de cosechar el fruto que de la Guerra Mundial se había prometido. Al contrario: Inglaterra ha destruido sus propios fundamentos al tratar de eliminar por la fuerza una competencia molesta, en vez de hacerlo superando su propia producción económica."



INTRODUCCIÓN

La Guerra Mundial de 1914-18 tuvo su origen en la intención de Inglaterra de eliminar a la competencia alemana del mercado mundial. Comparando este objetivo de Inglaterra con su resultado, cabe hacer notar que salió bien distinto de lo que Inglaterra se había imaginado. Sin embargo, después de haber desposeído a Alemania de su marina mercante y de guerra, de sus colonias y de haberle impuesto altos tributos, habían desaparecido todas las posibilidades de que fuera una competencia seria para Inglaterra en el mercado mundial. Por otra parte, empero, después de la Guerra Mundial, Inglaterra se encontró con el hecho de que la Economía Mundial, mejor dicho el Comercio Internacional, se ha transformado fundamentalmente.

La llamada Economía Mundial del tipo inglés, que se basa en la teoría de David Ricardo, dominada por la flota inglesa, y dirigida por los banqueros de la City londinense, nunca llegó a ser el verdadero Comercio Internacional, sino un sistema inglés de comercio para apropiarse de las riquezas del mundo. Lo que se ha designado generalmente por división de trabajo entre los países industriales europeos y los países agrarios de ultramar, ha inducido, en realidad, al desarrollo de monocultivos agrarios, es decir, de economías agrarias basadas en el cultivo unilateral de una sola especie, para que las poblaciones de estos países agrarios dependan del comercio inglés. Este desarrollo servía únicamente a las pretensiones de lucro de Inglaterra.

CRISIS DEL SISTEMA INGLÉS

Innumerables países agrarios, que han adquirido sus productos manufacturados de los países industriales europeos por intermedio del mercado mundial de Londres, han tenido que organizar su propia industria durante la Guerra Mundial, por cuanto se ha destinado la industria europea a la producción de material bélico, no pudiendo surtir a dichos países. Basta recordar el enorme auge de la industria japonesa y el desarrollo industrial de América del Sur. En 1934, Chile estaba en condiciones de fabricar, por lo menos, el 50% de la mercadería manufacturada que antes importaba. El Brasil se aproxima a pasos agigantados a su independencia en el abastecimiento de artículos de talabartería, calzados y textiles. En los países agrarios, simultáneamente, se afirmaba la tendencia de reemplazar los monocultivos por una mayor variedad en la producción agraria. Los dominios británicos no han quedado tampoco excluidos de esta evolución. Por medio de la Guerra Mundial y el Tratado de Versalles, Inglaterra ha debilitado la competencia alemana, pero, al mismo tiempo, ha surgido una nueva competencia para ella, es decir las nuevas industrias de los actuales países agrarios. El fundamento de la potencialidad inglesa en el mundo, o sea la dependencia de los pueblos del comercio inglés, ha sido fuertemente conmovido.

Inglaterra no estaba, pues, en la situación de cosechar el fruto que de la Guerra Mundial se había prometido. Al contrario: Inglaterra ha destruido sus propios fundamentos al tratar de eliminar por la fuerza una competencia molesta, en vez de hacerlo superando su propia producción económica. No podía pensarse más en un resurgimiento del Comercio Internacional, tal cual como se había desenvuelto antes de la guerra, es decir, basado en la libertad del comercio.

Esto, claro está, ha repercutido sobre Europa, especialmente sobre los países del sudeste y centro europeo. Aquellos países que no tenían respaldo sobre cualquier posesión de ultramar estaban obligados, en el futuro, a buscar el centro de gravitación económica en su propio país. Por otra parte, aquellas naciones que han experimentado las consiguientes consecuencias de esa evolución estructural del Comercio Internacional, tal cual como Alemania e Italia después de su Revolución Nacional, han creado los fundamentos para una nueva era económica. En cambio, Inglaterra, ni en la actualidad estaba en condiciones de sobrevivir las consecuencias de la conmoción de su situación mundial, como lo demuestran sus elevadas cifras de desempleados. A Inglaterra ni le ayudaba el intento de lograr una autarquía del Imperio británico por medio de los Tratados de Ottawa, cuando apeló a ello reconociendo la situación por la que pasaba. Ni las más hábiles manipulaciones de cambios le consiguieron una mejora duradera. La desvalorización de la libra esterlina conducía, -luego de aparentes éxitos- únicamente a un más agudizado debilitamiento de la posición de Inglaterra frente al mundo, lo que demuestra el derrumbe del bloque de la esterlina, y el desplazamiento de la libra por el dólar. Hay que tener en cuenta lo que significa que Inglaterra adopte el sistema de facturar ventas en el extranjero con monedas extranjeras.

Es preciso tener siempre a la vista esta transformación del mundo si se quiere comprender con qué realidades hay que contar para realizar un nuevo orden en Europa. Europa se autonomizó por la Guerra Mundial. Ella, por sí misma, tiene que reconstruir su economía; es lo que no deseaba Inglaterra, pero lo que efectivamente resultó de la Guerra Mundial.


Richard Oscar Walther Darré; del libro “El mercado organizado vence a la crisis internacional”, Editorial Kamerad. 







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