jueves, 25 de diciembre de 2014

LA SS (2): "La nueva Wehrmacht encuadraba a muchísimos hombres cuya lealtad política era altamente dudosa. Fue el fundamental motivo que obligará a Hitler a crear un Ejército paralelo y muy fiel con el que pudiera contar en cualquier circunstancia. ¿Por qué no empezar con forjar un gran Ejército europeo? ¿Por qué no abrir las filas de las Waffen SS para todos los voluntarios, aunque no alemanes pero del mundo occidental, unidos por una raza, una civilización, y una historia comunes?"



LOS ORÍGENES

En los años que precedieron la toma del poder, el NSDAP disponía de dos organizaciones paramilitares: las "Secciones de Asalto" ( «Sturm Abteilung» o "S.A." ); y los "Grupos de Protección" ( «Schutz Staffel» o "S.S." ). Como lo indican, por sus respectivos nombres, la "SA" había sido creada para la lucha callejera contra las brigadas armadas del Frente Rojo y la policía de la República de Weimar, mientras que la "SS", tenía como misión proteger a los jefes, las reuniones y los locales del Movimiento. Por supuesto, en esta primera fase del proceso revolucionario, la ofensiva era mucho más importante que la defensa y la SA desempeñaba un papel preponderante.

La situación cambió una vez alcanzado el Poder. Ya no había nada más que conquistar mediante la fuerza y por las armas. Por el contrario, ahora era imprescindible asegurarse la protección, no ya solamente del Partido, sino también del Estado; y, de modo más general, de la Revolución. La SA tuvo que ceder el paso a la SS, lo que algunos de sus jefes no aceptaron de buena gana. Esta situación desembocó en la misma "Noche de los Cuchillos Largos", en la cual Hitler sofocó violentamente, con la SS, un conato de sublevación encabezado por Roehm, Gregor Strasser y otros. Esto aseguró, de un modo definitivo, la supremacía del "Cuerpo Negro" («Schwarze Korps» ), dentro del Partido y del Estado. Supremacía ésta, tanto más efectiva en cuanto que Hitler confió además el mando supremo de la policía, al mismo «Reichsführer-SS», Heinrich Himmler. De esta forma, la fuerza de seguridad del propio Estado pasó a depender de la sólida fuerza de seguridad del Movimiento.

Cuando Alemania, ante la guerra que visiblemente parecía, se aproximaba, ya empezó a rearmarse, sólo contaba con ese Ejército de cien mil hombres mal armados que el "Tratado de Versalles" le había permitido conservar. Pero, éso sí, serían cien mil hombres magníficamente instruidos, donde los meros soldados rasos tenían una preparación similar a la de un buen suboficial de otro país, y así habían sido seleccionados y bien formados, por el anterior gobierno democrático... Muchos oficiales, por otra parte, habían recibido su mejor instrucción en la Unión Soviética. Por más que se hubieran reincorporado oficiales y suboficiales de la Primera Guerra Mundial, casi todos rozando los 50 años de edad, la nueva «Wehrmacht» (Poder armado), encuadraba a muchísimos hombres cuya lealtad política era altamente dudosa. Fue el fundamental motivo que obligará a Hitler a crear la "SS"; como un Ejército paralelo y muy fiel con el que pudiera contar en cualquier circunstancia: Las «Waffen SS» (SS armadas).

Y por cierto, no se trataba, ni de movilizar a los miembros de las «Allgemeine SS» (SS generales; es decir, la SS del tiempo de paz), indiscriminadamente, ni muchísimo menos, constituir con ellos una especie de "policía militar", sino por el contrario de formar un cuerpo de élite, que reuniendo una eficacia excepcional en el campo de batalla a un óptimo ímpetu ideológico (el derivado de su sincera identificación con el Nacionalsocialismo), sirviera como "punta de lanza" para la entera nación armada. Semejante Ejército sólo podía constituirse con voluntarios, pero duramente seleccionados en función de su biotipo, su concepción del mundo, su edad y ya tras ello, sometidos a un entrenamiento despiadado. Por éso, la historia militar de la Segunda Guerra Mundial, es una clara evidencia de lo que se logró en este campo.

El enorme conflicto de 1939 apareció, en un primer momento, como otro más, del tipo clásico. Un «casus belli», provocado por la diplomacia inglesa en una frontera de Polonia; la declaración de guerra al «Reich» por parte de Gran Bretaña y Francia, fue en virtud del juego de sus alianzas y luego una campaña militar que opuso a los ejércitos nacionales de ambos bandos. El pacto de no agresión, firmado entre Alemania y la Unión Soviética, reforzaba esta impresión. El Japón, aliado de los países del Eje, mediante el pacto «Antikomintern», no se había movido. Los Estados Unidos tampoco habían intervenido. Aún, ni siquiera el Ejército alemán, después de la campaña de Francia, había intentado cruzar el Canal de la Mancha para ocupar una Gran Bretaña, ahora manifiestamente indefensa... 

Dicho con otras palabras, todo parecía indicar que Alemania combatía meramente para repeler una agresión provocada por la querella del corredor de Dantzig. Pero las cosas cambiaron cuando, el 22 de junio de 1941, se desencadenó la "Operación Barbarroja". La «Wehrmacht» se adentró en territorio soviético. Aquí, ya no se trataba de un "conflicto entre naciones" típico, que defendían o aparentaban defender sus legítimos intereses, sino de un choque de bandos ideológicamente ahora bien definidos: por un lado, los países demoplutocráticos, liderados por los Estados Unidos, con su aliado marxista; por el otro, una Europa nueva y revolucionaria, encabezada por Alemania. Ya resultaba difícil permanecer neutral.

En casi todos los países del viejo continente entonces había desde tiempo antes de la guerra, movimientos o partidos que, por su doctrina, tenían bastante en común con el Nacional-Socialismo alemán. Varios antisemitas, anticomunistas, anticapitalistas y antidemocráticos, aspiraban a establecer regímenes más o menos revolucionarios y a la vez, nacionalistas y socialistas. Algunos de ellos -como los de Italia y España-, estaban el poder. Hasta, no sin reservas, se encontraban en el mismo bando que Alemania. Otros, como Rumanía con su "Guardia de Hierro", simpatizaban muy abiertamente con la política de Berlín. Otros más, como Bélgica, con el "Rex", estaban tironeados entre dos diferentes lealtades, la territorial y la ideológica. Y no faltaban los que, en virtud de su nacionalismo, manifestaban un antigermanismo rabioso, y en especial la "Acción Francesa"; aunque cuya doctrina, vía Italia, había influido de modo marcado en el Nacional-Socialismo alemán.

Las inquietudes suscitadas por el "Pacto Hitler-Stalin", con los comprensibles escrúpulos nacionales, que paralizaban entonces a los movimientos y partidos del tipo Nacional-Socialista, en los países no aliados de Alemania, se desvanecieron en junio de 1941.

Heinrich Himmler, creía en Europa. Una Europa, sin duda, bajo conducción alemana, pero una Europa federativa, y en la cual, cada comunidad de raza aria tendría los mismos derechos y obligaciones que todas las demás. Himmler en persona y muy de cerca, seguía la actuación de las legiones de voluntarios extranjeros y, en especial, de las que no pertenecían al "mundo de habla germana". Quedó estupefacto cuando comprobó el comunicado del Ejército Rojo: "En el río Bobr, unas unidades blindadas pertenecientes al segundo frente de Rusia Blanca han tropezado con la resistencia encarnizada de dos bravas divisiones francesas." Himmler quería hacer una gran Europa. ¿Por qué no empezar con forjar un gran Ejército europeo? ¿Por qué no abrir las filas de las «Waffen SS» para todos los voluntarios, aunque no alemanes pero del mundo occidental, unidos por una raza, una civilización, y una historia comunes?

A principios de mayo de 1945, justo antes del final, todas las unidades militares del "Cuerpo Negro" contaban con alrededor de 400 000 combatientes; pero, de estos, más de la mitad no eran alemanes. Así, del millón de hombres que, a lo largo de la guerra sirvieron en las «Waffen SS», 400 000 eran alemanes del «Reich» y 300 000 «Volkdeutsche» ( los "racialmente alemanes" ), mientras que 300 000 pertenecían a otras naciones arias. Esto dicho en números redondos, sumamente aproximativos. La proporción existente entre solicitantes y admitidos a las «Waffen SS», no superó jamás al 10%; o sea, 9 de cada 10, no lograban ingresar en ésta élite.


Del libro: "Las Waffen SS Europeas."







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