lunes, 19 de enero de 2015

CAPITALISMO-COMUNISMO: "Cuando estalla la II Guerra Mundial, Roosevelt ayuda a Inglaterra, aunque de modo limitado y siempre cobrando en dinero o en especies. Cuando Hitler se anticipa a los previsto por los auténticos rectores de la política mundial y ataca a Stalin, un auténtico río de oro americano y occidental se desborda sobre la URSS."



USA-URSS ¿AMIGOS O ENEMIGOS?

Si algo hay de claro, de diáfano, en las mentes de los más, a lo largo y ancho de este Planeta, es la enemistad, la rivalidad a todos los niveles, entre los dos colosos que, a raíz de 1945, se reparten la hegemonía mundial: USA y URSS. Y, sin embargo, a la luz de los hechos ­que no den las palabras e imágenes engendradoras del gran lavado de cerebro­ nada más falso.

Ciñámonos a los hechos. Es una realidad, es un hecho incontrovertible que el complejo de Poder existente tras las siglas URSS, fue creado por un grupo de aventureros, adinerados casi todos ellos, con la prácticamente única excepción de Stalin que, aunque atracador de bancos, procedía de la clase media y había estudiado en un seminario. Desde Lenin, pequeño burgués, hasta Trotsky, yerno de un banquero, los individuos que perpetraron la Revolución Soviética de 1917 no eran, ciertamente, "parias de la tierra, esclavos sin pan", como expresa la letra de "La Internacional". Esos individuos eran, en una proporción no inferior al 85 por ciento, de extracción racial israelita. Es inútil pretender negar esta evidencia, atestiguada por un Libro Blanco del Gobierno Británico, informes del Servicio Secreto Norteamericano, del "Deuziéme Bureau" francés, del embajador norteamericano en Moscú en 1917, y de docenas de testimonios de calidad, incluido el de Sir Winston Churchill, en un artículo titulado "Zionism versus Bolchevism” aparecido en el “Illustrated Sunday Herald", el 8 de febrero de 1920.

Tales israelitas ­cuya proporción numérica en los lugares clave se acercaba (y se continúa acercando) al cien por cien, fueron subvencionados desde el exterior, y especialmente desde América, por correligionarios suyos. Quien haya querido documentarse sobre este tema sabe que la Banca Kuhn, Loeb & Co., y los banqueros Jacob Schiff, Max Breitung, Felix Warburg, Otto H. Khan, Mortimer Schiff, Jerome Hanauer ­todos ellos de Nueva York­ y Viktor Aschberg, de Estocolmo y fideicomisario de los Rothschild, fueron los financiadores de la Revolución Soviética. Todos estos individuos e instituciones eran israelitas. La ayuda que recibieron los revolucionarios soviéticos a través de Alemania fue propiciada por individuos prominentes e influyentes ante el Kaiser, como el banquero hamburgués Warburg, hermano del que operaba en igual sentido desde Norteamérica, el naviero Von Ballin y el omnipotente Rathenau, del trust A.E.G.

También esos individuos eran israelitas. La Revolución Soviética no fue más que la conquista de Rusia y las demás colonias del Zar por un grupo halógeno, que representaba menos del 3 por ciento de la población pero que ocupaba las dos terceras partes de la Administración Pública y casi las nueve décimas partes de la que podríamos llamar "Alta Administración”, Policía y Ejército incluidos. La filosofía de la nueva religión estatal ­que eso es el Marxismo,­ había sido creada en las mentes de Mordekai (Marx), hijo de un prestamista; Heine, poeta, hijo de mercader e íntimo de Rotschild; Boerne, primogénito del fideicomisario de los Rotschild de Viena; Engels, hijo de un fabricante textil, Moses Hess, rabino e hijo de un agente de cambio de bolsa; y Lassalle, prestigioso abogado y asesor jurídico de la familia Bismark. Todos “burgueses", para utilizar su propia terminología. Y todos miembros del Pueblo Elegido. Esto son hechos. Si se nos muestra un texto demostrando que Lasalle era un agricultor alemán, Moses Hess un monje trapense napolitano y Marx un fresador irlandés, estaremos dispuestos a rectificar. Entretanto, debemos creer el testimonio de la Historia, guste o no a los anónimos caballeros sin rostro que dirigen el lavado de cerebro de las masas borreguiles.

Lenin y sus sucesores impusieron en Rusia, bajo las siglas URSS, un sistema económico­-político que no ha cesado de acumular fracasos. La realidad de esos fracasos queda evidenciada por la imposibilidad de abandonar Rusia (exceptuando a los ciudadanos hebreos), por la construcción del Muro de Berlín, de la Muralla de Bambú en China y por los incontables individuos que a diario se juegan la vida para huir de los paraísos artificiales soviéticos, más viciados que los de Baudelaire.

Los USA, caídos en manos del llamado “Lobby Israelita", de una manera casi total, desde 1933, cuando el Dinero instala a su hombre, Roosevelt, en la Casa Blanca, no ha cesado de financiar a la URSS, desde su creación hasta hoy, ya directamente ya a través de sus satélites políticos occidentales, desde su nacimiento en 1917. Y si fue la Alemania democrática de Rathenau la que, en Rapallo, reconoció oficialmente como un gobierno normal a los torturadores de la Tcheka, en 1926 se firmaba el Pacto Rockefeller­-Stalín, que aseguraba a la URSS la financiación y el desarrollo de sus recursos petrolíferos. Harrimann, de la misma extracción étnica que Rockefeller y Marx, dirigía una concesión de manganeso en el Cáucaso. Los banqueros Aschberg, Kagan y Seligman colocaban empréstitos ­que luego no eran devueltos a los prestatarios­ en Occidente, para financiar la experiencia “socialista" en Rusia. El Barón Maurice de Rothschild abogaba por la ratificación del Pacto Franco­Soviético, el trust Vickers & Maxim, de otro "elegido”, Zaharoff (a) Zohar ponía los cimientos de la industria de guerra de la URSS y Robert Blum y director de la industria Weiler, fabricaba motores de aviación para sus ”hermanos" afincados en Rusia. 

Cuando estalla la II Guerra Mundial, Roosevelt ayuda a Inglaterra, aunque de modo limitado y siempre cobrando en dinero o en especies. Cuando Hitler se anticipa a los previsto por los auténticos rectores de la política mundial y ataca a Stalin, un auténtico río de oro americano y occidental se desborda sobre la URSS. En todos los periódicos aparece la célebre foto de un israelita de Trieste, Alcalde de Nueva York, Fiorello La Guardia, entregando un cheque inicial de once mil millones de dólares a Litvinoff (Finkelstein), el prohombre de la diplomacia judeo­soviética. Es un hecho, toda la ayuda de guerra americana a la URSS ha pasado a "beneficio de inventario”. La ayuda a los demás "aliados” ­Inglaterra, Francia, Bélgica, etc.,­incomparablemente menor, se ha cobrado con usura.

Es un hecho. Por lo menos en tres ocasiones: en 1970, en 1975 y en 1979, los clamorosos fracasos de la "economía socialista" en la URSS han sido paliados con la ayuda del gobierno de los USA, vendiendo a crédito sin interés y a mitad de los precios internacionales el grano que los señores necesitaban para que sus esclavos no se murieran de hambre. En 1945, incontables patentes de invención alemanas fueron entregadas, "gratis et amore", por orden del camisero Harry Salomon Truman, a la URSS. Y si, hogaño, el cacahuetero Carter pretende hacer ver que se enfrenta a la URSS por su acción en Afghanistan con una especie de "mini­boycot" a los Juegos Olímpicos de Moscú, en realidad la sostiene con créditos a larguísimo plazo, con ventas de alimentos a precios inferiores a su costo (es decir, con regalos) y alimentando su máquina de guerra, vendiéndole tecnología súpersofisticada, según ha dejado establecido una Comisión del Senado USA. Los gobiernos USA, en traición flagrante a los intereses de sus ciudadanos incluso subvencionan, en aguas americanas, la industria pesquera soviética, polaca y este­-alemana. Digamos, finalmente, que es bien conocido que los banqueros "americanos" autorizados a trabajar exclusivamente con la China Roja y con la URSS son los del Grupo Chase Mannhattan Bank, de David Rockefeller, de la misma tribu que el señor Marx. ¿USA y URSS enemigos? Americanos y rusos, por razones geopolíticas o por que así lo decidan los súperpoderes fácticos, tal vez, pero los poderes reales en USA y la URSS, ciertamente, no.


Joaquín Bochaca.







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