viernes, 12 de diciembre de 2014

BENITO MUSSOLINI 3 (color): "El Código Penal de la Sociedad de Naciones ha sido rebasado, ya que nunca en dieciséis años y en casos infinitamente más graves y en circunstancias muy distintas a las nuestras, fue apupada una medida parecida. Este Código Penal ha sido aplicado sólo contra Italia exclusivamente contra Italia. La pena capital por asfixia económica decretada por los jueces humanitarios de Ginebra no fue nunca aplicada antes de 1935 ni probablemente será aplicada en lo sucesivo."



ITALIA Y LA SANCIÓN DE SOCIEDAD DE NACIONES

Como se había anunciado, esta tarde, a primeras horas, ha tenido efecto la apertura de la Cámara. La sesión se anunciaba como histórica, y en todo caso ha resultado una gran ceremonia y una manifestación imponente de adhesión al Duce. La mayoría de los diputados ostentaban la camisa negra, y cerca de cincuenta escaños vacíos señalaban la cincuentena de diputados enrolados como voluntarios en la campaña africana. Todos los Ministros se encuentran en el banco del Gobierno, excepto el señor Mussolini, que hace su entrada en el salón a las tres en punto de la tarde.

La tribuna diplomática, al igual que las reservadas a la Prensa nacional y extranjera, están completamente llenas. Al aparecer el señor Mussolini en el hemiciclo, estalla una formidable ovación, que no se interrumpe hasta que el Duce ocupa la cabecera del banco del Gobierno, en la cual se había depositado una rosa. Todos los diputados se levantan y saludan a la romana al Duce, mientras cantan el himno Fascista ‘Giovinezza’.

En toda la ciudad se han instalado altavoces para que los discursos que se pronuncien en el Parlamento puedan ser oídos por los millares de personas que no han logrado encontrar acomodo en la Cámara. A las tres en punto el Presidente de la Cámara, señor Galeazzo Ciano, abre la sesión con las siguientes palabras:

“Desde el palacio real, que en todas las circunstancias ha dado un ejemplo luminoso al país, hasta las últimas aldeas, todos los italianos participan en las ofertas de oro para contribuir a la resistencia contra las inicuas sanciones que nos han sido impuestas. Propongo que los diputados entreguen al Estado las medallas de oro que reciben en cada legislatura. Las cuatro medallas del Duce atestiguan que ha pertenecido a cuatro legislaturas: éstas son las primeras que van a ser ofrendadas a la nación.”

Inmediatamente, el Presidente deposita las citadas cuatro medallas del señor Mussolini, siguiendo todos los diputados el mismo ejemplo y entregando las medallas-insignia del mandato legislativo. Al llegarle el turno de hacer su ofrenda, el subsecretario de Estado en el Departamento de Prensa, señor Dino Alfieri, se cuadra ante el señor Mussolini para comunicar las últimas noticias recibidas del extranjero. Al hacer su ofrenda el diputado Carlo Delcroix, ciego de guerra, estalla una ovación general, que se repite al avanzar el diputado Ezio Garibaldi.

Inmediatamente después se levanta el señor Benito Mussolini, pronunciando un discurso que ha sido escuchado con religioso silencio y transmitido a todo el país por las estaciones de radio italianas:

“Somos objeto de una guerra económica y financiera nueva en el mundo. Esta guerra tiene el nombre de ‘sanciones impuestas en Ginebra’. Hemos de declarar, ante todo, que por muy graves que sean los ataques que se nos dirijan con estas sanciones, no nos apartaremos de nuestro deber y de nuestro fin.

Antes de estallar el conflicto, el Gobierno francés, como el inglés, nos pidieron que hiciéramos conocer nuestras demandas. Esta invitación era intempestiva, ya que el día 16 de octubre hicimos conocer al Gobierno francés nuestras proposiciones con respecto a las necesidades de expansión de Italia. Pero en lugar de las conversaciones concretas que parecía iban a entablarse, llegó la promulgación de las sanciones contra el agresor, siendo en este caso el agredido un Pueblo al cual Italia había dado las primeras lecciones de civilización.

Empezó entonces en el extranjero a decirse que el Pueblo italiano no estaba con sus directores y con el régimen Fascista, olvidando, voluntariamente, el plebiscito en el cual 27 millones de italianos hicieron constar su adhesión al fascio. Esta adhesión era aquel día, como es hoy, tan firme, que 365 días de asedio no la harían variar.

Es cierto que la situación exterior ha mejorado y que las noticias del extranjero son buenas; no obstante, no se debe alimentar un optimismo excesivo y prematuro. Las relaciones entre los dos peritos que se ocupan de la cuestión ítalo-etíope, no deben ser consideradas como una negociación ni siquiera como una posibilidad de negociación. Incluso si las negociaciones hubiesen empezado ya, nada dice que debiera llegarse necesariamente a un final satisfactorio.

Algunos de nuestros enemigos públicos o encubiertos dejan entender que hemos aceptado las sanciones económicas, seguramente para tener su conciencia en paz. Esto no es verdad. En mi discurso del 2 de octubre protestaba, incluso contra el hecho de que se hablara de sanciones, y tanto esto y lo que dije a propósito de las mismas, como el llamamiento que dirigí al Pueblo italiano, habrían debido servir a los amigos de justificaciones para rechazar todas las sanciones y no infligir al Pueblo italiano esta gran injuria.

Son ahora inevitables nuestras contra sanciones. Son inevitables desde el momento en que no podemos importar ni exportar. Nuestras contra sanciones son lógicas y morales en tanto que son nuestra legítima defensa. No sería, no obstante, generoso por nuestra parte no reconocer que amplios sectores del Pueblo francés y casi todos los antiguos combatientes se han manifestado contra el sancionismo y contra la aplicación de todo castigo a Italia. No podemos tampoco ignorar las manifestaciones de protesta contra las sanciones que han tenido efecto en Bélgica y en otros lugares, más o menos oficiales, de varios países.

Nuestra simpatía presente y futura será para los Gobiernos y los países que valientemente se han manifestado contra la aplicación del artículo 16 del Pacto de la Sociedad de Naciones.

Ayer fue pronunciado en la Cámara de los Comunes de Londres un discurso que ha de tener un eco en esta asamblea. El señor Samuel Hoare fue explícito en cuanto a la actitud de su Gobierno para con el de la Italia Fascista. Tomamos nota de que el Foreign Office desea una Italia fuerte con un Gobierno fuerte, como lo es el Gobierno Fascista. Una Italia capaz de ocupar dignamente el lugar a que tiene derecho en la vida de Europa y del mundo: en esto trabajamos desde hace catorce años. Ante estas premisas del señor Hoare, esperamos las legítimas consecuencias de las mismas.

Una Italia no puede ser fuerte en Europa, como desea el señor Hoare y como queremos nosotros, si no se resuelve el problema de la seguridad íntegra de sus colonias en África oriental. No puede ser fuerte si no puede aplicar en el territorio que le pertenece las capacidades que le ha producido su civilización, cuya importancia ha reconocido el propio señor Hoare en su discurso. El mismo, que llegó a conocer a Italia durante la guerra, puede apreciar como nadie las cualidades y las necesidades vitales del Pueblo italiano.

Durante numerosos años, gracias a la victoria y a la revolución interior, el movimiento de conciencia política en el Pueblo italiano se ha acelerado extraordinariamente. Hemos llegado a un estado de madurez que el mundo ha de reconocer.

Las palabras halagadoras del señor Hoare no están de acuerdo con los hechos de Inglaterra. Se anuncia la incautación del petróleo que nos es destinado, y esto puede comprometer todavía más la situación. Todo el Pueblo italiano se levantará, y entre él las madres y las viudas de los muertos en la guerra contra el nuevo ataque, como se levantó cuando en la misma Cámara de los Comunes se nos dijo por primera vez que iban a ser aplicadas sanciones contra Italia.

El Código Penal de la Sociedad de Naciones ha sido rebasado, ya que nunca en dieciséis años y en casos infinitamente más graves y en circunstancias muy distintas a las nuestras, fue apupada una medida parecida. Este Código Penal ha sido aplicado sólo contra Italia exclusivamente contra Italia, culpable de haber roto las cadenas que aherrojaban los esclavos en una tierra bárbara en la cual los tratados y los derechos morales no existen.

La pena capital por asfixia económica decretada por los jueces humanitarios de Ginebra no fue nunca aplicada antes de 1935 ni probablemente será aplicada en lo sucesivo. Y hay que pensar que estas sanciones tienen mayor gravedad al ser aplicadas contra Italia, que es pobre en materias primas, cosa que no ignoran los que han adoptado esos acuerdos.

Cuando más allá de los Alpes se examina, sentado ante una mesa, el grado más o menos elevado de vulnerabilidad de la economía italiana, se olvida que más allá de las cifras y de los esquemas, más allá de las reservas materiales, existe una gran nación, llena de resortes espirituales y de valores nuevos que no se pueden medir ni calcular.

Tengo la impresión de que se empieza a reconocer el error cometido cuando sobre la base de principios abstractos, interpretados filosóficamente, el caso clásico de ‘summum jus; summa injuria’, se sacrifica y se compromete la estabilidad mundial. Nuestro conflicto colonial es igual a los que antes y después de la guerra han resuelto otros países empleando o no la fuerza. Con este conflicto se ha abierto una crisis mundial; el epílogo de esta crisis no puede ser otro que el pleno reconocimiento de nuestros derechos coloniales y la salvaguarda de nuestros intereses vitales.

Esperando que las sanciones continúen contra nuestro país, la Italia y la África Fascista, los ‘camisas negras’ y toda la nación están más unidos que nunca ante el peligro. La fe en la patria y en la victoria merecida es más firme cada día que pasa.”



Agencia Havas”; Roma, 07 de diciembre de 1935.







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